Señales
Tony Blair ha visto la luz. El primer ministro británico alerta de que la economía mundial se desplomará si no se frena el cambio climático. Según un estudio encargado por su Gobierno, el calentamiento global provocará el desplazamiento de 200 millones de personas, hombre arriba, hombre abajo. Blair (pronúnciese Bleeeeeeeeeerrr) asegura que fallar a la hora de atajar los problemas provocados por este “calentón” del planeta puede ser “desastroso”. “No hay nada más serio. Este desastre no se producirá dentro de muchos años, en un futuro de ciencia ficción, sino ya.”, dice. “Invertir ahora nos reportará beneficios en el futuro. Por cada libra que invirtamos podremos ahorrarnos cinco, quizás más”, continúa el hijo de la Gran Bretaña.
En su intervención ante la flemática y reputada (por su buena reputación, no porque salgan de putas) Royal Society, Blair olvidó mencionar el aumento de casos de malaria, los accidentes, las graves diarreas infantiles. Olvidó mencionar que el mundo se va al carajo con nosotros dentro, más allá de crisis económicas. La sensación que quedó en el ambiente fue “¡oh, my god, another crack !”. Traducción libre: “¡Dios mío, otro crack como en el 29!”. Traducción libérrima: “¡Me cago en el calentamiento de los cojones, que me arruino!”.
Otro estudio habla estos días del agotamiento total de la pesca para el año 2048 y otro más dice que “lejos de disminuir, la cifra de personas que pasan hambre en el mundo aumenta a un ritmo de cuatro millones al año”; pero para ver estas señales hay que tener el corazón en el pecho y no el monedero.
Las señales que ven aquellos que debieran ser ‘primus inter pares’ son de otro tipo. Muchos han tomado como designio del destino la noticia de que en Alemania el dinero se desintegra, literalmente. Desde junio han aparecido 1.500 billetes de curso legal que se deshacen en las manos, que desaparecen. Estas llamadas ‘divinas’ o la bancarrota que sucederá al calentamiento global sí quitan el sueño a la clase dirigente, que de Rockefellers anda el mundo lleno, que la conciencia no grita sino que susurra cuando te arropan millones de libras o euros para opositar a más rico del cementerio.
La gente bien se felicita porque Tony Blair ha visto la luz. Lástima que las gafas de sol de diseño exclusivo sólo le dejen ver los reflejos.
En su intervención ante la flemática y reputada (por su buena reputación, no porque salgan de putas) Royal Society, Blair olvidó mencionar el aumento de casos de malaria, los accidentes, las graves diarreas infantiles. Olvidó mencionar que el mundo se va al carajo con nosotros dentro, más allá de crisis económicas. La sensación que quedó en el ambiente fue “¡oh, my god, another crack !”. Traducción libre: “¡Dios mío, otro crack como en el 29!”. Traducción libérrima: “¡Me cago en el calentamiento de los cojones, que me arruino!”.
Otro estudio habla estos días del agotamiento total de la pesca para el año 2048 y otro más dice que “lejos de disminuir, la cifra de personas que pasan hambre en el mundo aumenta a un ritmo de cuatro millones al año”; pero para ver estas señales hay que tener el corazón en el pecho y no el monedero.
Las señales que ven aquellos que debieran ser ‘primus inter pares’ son de otro tipo. Muchos han tomado como designio del destino la noticia de que en Alemania el dinero se desintegra, literalmente. Desde junio han aparecido 1.500 billetes de curso legal que se deshacen en las manos, que desaparecen. Estas llamadas ‘divinas’ o la bancarrota que sucederá al calentamiento global sí quitan el sueño a la clase dirigente, que de Rockefellers anda el mundo lleno, que la conciencia no grita sino que susurra cuando te arropan millones de libras o euros para opositar a más rico del cementerio.
La gente bien se felicita porque Tony Blair ha visto la luz. Lástima que las gafas de sol de diseño exclusivo sólo le dejen ver los reflejos.




