náufrago de arena

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Nombre: Miguel

miércoles, diciembre 02, 2009

Esta esquizofrenia razonada del alma (de mi alma); esta tormenta que no cesa y no para; este sangrar continuo sin derramar lágrimas; este insomnio; los demonios en el soportal de la escalera; los reproches ante el espejo; las preguntas guardadas en las esquinas de la nada; este desierto infinito; las señales que no son y los truenos; la ausencia de calma; las madrugadas que no acaban; esta locura que siento al mirar el abismo; el dolor inmenso de tu alegría vacía…
y el dolor profundo en los ojos de mi cara.*

en ausencia de ti

Un café con la luna de fondo, Luar na Lubre de coro;
esa lágrima que se cuela en la comisura de los ojos, que lucha por salir y freno, por el miedo de no parar de llorar y convertirme en lágrima;
esa lágrima que me recuerda que estoy vivo, que no soy sólo polvo que camina, ni muerte que dormita,
que me recuerda que soy luz y vida, y vida y luz que palpita; el escalofrío que deja el frío, recalcando en mi piel que sigo teniendo frío, que, pese a todo, sigo siendo niño;
este suspiro del tiempo que quise matar cuando me quité el reloj de la muñeca y escondí los tic-tac de mi refugio, como si en vez de Peter Pan, fuera Garfio huyendo del cocodrilo, del cocodrilo del tiempo –tic-tac-tic-tac-tic-tac-; este pensamiento de ahora que me hace comprender que Garfio y Peter Pan son dos, pero en realidad son uno, son el mismo y soy yo mismo.
Este sol que se esconde entre los bloques, y las flores que también tiritan; la ropa tendida; el invierno que todavía no ha llegado y, sin embargo, ya está aquí; el invierno inglés, puntual, que llega antes, incluso, de venir, y, que, como siempre, me encuentra hibernando en la luna del tiempo.
El olor a chimenea; los acordes de la guitarra que aún no tengo; las notas del piano ausente a corto plazo; la farola en la esquina del cuarto; un bombín y una pipa sin tabaco; la luz reflejada en el techo, como la sombra que proyecta la libélula. En ausencia de ti, una lágrima fugitiva en la comisura de mis ojos y una sonrisa parpadea en mis labios. En ausencia de ti, me convierto en lágrima que sonríe en la noche oscura, en sonrisa lagrimada en la noche constelada, lágrima viva, dulce vino amargo de lágrima, herida derramada. *


lunes, noviembre 30, 2009

y si vienes, no traigas nada… sólo tus sueños.
Si vienes, ven desnuda de equipaje,
trae tus lunares y tu cuerpo.
Si vienes, no digas nada,
sólo abrázame como si te estallara
una supernova dentro.
Si vienes… llévate la noche.


Los hermanos Calatrava

Sucede que la cosa política viene a ser algo así como los hermanos Calatrava. Por un lado, tenemos al feo y, por otro, tenemos al más feo todavía, esto es, al horroroso. Ocurre que, al lado del segundo –el que se da un aire a «Morritos» Jagger–, el primero puede pasar, con dos copitas de más y en un día bueno, por guapo. Y resulta que no, que es mentira; como la política; como el arte de engañar sin que se note; de prevaricar sin que se vea; de malversar en álgebra, que «comisión» rima con «campeón» y con «ladrón», por mis cojones que rima con «ladrón». «Dame un terrenito aquí, toma un dinerito allá y aquí paz y después gloria, Urbanización La Gloria», dijo el constructor al concejal.
Estos días se ha dejado sentir el temporal político. El Tribunal Constitucional, de entrada, ha dicho que nones, que la deuda histórica viene a ser lo que se contaba por las noches a los niños al dormir (ahora se pone un deuvedé de Disney): un cuento. Ocho años estuvo Chaves peleando con Aznar; y Aznar con Chaves; y Chaves con Arenas; y Arenas con Zarrías. Ocho años estirando un cuento, cual cuarteto Calatrava. Ocho años, al fin, de política Calatrava.
Estos días, en Sevilla, el edil de Presidencia, Alfonso Rodríguez Gómez de Celis y tiro porque me toca, ha recordado a IU aquello de «la parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la primera parte...» porque el Ayuntamiento recibe a la OTAN, por un lado, y, por otro, su socio de Gobierno monta un festival contra la Organización del Tratado del Atlántico Norte. ¿Esperando a Godot? No, esperando a los Calatrava brothers.
También en Sevilla, el candidato popular, Juan Ignacio Zoido, se ha dado un paseo por un barrio marginal. Casualmente, llevaba un pala y, por las cosas del azar o el destino, ha limpiado nueve toneladas de basura. Falta decir que estamos en época pre-electoral para entender el silogismo. Las malas lenguas ya dicen que Zoido va a fundar una empresa: Calatrava de Limpiezas y Contratas.
Hay quien defiende que tenemos los políticos que merecemos. ¿Y usted con quién se queda de los hermanos Calatrava, con el feo o con el todavía más feo?




