náufrago de arena

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viernes, febrero 27, 2009

Las "hijas descarriadas" de Santo Domingo de la Calzada

Ninguna se llama Caye (como la protagonista de la película de León de Aranoa), pero todas hacen la calle. Ninguna espera ya que algún «príncipe azul» pase por las aceras de Santo Domingo de la Calzada y la rescate. El servicio mínimo, de media, son 10 euros. Un completo puede salir por unos 20. Aunque se puede regatear. Como hacen ellas con la vida, la Policía, los vecinos y, ya se verá cómo, con la futura ordenanza antivandalismo, que, según dicen, «más que salvarnos de la calle, nos boicotea el trabajo».

Los habitantes de la zona de la Huerta del Pilar solicitan la erradicación de la prostitución de su barrio. El PP se ha reunido con ellos esta semana para presentarles una de sus alegaciones a la normativa que prepara el Ayuntamiento para combatir el vandalismo. El alcalde, Alfredo Sánchez Monteseirín, se ha apresurado a hacer suya la propuesta, a pesar de que hasta hace poco aseguraba en el Pleno que «no me consta» ningún problema de prostitución y que se trata de «un pequeño grupúsculo». El portavoz del PP, Juan Ignacio Zoido, propone multas de hasta 3.000 euros para los clientes de las tusonas. De 701 a 1.500 euros, las faltas graves. De 1.501 a 3.000 las catalogadas como muy graves.

De 21:00 a 9:00 hora, horario ininterrumpido, la calle Santo Domingo de la Calzada acoge a un promedio de una decena de mujeres que ejercen el que dicen es el oficio más antiguo del mundo. En una esquina, la más cercana a Luis Montoto, dos supuestos «chulos» pasan la noche al leve abrigo de un soportal. En la otra, la más próxima a Eduardo Dato, una patrulla de la Policía Nacional charla amistosamente con una profesional del sexo. Se pasan un cigarrillo rubio. Ella, apoyada en la ventanilla del Citröen Xsara Picasso. Los agentes, uniformados dentro del vehículo. El periodista, con el coche en marcha desde un lugar estratégico. El triángulo de las tres «pes» que, en los tiempos sin «google», formaban putas, policías y periodistas. En otras épocas, entre los tres gremios controlaban toda la información de la ciudad y los baretos de madrugada que ofrecen las últimas copas y los primeros cafés servían como punto de intercambio de datos. Hoy por ti, mañana por mí.

Hoy, son las 3:30 de la madrugada, apenas 10 grados. Cuatro putas en esa calle; otras tres un poco más hacia el Centro Comercial Nervión Plaza, entre la parada de autobús y la calle Luis Belmonte. Entre las santas Justa y Rufina de la ciudad se ubican las últimas profesionales del sexo en territorio urbano. Entre la calle Santa Rufina de la Alameda, donde la actividad es menor, y la estación de Santa Justa, donde trabajan –a dos pasos del colegio del Buen Pastor– las «hijas descarriadas» de Santo Domingo de la Calzada, el patrono de los ingenieros.

Dice que se llama Leticia y que le gustaría estudiar una carrera. Tiene 25 años, es brasileña de Brasilia y madre de dos hijos, un niño y una niña. La mayor parte del dinero que gana, lo envía a su país. Para su madre, que trabaja como limpiadora en un colegio de infantil, y para unos hijos que tienen un padre que se marchó sin avisar a Irlanda; y en Brasil, un padre en Irlanda es como en Andalucía «un tío en Graná». «Ni tío, ni padre, ni ná».

Razones de un oficio
¿Por qué? «La gente me dice que tengo menos papeles que una cabra». Ni siquiera se llama Leticia. Leticia es la profesional. «Llegué con un visado de turista, y me quedé», cuenta. Eso fue hace ocho meses, cuando «por azar» se rebautizó con nombre de princesa de Asturias, guardando el suyo de gran duquesa rusa para la intimidad verdadera, para los ratos de libertad verdadera que quedan después de una ducha caliente tras aguantarle la mirada al espejo.

