náufrago de arena

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Nombre: Miguel

jueves, abril 30, 2009

Elogio de la croqueta en crisis creciente

Anda la luna en cuarto creciente, como la cola del paro y la crisis, y en el cielo dibuja como una sonrisa irónica, de medio «lao», como la del Gato de Cheshire de «Alicia en el país de las maravillas». La Feria se encamina a su punto álgido. Entre hoy y mañana, el recinto ferial alcanzará la cifra «mágica» del millón de visitantes. Casi tantos como desempleados en Andalucía, como si cada uno de los «hijos de la crisis» -que así titularía ahora Triana sus «Hijos del agobio»- se diera una vuelta por el Real, devolviendo la sonrisa burlona a la luna turca.

La crisis más que en sueño escrito con la tinta de luz de Lewis Carroll deviene en pesadilla escrita con números rojos. Porque «la cosa está mu' mala». Que se lo digan a Francisco García, que antes de ir al «alumbrao» recibió la llamada, para mandarlo al paro, de unos señores con «apellidos de hermano mayor de cofradía rancia» e igual abolengo. Tan rancios, que, como los números de la crisis, apestan a pescado podrido.

O que se lo digan a Julio Muñoz, que después de recorrerse el planeta entero, de ver las puestas de sol del desierto de Kenia o bañarse en las aguas del Mar Muerto en busca de los «andaluces que hay por el mundo», la noche del «pescaíto» se sintió «muertito» en «los Madriles» a los que ha emigrado «por el amor de una niña rubia» y buscó la querencia de su tierra.

Cada noche de Feria, Julio «se disfraza» de flamenco, coloca su bonsái «con pinta de naranjo» -al que llama «Daglas, Michael» porque «quiere ser como su padre: Duglas, Kirk»- junto al portátil en el que ve imágenes de la Feria de Abril tomando fino. Milagro pagano de San Patricio mediante, la crisis se olvida y «hasta el bar de la esquina se convierte en una caseta de distrito, entrada libre». La caseta 1.048 está a medio millar de kilómetros del Real.

Si estuvo junto a su portátil el miércoles de Feria a mediodía, Julio pudo ver a Pascual González -cantor de Híspalis, que lo mismo vale para un pregón de Semana Santa que para una presentación televisiva y a quien los viandantes confunden con Pascual Márquez, torero- entrevistando al «alcalde de Triana», Alberto Moriñas. Caseta municipal, plató abierto. Alimentos de Mercasevilla, maletines cerrados.

Precisamente en Triana, se han repartido carteles por los comercios en los que «se prohíbe hablar de la cosa». 135 euros vale un aparcamiento fijo en el Real. Entre 2,5 y 6 euros, «los cacharritos». Entre 8 y 12, la jarra de rebujito. Entre 0,80 y 1,30, el viaje en metro, el «cacharrito» con más demanda, con colas de una hora. 1,5 euros, la botellita chica de agua. Entre 12 y 16 euros, el plato de jamón. Cómo está «la cosa de mala» que, aunque los precios se han congelado respecto al año anterior, las estrellas de la barra son la tortilla de patatas y las croquetas, que, según dice Inma Izquierdo, feriante de la caseta del «Emperaó», antigua "el Musulmén", «dignifican los eventos». Elogio de la croqueta en crisis y cuarto creciente.

Parecida afluencia, pero menos gasto. Menos carruajes, más espacio. Una situación económica que altera «el orden lógico de los yogures» -expresión acuñada por Adrián González, feriante de Las Pajanosas, de los de "a ver si nos vemos en el Real"-, dejando las neveras, las carteras y las cuentas corrientes vacías. Unos números que dejan también sensación de final de un tiempo, de crónica de despedida. Pese a ello, la Feria sobrevive a ella misma y, aparentemente, a la crisis, mientras la luna sigue con su sonrisa burlona de «medio lao». Aún quedan cuatro días de Feria. Incontables de crisis. Entretanto, como dicen por el Real, «que nos quiten lo bailao'» y como deja escrito Luis Márquez en el «feisbuk» antes de irse «a vivir a la Feria»: «En un descuido, crearemos universos». Fiesta creciente, bolsillos menguantes.