que dios os pille confesados

Que se lo digan a la madre a la que se le muere un hijo. Que se lo digan a la hermana a quien se le muere un hermano. Que se lo digan, si quieren, a la santísima Macarena y al Cristo de las Tres Caídas o al de los gitanos. Que lo digan en verso o en prosa. Que lo digan cantando. Con un coro de eunucos detrás. Con ropa interior de encaje bajo la sotana, o a lo comando. Que lo digan mirándome a los ojos. Que lo defiendan en sus pregones de Semana Santa, con nazarenos y nardos. Que lo repitan y sigan blasfemando desde su púlpito de piedra y mármol.

La Conferencia Episcopal Española critica la selección de un embrión in vitro que ha permitido el nacimiento de un bebé libre de una grave enfermedad hereditaria y capaz de curar a su hermano enfermo mediante el cordón umbilical. El milagro pagano de la ciencia, en un hospital con nombre de virgen. El milagro de salvar a un niño que se muere y a otro que se va a morir.

Los obispos –dechados de generosidad, bondad y sabiduría; por no hablar de sus grandes sueldos, los coches oficiales y su séquito- defienden que “se ha silenciado el hecho dramático de la eliminación de embriones enfermos”. El hecho dramático… A tomar por culo los embriones y las células, y no los obispos con ellos, porque a más de uno le gustaría, pues son unos señores muy sacrificados.

Vaya por delante todo el respeto, que es ninguno, que me merecen estos señores –dechados de generosidad, bondad y sabiduría; por no hablar de sus grandes sueldos, los coches oficiales y su séquito-. Vaya por delante la pleitesía, que es ninguna, que promulgo para con unos señores que prefieren el sufrimiento a la dignidad, pero que suavizan la muerte de su santo papa polaco Wojtyla, en nombre del santísimo sacramento de “yo soy cascarón de huevo”. Vaya por delante toda la cortesía, que suma cero, que me merecen estos pocos señores que dicen defender la vida sobre todas las cosas, pero que a muchos condenan por el uso de preservativos entre sus fieles muertos de Sida. Vaya por delante mi admiración por unos señores que de austeros que son no piensan en vender una de las columnas de Bernini para acabar con el hambre así en la Tierra como en el cielo.

Leo al cardenal arzobispo de Sevilla, monseñor Carlos Amigo Vallejo, que se supone que es de lo más moderadito entre los purpurados con sotana, decir que “la Iglesia apoya a la ciencia, y mucho”. Lo que pasa es que “la ciencia toma el camino más corto”, que es “utilizar humanos para curar humanos”. “Perdónales, señor, porque no saben lo que hacen”, dicen que dijo Jesús en la cruz.