Leticia prefiere la libertad de la calle a la seguridad del club, donde tiene la sensación de que otros ganan «mucho dinero» a su costa. Más que valiente, es temeraria. Nunca se sabe quién conduce el coche y, en caso de peligro, estás sola. Por eso, procuran quedarse en una zona urbana. Por seguridad, por miedo, por tranquilidad. Los coches en doble fila sirven de lugar de encuentro entre prostitutas y clientes. No hace demasiado tiempo, un Miriafiori abandonado hacía las veces de alcoba. El parque, muchas veces abierto de madrugada, también.


Sólo esta semana, José Carlos Díaz, presidente de la Asociación Huerta del Pilar, ha tenido que llamar la atención tres veces a otros tantos coches en doble fila para poder sacar su vehículo e irse a trabajar. La historia se repite. 6:30 de la mañana. Coche en segunda línea con los cristales llenos de vaho. Toque en la ventana. «Por favor, ¿le puede usted dar pa’lante?». Coitus interruptus. Ida al trabajo. «Atrapado en el tiempo».

Desde hace más de una década, en Santo Domingo de la Calzada todas las jornadas son «el día de la marmota». Mujeres semivestidas cerca del Colegio del Buen Pastor; travestis que se cambian en plena calle; condones por todas partes; ofrecimientos «indecentes» a los adolescentes…

«Por las mañanas, la calle es una pocilga», critica María, una de tantos vecinos de la zona que solicitan «más presencia policial, más iluminación, cámaras de seguridad y más limpieza» y llegan a pedir al líder de la oposición que «dé bocados en el Ayuntamiento», si hace falta, para que el Equipo de Gobierno escuche sus propuestas y «haga algo».

El Foro Social de Sevilla es una de las asociaciones que más propuestas ha presentado en relación con la normativa antivandalismo, la cual considera que cuenta con bastantes artículos «inconstitucionales». Federico Noriega, el portavoz del colectivo, sugirió al Ayuntamiento que «escuche a los grupos de mujeres y de prostitutas porque tienen cosas que decir». En términos generales, el Foro Social considera que «la represión no suele ser una buenas medida». «Es mejor inversión la prevención», manifestó Noriega. «Las sanciones van a quitar la prostitución de un sitio para llevarla a callejones más oscuros. No va a desaparecer, sino que se va a marginar más», aseguró.

La Asociación Pro Derechos Humanos explica que criminalizar a los clientes de la prostitución considerándolo «vándalos» supone «una falta de sensibilidad hacia las condiciones de las mujeres» y «una nueva dinámica de aplicar criterios morales respecto a la sexualidad».

La coordinadora del grupo de prostitución de APDH-A, Estefanía Acién, critica la «hipocresía» que se esconde detrás de estas medidas, que «no buscan resolver lo que en algunos casos son situaciones de explotación», sino «apartar a las mujeres de calle sin dialogar».

«Las prostitutas existen y cada vez más personas recurren a ellas», asegura Acién. «Hay que aceptar la realidad y gestionarla», defienden desde APDH-A, para concluir que «la solución está en «fomentar cauces de negociación para el uso del espacio público». Es decir, «negociar espacios, horarios y tratar a las prostitutas como personas».

El 95 por ciento de las mujeres con que trabaja APDH-A son «inmigrantes que utilizan la prostitución como medio temporal de subsistencia hasta conseguir la normalización de su situación». Por otro lado, están las mujeres –como el colectivo Hetaira, de Madrid– que defienden «la capacidad de elección y critica la injusticia de que se las juzgue sin cometer ningún delito». «Mientras se utilice la palabra puta como insulto es que las mujeres no tenemos la misma libertad», resume Pro Derechos.

La ordenanza sevillana comulga con las medidas que ya se aplican en Barcelona, capital pionera en la regulación de la prostitución callejera. En ambos casos, se persigue al cliente, se preserva al menor de la exposición pública de esta práctica, y se ofrece información y ayuda a las prostitutas.

