náufrago de arena

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martes, julio 08, 2008

La niña, el magistrado y el predicador

Ha muerto una niña y ha nacido un político. “Un predicador”, corrige Jorge Muñoz, contrafuerte del Diario de Sevilla; usando la bóveda estrellada como metáfora -con segundas, siempre- .
Juan José Cortés, el hombre sereno –que ya es mucho decir en los tiempos que corren; por lo de hombre, por lo de sereno- se manifestó ayer (lunes, 7 de julio, san Fermín) frente a los juzgados del Prado de San Sebastián, llenando la plazoleta de gentes, espontáneos, policías y cámaras, no tanto como la Plaza del Ayuntamiento de Pamplona con el chupinazo, pero bastante.


El hombre tranquilo de tez morena que se recorrió el país con un chándal del Recre se plantó ante los juzgados para exigir “una Justicia justa”, así en genérico; y, un particular, “el fin de la carrera judicial del juez Tirado”, que es el magistrado que condenó a Santiago del Valle, el presunto violador y asesino de su niña de cinco años, Mariluz, sin que se llegara a cumplir la pena. En resumen, que el elemento debía estar en prisión cuando raptó a la niña gitana del extrarradio de Huelva la tarde –maldita tarde- en que salió al kiosco a comprar chucherías. “La Justicia es como las serpientes: sólo muerde a los descalzos”, decía Óscar Arnulfo Romero, arzobispo de San Salvador, asesinado en 1.980.


“Nosotros ya somos perpetuos”, explicaba Juan Cortés, el abuelo de la niña, para concretar que están “condenamos a perpetuidad por la muerte de Mariluz”. La madre pide al juez Tirado “que se mire al espejo, que sus espaldas están llenas de muerte”. Juan José Cortés, que deviene en estrella mediática, con la que el gentío se fotografía con el móvil –pancartas de fondo, porte señorial de gitano pobre honrado-, con su lucha perdida, la de gritar lo obvio en el desierto, es la frase de Kierkegaard hecha carne: “Pierde más quien pierde su pasión que quien se pierde con ella”.

Una señora le besa, le abraza y le mete 10 euros en el bolsillo. (¿De qué subsiste Cortés?, por cierto). “Para que compres flores a Mariluz”, le dice. Fernando Ruso, fotógrafo gaditano, me enseña la imagen de otra mujer, diez metros más allá, que, desvanecida en el suelo, clama: “Toda mi vida llevo buscando a dios y, por fin, lo he encontrado”; aludiendo a Juan José Cortés; convertida no por ver la luz, sino al padre de Mariluz.

Esta mañana, el juez Tirado se pasó por el juzgado de lo Penal número 1, y salió antes, por otra puerta. “Voy para casa”, contestó sobre las 13:00 horas, vía sms. “Responsable”, como dice Cortés, de una muerte. Quizás. (El cronista cuenta, el magistrado juzga. Cada cual a lo suyo). Víctima de un sistema no imperfecto sino asesino; porque todo vale y, una vez que todo vale, después todo vale nada. Un sistema que ahora ampara “las cadenas de errores judiciales” como amparará las cadenas perpetuas si hace falta para perpetuar su funcionamiento, en base al principio empírico de que “le podía haber tocado el marrón a cualquier juez”. Y le tocó a Tirado. Le tocó a Cortés. Le tocó a Mariluz.
Ha muerto una niña y ha nacido un predicador. La Justicia sigue en coma.


jueves, julio 03, 2008

Los ojos de Paco Correal

Los ojos de Paco Correal parecieran que siempre están a punto de echarse a llorar. Paquiño, que supongo le viene el nombre de su infancia gallega, es a primera vista, un buen hombre y un hombre bueno. Paco Correal, con sus ojos llenos de ternura, con su hablar a media voz, con su sonrisa de medio lao, con su gorra, que, a veces, uno cree la lleva puesta para que no se le escape ninguna idea, Paquiño, como digo, tiene el don de la palabra escrita y los ojos visionarios de los héroes clásicos –mitad hombres, mitad dioses- capaces de ver, de intuir más bien, dónde está la clave de una historia o, mejor, dónde está la historia misma.
Los ojos de Paco Correal parecieran que siempre están a punto de echarse a llorar. Paco Correal es de Ciudad Real y de todas partes; de Galicia y de todas partes; de Castilla y La Mancha, de Puertollano, y de todas partes; de Sevilla y de todo el mundo. Paco Correal es, a día de hoy, una de las máximas expresiones del periodismo. Para la historia quedan sus palabras sobre el barón de Tormoye, "arrendatario de sus huesos y exiliado de sus carnes", su cuchillo sin filo, sus crónicas y perfiles con ese toque especial que sólo sabe darle Correal. El correalismo mágico.
Los ojos de Paco Correal están llenos de vida. Pareciera que siempre están a punto de echarse a llorar. Uno, que también juega a veces a esto de escribir, quisiera, algún día, de mayor, ser como el siempre joven Correal. Aunque para ello, creo, el cielo tiene que regalarte unos ojos tiernos, los ojos de Paco Correal. Los ojos de Paco Correal están llenos de vida, pareciera que siempre están a punto de hacernos reír, de hacernos llorar.

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