Escuchando a estos señores respetables -dechados de generosidad, bondad y sabiduría; por no hablar de sus grandes sueldos, los coches oficiales y su séquito-, sus palabras, que son la ley, me recuerdan a la declaración de dos jóvenes encarcelados junto a un tercero, menor de edad, por quemar viva, y matar, a una vagabunda que dormía en un cajero. “Sólo la estábamos asustando porque olía mal”. Un argumento tan racional y humano como el que utilizan estos señores respetables -dechados de generosidad, bondad y sabiduría; por no hablar de sus grandes sueldos, los coches oficiales y su séquito-.

Si de verdad existieran los milagros con los que se lucra la iglesia, modelo Virgen de Fátima, el Cristo de cada iglesia levantada en el mundo debe llorar de vergüenza y rabia, por esos señores con falda a los que besan los anillos, pero sin alma. Uno de los mandamientos de la Biblia sobre la que juran y perjuran dice “no matarás”. Estos obispos matan a diario, con sus palabras, porque, como bien defienden, el pecado puede ser por acción o por omisión. Ojalá, como su papa Ratzinger vuelve a sostener, exista un cielo y un infierno, y ojalá exista un purgatorio. Si es verdad, como decís, que el dolor purifica, ojalá tengáis una dulce y eterna purificación, eminencias, monseñores, excelencias. Algunos gritos del más allá, en ese caso, se van a oír aquí, en el reino de los que tenemos alma, hermanos, hijos, padres y madres y no queremos que se nos mueran o que nazcan muertos en vida.

Por eso, que se lo digan a la madre a la que se le muere un hijo. Que se lo digan a la hermana a quien se le muere un hermano. Que se lo digan, si quieren, a la santísima Macarena y al Cristo de las Tres Caídas o al de los gitanos. Que lo digan en verso o en prosa. Que lo digan cantando. Con un coro de eunucos detrás. Con ropa interior de encaje bajo la sotana, o a lo comando. Que lo digan. Que lo repitan y sigan blasfemando desde su púlpito de piedra y mármol.

Pero, sobre todo, mientras se cumple su justicia divina, que lo digan ante un juez, porque, vosotros, justos señores con sotana, eminencias, excelencias, monseñores, ungidos por la gracia del Yahvé justiciero del antiguo testamento, que no tiene ni puta gracia, quemasteis a personas inocentes no hace tanto tiempo por mucho menos. Y que dios os pille confesados. Amén.

viernes, noviembre 27, 2009

Abismos

*******************************cuando se siente el abismo tan cerca,
*******************************uno siente la tentación de caer en él,
*******************************de poner fin a la espera,
*******************************de ser abismo.


I
Como cada día a la misma hora de cada día, abrió el diario, con el café en la misma taza de cada día, y comenzó a leer, como cada uno de sus días, por la página, gris aunque negra, de las esquelas de aquel día.
No hay testigos para saber si parpadeó una, dos, tres o cien veces. El hecho es que el tiempo pareció detenerse; la brisa pareció detenerse; el humo del café también pareció detenerse; y hasta se llevó una mano a la altura de donde dicen que está el corazón, por si al sístole no respondía un diástole y le había dado también por detenerse.
Eran las 9:37 de la mañana. Bajo una cruz –sencilla pero solemne-, una serie de letras estilo arial –sencillas, solemnes, serias y claras, a la vez- que una tras otra componían su nombre.
“Carajo”, se dijo.
La vida es una bofetada sin manos. Los ríos que van a dar a la mar, Manrique y esas cosas. Etcétera... “Una muerte tan escondida que no te sienta venir”. A esto debía referirse Santa Teresa, imaginó, aún con los primeros bostezos de la mañana e ignorando que los muertos leían la prensa y hasta podían bostezar.
La muerte, el anuncio a dos módulos de una esquela en el periódico.