Las sanciones en Sevilla serán mayores. Y menos duras con las prostitutas, que aquí, de momento, sólo serán avisadas de que no pueden ejercer en público la actividad con la que subsisten. La profesión más antigua del mundo. Las mismas reticencias que en la Biblia se solventaban a pedradas. Mientras llega la normativa, las últimas«magdalenas» de la ciudad todavía regatean a la vida, creen y trabajan en Santo Domingo de la Calzada. Veinte euros, el completo; 3.000 euros, la multa.

Yo también vivo en el nº7,
calle melancolía;
soy vecino de Sabina,
de la soledad, la tristeza.
También pasa a veces la alegría.
Mi alimento es un poema
y mi cama una poesía.
Vivo cuando sueño
y si despierto muero.
Y también me gusta morir!
Es que me gusta ver el sol
cuando sale, al amanecer
cuando cae, al atardecer
cuando muere y se va a dormir.
Y me gusta recordarte.
Yo también sobrevivo en el nº7,
calle melancolía;
soy vecino de Sabina,
de la soledad, la tristeza.
También pasa a veces la alegría.*


miércoles, febrero 25, 2009

Flamenco en esperanto

Según Blas Infante, el término «flamenco» proviene de la expresión hispanoárabe «fellah mengu», que significa «campesino sin tierra». Donde cualquiera escucha un latido, ellos sienten un compás; y en el traqueteo de las vías de un ferrocarril, un ritmo binario. El flamenco, tan unido a la libertad, emparenta con la más férrea disciplina oriental a través del baile, como la danza en cualquiera de sus especialidades.

En un tablao de la Macarena, gentes de casi todos los rincones del planeta, flamencos sin más patria que un tacón gastado, se bañan en las aguas de ese arte al que los gitanos llaman duende. Juan Manuel Fernández Montoya, Farruquito cuando se calza las botas, imparte el magisterio del sentimiento hecho baile.

Farruquito, en libertad condicional desde el 13 de enero tras ser condenado a tres años por el atropello mortal de Benjamín Olalla, enseña a flamencos de todo el mundo –de Italia, de Canadá, de México, España, Israel, Francia– a condicionar la libertad de la danza, esto es, flamenco desde donde sostenían los sofistas que estaba el alma. Desde las entrañas. «Un, dos, tres. Un, dos, tres». Estamos en clase.

Daliris Gutiérrez coordina el ciclo «Flamencos por el mundo», primero de forma casual –«organizando clases para amigos»– y después causal y profesional. Farruquito ya dio clases antes de Navidad y es un habitual, junto a su madre, Rosario Montoya, La Farruca, y su tía, La Faraona. Maestros como el guitarrista Antonio Rey, Encarnita Anillo, José el Oruco y Soraya Clavijo también participan a petición, vía internet, de los propios alumnos.
El curso en cuestión –que ha levantado una gran expectación tras cumplir el bailaor dos tercios de su condena– cuenta con 20 horas y tiene un coste de entre 150 y 180 euros. Los profesores cobran habitualmente entre seis y nueve euros por hora. En el caso de los maestros todo queda en un «acuerdo privado». Y en «el agradecimiento», porque «no todas las figuras que piden los alumnos se brindan a participar».

«Farruquito representa la herencia gitana en el baile. Es un privilegio contar con él», explica Daliris, una flamenca de Venezuela –donde «se exiliaron muchos profesores tras la Guerra Civil»– que empezó a dar clases con La Farruca hace cinco años y que ahora enseña por la mañana a profesionales o expertos, y a pequeños por la tarde, en la academia de Rosa María Correa, que «está de baja maternal».

«El flamenco depende de la personalidad», explica Daliris, que vino para un año y se agarra al dicho de su tierra –«mientras que vaya viendo, vamos viendo»– para quedarse. «En las clases, con gente de todo el mundo, que pasa años ahorrando o deja sus trabajos para venir, cada alumno aporta algo de sus raíces». Distintas nacionalidades y un mismo lenguaje universal de la danza y el cuerpo. Esperanto flamenco.

«Impresiona bailar con Farruquito, el misterio con que habla. Es increíble porque es como un hombre viejo con un gran mensaje de experiencia que enseñar», asegura Nitté Mendoza, 27 años, diez bailando, natural de México, flamenca azteca, al fin. «Lo flipo», dice. «Y es muy paciente», lo que enlaza con el diagnóstico del maestro Enrique Morente, que dice que «el pellizco se está perdiendo por las prisas».