II

Toc, toc, toc. Será Caronte, desdentado y barbado, pensó. Toc, toc, toc. No, Caronte no puede ser. Dónde iba a aparcar la barca. ¿En la zona azul? No, Caronte no puede ser, reflexionó.
Toc, toc, toc. Pues será el señor Scrooge, pensó. Se supone que estoy muerto, musitó. Lo dice el periódico, murmulló. Lo normal, así lo escribió Dickens, es que algún tipo de fantasma, más o menos perverso, más o menos siniestro, me lleve en viaje astral por los recovecos de mi conciencia, se dijo. Pero no era el señor Scrooge, lo que le hizo descartar –siempre se le dio bien la lógica deductiva, así lo reflejaba su esquela- que aquello fuera un cuento de navidad de Dickens. Al fin y al cabo, ya era noviembre y empezaba a hacer frío.
Toc, toc, toc. Volvieron a llamar. “Se que está ahí”, escuchó. Era mucho peor que un fantasma tenebroso. Era el señor Braun. Su casero, que no venía a redimir los pecados cometidos. Venía a recordarle que le debía varias mensualidades del alquiler de la buhardilla que habitaba y había visto en los papeles que era un hombre muerto. Como no me pagues monto un pollo en el entierro, le advirtió. A lo que el hombre (muerto) respondió con una serie de incontables parpadeos –el tiempo transcurre de otro modo en el otro mundo- y la cara pálida –al fin y al cabo, era un muerto, y no se recuerdan muertos morenos-.


III

Fue a su propio entierro. Recibió –con afecto y perplejidad- el pésame de sus allegados. Pensó en emular “El grito” de Munch, pero finalmente optó por ser como “El Silencio” en La Campana.
Te acompaño en el sentimiento, le decían algunos. Espero que hayas arreglado lo del alquiler, le sugerían otros. Hasta que llegó un momento en el que el soniquete le hizo abstraerse y pensar. Y pensar. Y pensar.
¿Existiría el limbo? ¿Iré al paraíso? ¿Hay un cielo para españoles y otro para franceses? ¿Estaremos todos mezclados y, si es así, cómo nos entenderemos? Qué más da, si estamos muertos. Se preguntaba y se respondía, mientras seguían llegando los pésames. Y recordó aquello de Roberto Bolaño: “Acercarse o alejarse del infierno. A eso se reduce todo”. Puede ser que el infierno sea habitable, igual que los testículos de cerdo son comestibles. Simple cuestión de gustos, reflexionó.
A las puertas del camposanto había una cabina de teléfono, en la que un allegado preguntaba por Pedro. “Coge las llaves, no las olvides, están encima de la mesa”, escuchó. Lo que interpretó como que uno de sus familiares tenía mano con San Pedro y trataba de ahorrarle tiempo de purgatorio, o de donde fuera, facilitándole al santo, conocido por su mala cabeza, el hallazgo de las llaves de allá adonde supuestamente iba a ir. A ninguna parte, de momento.
“Te acompaño en el sentimiento. Espero que hayas arreglado lo del alquiler”.


IV

No sólo acudió a su entierro. No sólo aguantó estoicamente la batería infinita de pésames y advertencias sobre la importancia de tener el alquiler al día antes de morirse. Además, el hombre (ahora muerto) acudió junto a sus amigos y allegados a emborracharse. Él se pidió un Martini. Pidió un canapé de lo que tuviera, por aquello de los 21 gramos que dicen que pesa el alma y se pierden al morir. Veintiún gramos arriba, veintiún gramos abajo, no se van a notar, se dijo. “Además, me temo que mi alma era flacucha. Ya me lo decía mi madre”. Poco importaba si al día siguiente tendría mal cuerpo. Un día es un día. Carpe diem, se dijo. A lo que un amigo de la infancia respondió: “Hakuna matata; don’t-worry-be-happy”. Para después añadir: “Perdona, es que estoy quedando con tu viuda novia. No te importa, ¿verdad?”.
Ante semejante panorama, decidió poner todos sus sentidos en lo que le decía otro amigo, tan afectado que, al parecer, comenzó la ronda in memoriam del fallecido con varios tragos de lo primero que tenía a mano. A saber, un frasco de Massimo Dutti. Sabía a rayos, pero olía fabuloso. A esa hora, tras el choque de ver la noticia en las esquelas del periódico, la parafernalia del tanatorio y el entierro, ya se había pasado a la ginebra con lima. El aliento, no obstante, seguía oliéndole a Massimo Dutti. “Bebe y olvida, pare”, le dijo al fallecido. “Pero si yo no tengo nada que olvidar, pare”, respondió el protagonista de la esquela, aunque en realidad toda su vida -y ahora, en toda su muerte- deseó tener la memoria de un pez.


V

“La muerte es ese color ultravioleta que no veo, ese ultrasonido que no escucho”. A esto debía referirse quien quiera que escribiera eso. “Aunque yo añadiría: la muerte es una esquela en el periódico”, apostilló. Se quitó las ropas de luto negro, al fin y al cabo, venía de su propio entierro. Él, que alguna vez imaginó morir como Lorca. No tanto fusilado, sino con un banderillero anarquista a cada lado y un maestro. No somos nadie, se dijo. “He venido aquí para morir, pero no para estar muerto”, le dijo su rostro ante el espejo, con la callada tristeza del silencio de fondo; el deseo contenido en el cerebro; los nervios a flor de piel; y un eco lleno de misterio. Y se fue a dormir, con la esperanza de que todo aquello fuera un sueño, un mal sueño de anticipado invierno negro. Y que al despertar y revisar las esquelas de aquel día, no estuviera su nombre entre el listado de recién reclutados por la pálida dama. Consiguió dar alguna cabezadita y permaneció un largo rato en duermevela, escuchando el camión de la basura debajo de su ventana. Era definitivo y no parecía que hubiera vuelta atrás. Quizás al tercer día. Pero es ahora y desde las 9:37 de aquel día de noviembre, se dijo, soy un muerto. Otro muerto entre no-vivos y vivos rutinarios. Uno más de tantos que hace años que dejaron de ser niños y cuya principal preocupación es pagar el alquiler. “Vivió pagando y murió debiendo”, se leía en su nicho.


jueves, noviembre 26, 2009

Tiene ojos de gata y, a veces, se pinta bigotes de Dalí. La conocí en mayo, junio, julio o agosto. No lo recuerdo. Recuerdo que era en la Alameda. Y que llegué tarde y ella se fue a por unos zapatos que, aunque un número mayor, se llevó puestos. Paco Cifuentes me esperaba, cigarro en mano, en la barra de algún bar con un te, o algo parecido. Ella también llegó tarde. En un mundo donde al dios le llaman foco, ella porta encuadres de Polaroid y domina la alquimia de convertir al hombre antiadherente y esquivo en un hombre autoadhesivo y cercano. Y el arte de crear localizaciones imposibles sacadas de la chistera. Es una enorme artista, Petit Ruiseñor (sí, en parte por Joselito, “el niño pegado a una cabeza gigante”); con sus reminiscencias parisinas, su aire a Èdith Piaf y su universo trufado entre su niña Lía –que en realidad es ella misma-, La Naranja Mecánica, The Rocky Horror Picture Show, Jodorowsky, Peter Sellers, Silvio Fernández Melgarejo, el rockero, Pingu, Federico Fellini, Igor –cojones-, la bruja Avería, David Bowie, Madamme Tourbelle, Rayuela y un gato negro. Como los acróbatas del Circo del Sol que dibujan en el aire maniobras y formas imposibles, ella fotografía desnudos y retratos bajo el tamiz de unas medias de encajes. Sus ojos –la parte más evidente del cerebro- saben que la belleza es cruel. Y ella retrata la cruel belleza bajo la pátina de un tiempo eterno, un pasado que no ha llegado, un futuro que quedó atrás. El retrato de Dorian Gray. La cámara sacada del averno. Entrevista en el purgatorio o Art kitchen en la frontera entre la realidad y el deseo. Gasta formas rizadas color invierno y convierte a quien atrapa en un personaje sacado de La Melancólica Muerte de Chico Ostra de Burtom. Sí, es una enorme artista Petit Ruiseñor. Un misterio, Eli Ramos, con esquirlas de cielo, purgatorio e infierno tras sus pupilas. Pero de infierno amable. Cazadora de sueños. En una vida pasada o en una vida por venir fue o será gato. Gato negro. En ésta es fotógrafa. Pero, en realidad, no hace fotos; captura almas. En realidad, es mil y un seres y estares más. Esta semana me enseñó su último vídeo, para el grupo Bardo Amour. Le dije que a quien no le guste, es que no está vivo. Ante ella, la única pregunta posible es, a lo barroco: ¿Cuál será la siguiente vuelta de tuerca al absurdo compás metódico del mundo? O, mejor, como decimos por la Alameda de Hércules, cigarro en mano: ¿Y ahora qué, Eli?