«Una vez comienza el sacrificio, no hay marcha atrás», cuenta Sócrates Mnastrodimos, natural de Grecia, 27 años y un lunes. «El flamenco te atrapa. En cualquier parte es institucional, aquí es corazón», explica, mientras abunda en su guitarra en su estilo favorito:la soleá, «que acaba en bulería».

«Con mucho respeto» afronta las clases Elena Carámbano, bautizada para el flamenco por los Farrucos como La More, nacida en Sevilla, hija de inmigrantes españoles, vivida en Alemania, acento trianero. Igual que Irene Balzini, «una italiana que baila increíble». «Un, dos, tres». La clase acaba. «Un, dos, tres». El compás flamenco y el número de la suerte en el lejano Oriente, en China. Porque suena como la palabra vivo, aunque el flamenco, lo dicen los ojos de Farruquito, tenga la hondura de la muerte.


de cada vaso, cada gota

De cada vaso,
cada gota.
Por cada gota,
sorbo a sorbo,
-mientras alimento el fracaso
y me invento a mí mismo-
mi alma.
“Vivir loco,
morir cuerdo”.
De cada vaso,
cada gota.
Y con cada gota,
me invento
la melancolía.
De cada vaso,
cada gota.
Con cada gota,
a fin de cuentas,
un pez de hielo
que es mi alma
sola en un fondo sin mar
que se derrite
mientras mi espíritu
vive loco y muere cuerdo
como un pez de hielo
que es nada sin mar
que se ahoga, se enfría y se vacía.
En mi mar.
De cada vaso, cada gota
Y en el fondo,
sólo hielo.


lunes, febrero 23, 2009

El reloj que hay en mi estudio lleva, quizás, años parado. Así, sin marcar horas, sin hacer tic-tac. Y es que recuerdo que no me gustaba que pasara el tiempo. Y maté el tiempo.
(Convertí el tiempo en momentos).
El reloj que hay en mi estudio está ordenado conforme, según, los requisitos que estructuran mi cuarto: en desordenado orden.
O en ordenado desorden. O conforme a un entrópico cosmos o caótico sistema. Y es que en mi estudio tampoco queda lugar para el orden. En mi cuarto no cabe el orden.
Y, así, cada objeto, con su vida, ocupa el sitio que merece, el sitio que se gana. Incluso hay momentos en los que yo quedo fuera, porque no merezco otra cosa. Incluso hay días en los que cierro la ventana y cierro también los ojos y no dejo pasar la luna.
Como ahora.
Aunque, más bien, es la luna quien ahora no quiere pasar.
En mi estudio hay un cuadro, que pintó mi hermano (mi hermano es un tipo quizás más loco que yo, por eso, juntos, no cabemos en el cuarto). Hay otro cuadro, que compré a un vagabundo. También hay fotos que siempre, a diario, hacen lo mismo –a veces pienso que no se dan cuenta!-. Y así, dos niñas se pasan las horas que no pasan por mi reloj mirándose. Así un castillo queda sobre mi cabeza y una virgen sobre el castillo, que no sé, por cierto, si será virgen o si será reina o si es cuadro o si nada... Por no saber, no sé ni por qué siempre está mirando hacia abajo, como si vigilara –y no se da cuenta de que no pasa nada!-. Hay un león de agua, y agua expulsa por su boca. Y hay un águila, con las alas desplegadas. Pero el águila, al menos yo no la vi nunca, no ha volado. O será que en mi estudio el tiempo no pasa y sin tiempo ni hay espacio, ni hay vuelo, ni águilas, ni sueños, ni hay nada!
-También hay un cuadro mío
supongo que tampoco haré yo nada-.




viernes, febrero 20, 2009

Del pincel al spray de pintura, del «sfumato» al arte de esfumarse


«La raza humana es el demonio» («Humanity is the devil») es el primer mensaje que impacta a los sentidos bajo la pasarela a la Cartuja del Paseo Juan Carlos I; obra de Poch, calavera ataviada de simbología nazi. Contexto: Tercera Edición del concurso del Instituto Andaluz de la Juventud (IAJ) para graffiteros. Nihilismo y personalismo cogidos de la mano, amparados en el marco de la postmodernidad, subrayando la tesis de los hermanos Wachowski en Matrix: «La humanidad es el virus», dijo la máquina al hombre. Los «ismos» de finales del XIX toman cuerpo sin que el personal se dé cuenta. Es la velocidad del futurismo «hecha arte». Y el pincel se convierte en spray de pintura y la técnica del «sfumato» de Leonardo da paso a la habilidad para esfumarse, que vienen los agentes mientras pintamos las paredes, «mucha, mucha policía», que cantaba Sabina.

Junto al Guadalquivir, no se escucha al cantante poeta de Úbeda, los escritores del graffiti -como deben ser denominados según los cánones tribales- son más de «discjokeys» como el londinense IQ, el Bicho de Córdoba y Sirope de Sevilla, que amenizaron el certamen. El hip hop es la banda sonora del olor a vaporizador de pintura. Bajo la hiedra, los malagueños «Los dibus», Alfil y Lalone, dan los retoques finales -sobre la escalera de aluminio, aerosol en diestra, boceto en siniestra; caminata va, caminata viene para controlar la perspectiva- a su mural en blanco y negro. Comenzaron su «tumulto de personajes» en la mañana del sábado. «Había tiempo de sobra», aseguran, acostumbrados a la prisa del graffitero, al frenético ritmo del siglo XXI, que el tempo del arte urbano «se mide en las estaciones de metro». El tema: «Lo que nos rodea». El «pequeño catálogo de seres y estares» en el que vivimos «inconcientemente». Ora tenemos al bufón al lado, ora la muerte, ora la rabia... Ahora soy bufón, ahora muerte, ahora rabia...

El recorrido prosigue con obras ecologistas como «Save the planet» o impregnadas de un toque canalla como «Poder gitano». Hasta llegar al «arte urbano» de Logan y Joe, los ganadores de la beca de 6.000 euros para financiar la estancia en un estudio de graffiti en una ciudad europea y la edición de un catálogo con las obras finalistas. La figura central -«un loco gordo»- porta un bote con desechos orgánicos -«son testículos»–. «Un automóvil a toda velocidad es más bello que la Victoria de Samotracia». «Un espectro recorre el mundo». Marinetti reencarnado. No es el futurismo. Es la expresión del arte del presente. «La raza humana es el demonio» y los pinceles, botes de pintura.

jueves, febrero 19, 2009

Postales desde el Bar Giralda

Tras las puertas del Bar Giralda, más de 70 años de historia nos contemplan y otros tantos de pequeñas historias. Cotidianas, las que suceden todos los días al abrazo de una tapa y una caña. Las que conforman la intrahistoria, que decía Unamuno, que es eso que ocurre –parafraseando a Lennon– mientras los grandes nombres del mundo se empeñan en hacer otras cosas.

A partir de mañana, en el Bar Giralda también se van a hacer otras cosas. Al echar el candado, tras la puerta quedarán guardados innumerables recuerdos, ilimitados momentos y un puñado de mesas y sillas. «Hasta el infinito y más allá», pensó Francisco Sánchez González, Paco, cuando se decidió a regentar el establecimiento vinculado a su familia desde los años 30. El calendario marcaba «15 de febrero del 84». Su Documento Nacional de Identidad hablaba de 37 años. Hoy, 15 de mayo de 2007, 60 años de edad, en todos los letreros se lee «fin de trayecto».

Como los capitanes de barco, Paco, tiza blanca en la oreja, será el último en abandonar la nave, en pasar el trapo al mostrador, escoltado por las columnas dóricas de la barra y la pátina del antiguo baño árabe que albergaba el lugar.

Los clientes de toda la vida no se pueden creer la noticia. «¿Que va a cerrar?» Cara de sorpresa. «¿Es broma, no?» Cara de póker. «Mira el cartel». «Touché». El futuro del Bar Giralda, de momento, es como una película de Hitchcock: todo suspense. Está en manos de la propietaria del local. ¿Una sucursal, un restaurante, un bar, una tienda? De momento, dieciséis empleados a la calle y se habla «sotto voce» de grandes cantidades por un supuesto traspaso. En cualquier caso, las pequeñas historias siguen.