miércoles, noviembre 25, 2009

Te doy mis ojos

Ignoro si es amor la razón o, mejor, el sentimiento que explica que una persona perdone a otra que ha intentado matarla. Ignoro las razones que dan derecho a matar a alguien, a nadie. Pero, eso sí, tengo la certeza de que quien muere, no vive más.
Desconozco las causas pero sé de algunas cifras estremecedoras: “Un total de 21 mujeres fallecieron durante el primer trimestre de 2006 a manos de su pareja o ex pareja”, es decir, a manos de alguien que, supuestamente, las quería. Primero les dieron los ojos; después el corazón y el alma; finalmente, la vida.
Esta semana también se ha conocido que la Audiencia Provincial de Jaén ha condenado a dos años de cárcel a un hombre que contrató a dos marroquíes para que asesinaran a su mujer porque creía que le era infiel. El encargo era “sencillo”: “pinchar” a la mujer, “quitarle el bolso y arrojarla a un contenedor de basura para simular un robo”. En 6.000 euros valoraba este hideputa la vida de su compañera. La víctima –porque es víctima aunque ella aún no lo sepa- ha solicitado el indulto porque su marido “se ha arrepentido mucho”. Es más, ella quiere seguir viviendo con él. Este no es un caso aislado. Es uno de muchos. Y van en aumento.
Ante tal complejidad de la naturaleza humana, ante la posibilidad de “querer”, de estar enganchado a algo o alguien que te quita la vida, que te mata, que te perjudica, a uno le atacan las dudas porque las certezas huyen ante la sinrazón de los sentimientos. ¿Se puede amar a quien, poco a poco, golpe a golpe, te mata? ¿Se puede temer a quien se ama?
Concibo el amor bajo la premisa de “llevar gentilmente al otro hacia lo que el otro es”. Al final de la partida, en los epitafios: sentencias como “la maté porque era mía” o “no puedo vivir ni contigo ni sin ti” –obviemos el catálogo previo de “voy a cambiar”, “yo te quiero”, “me daba motivos”…-. Por ello, no cabe más que pensar que esta barbarie del sentimiento, este te quiero pero no me quiero yo, esta hiperbólica anulación de la persona, responde a aquello que dice el abuelo de “dios los cría y ellos se juntan”. Y lo triste es que se juntan en un camino bajo el común denominador de la destrucción.