Tapa y caña, «a dos con diez»
Javier Aguado, 54 años, rememora sus años de universitario, «cuando la caña y la tapa salían a ‘dos con diez’ y venía a pelar la pava». Hasta toma fotografías a los arcos de las entradas, a los bodegones de las paredes, a la antigua máquina de café expreso del rincón, rebelándose contra el rapto de su memoria sentimental. «Me da mucha pena». La última consumición: «Pastel de cabracho con mayonesa», acompañado de un zumo de tomate que, sólo aparentemente, tiene el aspecto de una cerveza rubia, «que después mi mujer me riñe».

«Habrá que conformarse con la Estrella (el otro bar de Paco)», se consuela otro cliente habitual, natural de Malta, como la cerveza y la estatuilla con forma de halcón de la novela de Dashiell Hammet. «No tengo ni que pedir», dice. «Llego y ya saben perfectamente qué quiero. Son 23 años viniendo». Solomillo al whisky es la penúltima tapa del cliente maltés.

«Es como un hijo que se casa y se va», comenta Paco. «Prefiero no pensar. El Bar Giralda es un clásico en el mundo», cuenta. Entonces, Paco, el hijo, sobrino, nieto y ahijado de hosteleros asturianos, desgrana los secretos de un establecimiento que es «una mina». Por su enclave, a la sombra de la Giralda; por su pasado como baño árabe y su decoración; y por sus historias: el Giralda alberga un poso de encuentros culturales y políticos, de veladas hasta altas horas, perennes en el imaginario sevillano. «Los ‘felipesgonzález’, ‘alfonsosguerras’, ‘antoniosburgos’ siempre han sido unos clásicos del lugar». «Y en esa mesita se sentaba habitualmente Carlos Cano», explica el todavía regente del establecimiento con el «clic» de las fotos de los clientes de fondo. «Es el día de la postal», da cuartel Pepe a la broma en medio de su cordial profesionalidad y de su rictus de kurós.

Jane Fonda, Pedro Almodóvar o Chavela Vargas también han probado alguna de las tapas de la pizarra de Paco. «Un día llegaron dos tíos muy fuertes exigiendo mesa. Eran los guardaespaldas de la reina Noor de Jordania», ante la cual corrió a besarle los pies un camarero iraní contratado en esa época, tira Paco de anecdotario. «Podría contar mil historias y no parar».

Algo tendría que contar también la Giralda, los lugares que motivan el tópico de la Sevilla especial, los bares donde tu chica –como canta Quique González– te decía «nunca más». Algo tendrían que contar las calles del barrio de Santa Cruz y los ceniceros llenos de colillas. «La suerte es una ramera de primera». «Jefe, póngame la última».

jueves, febrero 12, 2009

hombre en duelo en cuarto menguante

yo que soy hombre de duelo// me siento un hombre en duelo,// ovulando la existencia de un vacío// haciendo mío// que ya no estás// recordándote en cada rincón// en el aroma del café que ya no te preparo,// en la pasta que ya no te hago// en el abrazo que no te doy// y no me das cuando// cerramos los ojos esperando/soñando// el acto de fe del mañana.// El mañana no existe, te decía.// El mañana es la mayor forma de irrealidad;// y resulta que el sol anuncia un mañana nuevo y trae una luna nueva// y no existimos nosotros.*