martes, noviembre 24, 2009

¿Está la Eta? Que se ponga

(Se abre el telón. Aparece un señor alto de ojos azules e inquietantes rasgos y movimientos; viste camisa roja abrochada hasta el cuello, pantalón negro y boina o chapela, que, al caso, es lo mismo. El señor alto está de pie y junto a él, una mesita camilla con un teléfono negro de esos antiguos que ya no se ven. El señor alto comienza a dar vueltas parsimoniosamente a la rueda de los números del aparato).
- Hola, buenos días. ¿Está la Eta? Que se ponga. Qué pasa, Patxi. Soy yo, José Luis. Oye, cómo está el tiempo por ahí por el País Vasco… digo por Euskadi, sí, sí, hombre, que siempre me confundo. No te enfades, hombre, que es la costumbre. Va mejorando, ah. Me alegro, hombre. Ya, ya sé que a ustedes cuatro gotas os da igual, que sois vascos y tenéis dos cojones. Cuadrados los tenéis, si yo lo sé. Era por preguntar, hombre. Que mira, Patxi, que quería yo decirte que me han dicho que dicen los franceses que les parece que han ‘perdío’ unas 350 pistolas, que era pa’ saber si sabes algo. Ah, que ha sido sin querer, ya. Sin querer evitarlo, dices, ¿no, mamón? Que las vais a devolver. Ya me quedo más tranquilo, hombre. Que están en Francia venga a llamar y llamar y yo “no saber mesié, no saber” y pa’ eso te llamaba mayormente. Pero, que me pregunto yo, Patxi, si las vais a devolver antes de usarlas o después. Que no sabes, que ya veréis. Qué cachondo que eres, Patxi, coño. Sonsoles siempre me dice que pareces andaluz. No, no, que es broma, que sois vascos, vascos, con RH negativo, sí, sí, sí. Bueno, Patxi, ya que te tengo al aparato aprovecho y te pregunto: ¿Cómo va el proceso de paz? Que ahí anda, ya. Si yo se lo digo a Mariano y sus amigos, que esto es lento, que acordarse cuando Josemari y el “movimiento de liberación vasco”… Si es lo que tiene, tanta prisa, tanta prisa. ¿Pero las pistolas son pa’ ná, entonces, no? Mira, Patxi, que no me gustaría tener que recurrir a las indirectas, eh. Que me conozco y empiezo a preguntar “¿alguien ha matado a alguien? ¿alguien es un asesino?” Y acabáis llorando, eh. No digas que no te aviso. Es que digo yo que si estamos “en paz”, que es un decir, pa’ qué quieres las pistolas, coño. La costumbre, claro. Si es lo que tiene. Si yo lo entiendo, pero a ver si te acostumbras a hacer croché o a levantar piedras, que trae más cuenta. Una última cosa, Patxi, por si Miguel Sebastián se lo piensa a última hora: ¿A ti no te interesará la Alcadía de Madrid, verdad?


jueves, noviembre 19, 2009

Milagros y sandeces

Ahora que el hormigón se ha apoderado hasta del alma y el ladrillo realiza opas hostiles al corazón, parece poco menos que un milagro que unos pajarracos puedan frenar la construcción de 1.600 viviendas y cuatro campos de golf en la Sierra de Guadarrama, en Ávila. Allí, la cigüeña negra y el águila imperial van a seguir anidando a sus anchas porque la Justicia las protege de los intereses de los magnates de la especulación. El Tribunal Superior de Castilla y León ha paralizado la obra por motivos ambientales, con dos cojones. Y el señor alcalde, Gerardo Pérez, va y dice que «el golf es bueno para el monte». «El golf es zona verde», asegura. Y las 1.600 viviendas si las pintamos de ese mismo color y le ponemos unas macetitas lo mismo cuelan como parque natural.
Ahora que vivimos en una sociedad laica o aconfesional parece un milagro que no aumente el número de españoles –once millones, según los estudios– que padecen trastornos mentales tras el anuncio del Papa de Roma de cerrar definitivamente las puertas del limbo. Desde ya, desde que ha dado la primicia, la persona que muera sin bautizar queda en manos «de la misericordia de Dios», sentencia el Vaticano. Habrá que ir buscándose al diablo de abogado. De momento, la Santa Sede no se ha pronunciado sobre si tener ácido bórico en casa –para el mal olor de pies, por ejemplo, o para hacer bombas, como dice El Mundo– es pecado, por lo que no serviría como cargo para ir al infierno, al limbo o donde se tercie.
Y, puestos a relacionar milagros y sandeces, uno se pregunta si habrá campos de golf en el limbo, si las cigüeñas negras creerán en dios, si Benedicto XVI usará ácido bórico, si el alcalde de Ávila estará bautizado y si algunas decisiones de los que dicen representarnos –el Papa de Roma o el alcalde de Ávila, por ejemplo– no estarán asesoradas por alguno de esos once millones de españoles que según los estudios padecemos trastornos mentales.

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