martes, febrero 10, 2009

La soledad



La soledad, si es impuesta, suena a fado. La soledad, según crece, se come la color de la mirada y deja los ojos blancos.
“Hola”.La mayoría de las personas llaman para decir “hola”, argumenta un anuncio de móviles con una música de fondo titulada “Escapar”. “Hola” es una forma de gritar “oye, que estoy aquí, que necesito oírte”. Pero sucede que hay quien llama cada día, cada hora, y no hay nadie al otro lado de la línea. Entonces, el “hola” siquiera puede perderse en el vacío de la tecnología y se guarda dentro de uno, donde se guarda la soledad impuesta, donde los ojos pierden su color.
El 52% de las llamadas al Servicio de Teleasistencia de la Junta demandaba, sencillamente, conversación, revela la Consejería de Igualdad y Bienestar Social. “El 12 % fueron casos de emergencia”, continúa el estudio, ocultando a sabiendas que la soledad es el principio de la tragedia, el inicio de la emergencia. Este mismo servicio efectuó 481.000 llamadas “con la finalidad de realizar tareas de seguimiento, compañía, recordatorio de toma de medicamentos y felicitaciones en onomásticas y cumpleaños”. Es decir, casi medio millón de llamadas para recordar que no estamos tan solos. Por eso digo a sabiendas, porque el Estado, la Comunidad, la Diputación, el Ayuntamiento, la Junta de Vecinos, el vecino de al lado, todo el mundo, sabe que, en mayor o menor medida, estamos solos y sólo tenemos tiempo para eso, para estar solos. Lo sabe hasta la Iglesia, que la soledad cuenta con su Cristo y su Virgen.
Ahora que dicen que en Inglaterra hay 24 personas ingresadas por una posible contaminación con polonio 210, podríamos ver cuántos de aquí cerquita estamos infectados por la soledad 2006, 2007, 2008 y siga usted contando. Sólo hay que llamar y decir “hola” o poner la oreja sobre cualquier puerta y escuchar, que la soledad es un fado que llora “volver, con la frente marchita, las nieves del tiempo platearon mi sien”, que la soledad es un fado que se sueña tango. “Hola”.

solismo

soliloquio de uno mismo,
inteligencia emocional razonada,
encaje de bolillo;
mirada clavada en el Peñón
conquistando las rutas
que llevan a Gibraltar
a la caza de un destino.

Lorca reinventado;
pirámide invertida
de Keops, Kefrén y Micerinos;
la paloma equivocada con alas de águila,
Alberti despolitizado.
Café auténtico,
pero manchado.

Callado grito silencioso.
Un susurro recorre el mundo,
como una ola en Lisboa.
Nuevo génesis,
punto de partida
hacia el extravío de la vida.
Género en ti mismo.

“Todo está inventado”,
reinventor del nihilismo.
Revolucionario de extrarradio.
Fuerza y honor a un ritmo.
Dardo en palabra…
solismo.

domingo, febrero 08, 2009

Nada más merezco que sufrir siete veces mil años mil el dolor y el desprecio por destruir el regalo de los dioses y los tiempos. Nada más que el equivalente desprecio con el que realmente concibo la vida; ni siquiera ilusión y, por supuesto, mucho menos amor. Siete veces mil años mil, incomprensión; siete veces mil años mil, dolor; siete veces mil años mil y una vez más, vacío en el alma y vacío en el corazón.*

martes, febrero 03, 2009

Zapatero I, el remendón; Chaves XVIII, el visionario; la crisis; los banqueros; el ajuar de cristal de bohemia: y al carajo el chiringuito.


El señor Rodríguez Zapatero, y remendón, se ha reunido con el gremio de los banqueros de España. Para tranquilizarles por eso de la crisis y tal. La instancia elegida para el encuentro colgaba en sus paredes cuadros de Joan Miró tan claros e inteligibles como las informaciones de economía de los periódicos.

Para quien no lo sepa –algún pingüino extraviado o algún esquimal que haya invernado-, los banqueros son esos señores nada chistosos con chistera o bombín, depende; pajarita o corbata, depende; y muchos millones siempre ganados a costa de los intereses que pagamos con el hinchazón de nuestros euríbors el resto de españolitos de a pie; menos en el caso de Emilio Botín, que en lugar de millones tiene billones, que lo dice el Financial Times, vulgo, el Timo de las Finanzas.

Los banqueros son esos señores tan simpáticos que, antes de entrar en la reunión con el señor Zapatero, y remendón, se comentaban unos a otros el color del último yate adquirido. (Nota: los ricos adquieren -del latín, “quieren hacia”-, no compran, que ya pagamos nosotros). “Sí, el mío es del color de cada lunes de octubre”. (Negro). “El mío, del color del íbex”. (Rojo). “El mío, color incremento del IPC en las gráficas”. (Azul).

Como puede apreciarse, el gremio de los banqueros es descojonante. Pero ellos son unos profesionales como la copa de un pino. Mantienen la carita de estirados, mientras, por dentro, se parten de risa pensando que entre todos nosotros les vamos a pagar los platos que ellos han roto, colocando una pieza de la vajilla, de cristal de bohemia, encima de otra, y otra, y otra más. Y los analistas avisando: que se va a romper el ajuar, oiga. Que se va a romper el chiringuito. Y al carajo el chiringuito.

Pero no pasa nada. Ellos no pagan. Pagamos nosotros. Ellos nos se quedan parados. Nos quedamos parados nosotros. Para eso, cuando las ganancias eran billonarias –aún lo son, ver la previsión del Bebauva, vulgo BBVA- las repartieron entre todos, como buenos hermanos. ¿Eh? ¿Cómo dice? Que me comentan que no repartieron nada. Ahora, si tiene un espejo a mano, mírese la cara de tonto.

Ignoro si la crisis es más mala que los banqueros, pero peor fama si tiene. La crisis –para quien no lo sepa- es el monstruo más grande que jamás haya existido en todo el universo conocido. A su lado, el Coco -y hasta Supercoco, con su capa y su casco de caballero andante- es una mariquita. En el colegio, a los niños malos los profesores ya les dicen: “O me haces caso o llamo a la crisis”. Lo que pasa es que los niños saben que la crisis no va a venir así como así, igual que la caja de Pandora no la abre un cerrajero cualquiera. Para que la crisis venga, como ha venido, hay que ir construyéndole un caminito para que pueda llegar. Hay que soplar el globo de la avaricia hasta reventarlo. Y en ese punto, cuando el globo revienta, los que lo reventaron ponen cara de incrédulos, esconden las ganancias bajo la almohada, y dicen: “Que venga alguien a zurcirme el globo, que si se cae, nos caemos todos”.

Aquí es donde aparece el señor Rodríguez Zapatero, y remendón, ofreciendo remiendos de confianza. Y su amiga, la señora Mari Tere de la Vega, diciendo: “Tranquilos, los dineros están asegurados”. Y Pedro Solbes revelando la gran verdad: “Los ahorros de los españoles están garantizados”. Efectivamente, están garantizados porque nunca han existido ahorros de los españoles, porque el 80% de los ingresos familiares se dedican a pagar el piso, unos pisos que han sido vendidos un 40, 50, 60% por encima de su precio real, sin que nadie diga nada, mientras unos silbaban, otros cobraban y otros jugábamos a imitar a ambos, que ya cobraremos nosotros cuando revendamos el chiringuito. Pero el chiringuito se ha ido al carajo.

Y aquí, por estar donde estamos, aparece el faraón Manolo Chaves XVIII, que son los años que lleva en el poder, y su capacidad para ver el futuro. Chaves XVIII, el visionario. Cada una de sus modernizaciones andaluzas –la primera, la segunda y la tercera; cuidado que ya mismo mete la cuarta y el coche se pone a 60-, cada una de sus modernizaciones al ralentí son un ejercicio de predicción y prospección refutado con los hechos. El estadista Chaves ha estado trabajando para que los andaluces sintamos la crisis de los banqueros lo menos posible. Aquí en el sur, la cosa ha variado, pero poco. Estamos como estábamos. En la cola de todos los indicadores económicos. El visionario Chaves –lastrando el globo que ahora hace como que remienda el señor Zapatero, y remendón- ha salvado al pueblo de darnos la gran hostia. No te tires, que ya te empujo yo.

A punto de caer ya al suelo y partirnos la cara, más que el dolor de la hostia, duele más la hostia sin golpe de saber que la opción a la política visionaria de Amenofis Chaves XVIII, el visionario; y a los remiendos del señor Zapatero, y remendón, la otra opción son los amigos de los banqueros. Y, entre todos ellos, yo me quedo con la crisis.


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