"El diablo sólo está dormido" ö "Ítaca", de Javier Ortiz

Lo más hermoso de toda la leyenda de Satán, Lucifer, el Diablo, el Maligno, Luzbel o como quiera llamársele, es su origen: fue -según el tradicional relato de la Iglesia católica- un ángel que se alzó en armas contra Dios.
No concibo rebelión más bella: enfrentarse a alguien que, siendo la perfección absoluta -que San Anselmo me asista-, jamás habría podido salir derrotado, y menos todavía perecer.
No hay rebelión más noble que la que nada espera del combate. El Diablo fue el legítimo predecesor de Prometeo, de Espartaco, de los Federados de la Comuna de París, de los amotinados del Potemkin, de todos cuantos en esta vida -o en el más allá, tanto hace al caso- no se han lanzado a la liza por la ambición de lo conseguible, sino por el radical rechazo, por la repugnancia hacia lo existente. En aquella desigual pelea, Dios jugó con ventaja. Nunca me han gustado los ventajistas.
Afirma el papa Karol Wojtyla que el Diablo ha sido derrotado definitivamente. Me parece que se basa en datos contingentes: Rusia se ha convertido, es verdad -aunque lo cierto es que nunca fue realmente atea-, y el comunismo ha fenecido en medio de espasmos agónicos que vienen a confirmar que en efecto era «intrínsecamente perverso», como decía mi libro de Religión.
Pero la Historia da muchas vueltas. Lentas, si se miran con la lupa del propio presente, pero enormes, si se observan con el catalejo de los siglos.
La observación de los constantes meandros de la Humanidad me hace sospechar -entre otras cosas, porque me gusta sospecharlo- que el espíritu del Diablo, el Maligno, Satán, Luzbel o como quiera llamársele, y el de Prometeo, y el de Espartaco, y el de los Federados de la Comuna, y el de los amotinados del Potemkin, y el de todos cuantos en un momento u otro se han rebelado contra el Poder sin la menor esperanza, pero con toda la rabia, en esta vida o en el más allá -que tanto me da, a estos efectos-, no muere ni puede morir jamás, porque ese espíritu de rebeldía está anclado en lo más recóndito del alma humana. Quizá no en el de todas las almas, si almas hay, pero sí en el de algunas, que seguro que las hay.
Se equivoca Juan Pablo II: Satán no ha muerto. Sólo duerme, como Ulises, el de Itaca, fascinado por el canto de algunas sirenas.
Despertará.

lunes, abril 27, 2009

Sábado de Feria, bulla de Jueves Santo


El flúor no mata a las bacterias, esos microorganismos capaces de romper la parte más dura del cuerpo humano, pero refuerza el esmalte. La Feria de Abril no mata la tristeza y el tedio de los días, pero refuerza las ganas de vivir. El sábado de Feria, día de San Constantino –el emperador romano que legalizó el cristianismo en el 313, capicúa– miles de personas recorrieron la avenida de Juan Pablo II camino del milagro pagano de la alegría, en la jornada, con diferencia, de más afluencia de público y con más carruajes por el Real este año.

A la misma hora en que Zacarías Mateos, «titulado en rayos x», recorría el puente del Generalísimo con paso militar para escribir su evangelio de cada año por sevillanas y acabar escuchando por la noche a alguna voz amiga decir «Zacarías, levántate y anda para casa», Francisco Javier Rodríguez, peluquero, barbero, para los más viejos del lugar, se percató de que estaba sin cuchillas de afeitar en casa mientras se limpiaba los dientes con un dentífrico blanqueador con flúor y se arreglaba para recoger a su novia, Sonia, que vive en Gelves y estrena –por fin el tiempo lo permite– el traje de flamenca que le ha hecho su madre inspirándose en el Simof.

Cuando Javi encontró a Mari, su suegra, ya iba con bulla porque había quedado sin éxito con un vecino, Rafael, para ir juntos al Real de Los Remedios, pero se pensó si decirle, otra vez –suegra no hay más que una–, lo bonito que es el traje de gitana que le ha hecho a su hija.

A esa hora, «bulla» ya resultaba un sustantivo inadecuado para describir la cantidad de personas que había en la Feria. A esa hora, 14:41, capicúa, los puentes de Sevilla eran ríos de gente y el recinto ferial quince calles Resolana el jueves de «Madrugá», pero con el nombre de toreros señeros.

A esa hora, Zacarías –que trabaja en una ortopedia en Córdoba, en la que no venden corazones de respuesto para cuando le duele la querencia de sus raíces–, Javi –que anda «de gestorías» arreglando papeles para regalar una oportunidad en el primer mundo y que una peluquera argentina cambie el Río de La Plata por lo que queda del oro del Guadalquivir– y su vecino Rafael –que procura sacar la cabeza por encima del manantial oscuro del euríbor para no ahogarse en los números rojos– ya parafraseaban en la Feria, conociéndose pero sin encontrarse, a Díaz-Cañabate en «Historia de una taberna»: «No entran las desgracias; entran los desgraciados».

Una panorámica aérea del Real de Los Remedios demostraría que ayer todo el mundo estaba allí. Este año, la Feria ganó a la playa. Eduardo Dávila Miura y familia tomando una tapa bajo la pañoleta de una caseta. Cientos de flamencas, con el blanco nuclear y el moreno uva como estampa más repetida de la temporada ferial primavera-Rocío 2008. Hasta Mickey Mouse, Goofy y Winnie the Pooh estaban en las esquinas de cada calle vendiendo flores y recuerdos.

También se veía a algún sevillanito que a las patillas a lo Curro Jiménez les sumó el tupé a lo Elvis Presley. El que no se sabe si viene o si va, no porque sea gallego, sino porque va «listo (de) fino». El sevillano que alaba las bondades de los zapatos Pikolinos en el itinerario de la avenida de Las Razas a la Feria, donde caben todas las etnias. Alguna mujer oriental, con menos suerte que los dibujos de Disney, a la que se le saltaban las lágrimas junto a los puestos de gofres de la calle del Infierno porque varios agentes nacionales, cumpliendo con su deber con la cabeza gacha y salvando a los ciudadanos de un gran peligro, requisaban su caja de cartón con flores de plástico, como algunas conciencias.

Hasta indios había en el Real. Tocando música, junto a la portada del Costurero de la Reina; y en plan «mimo» -«échale una moneda al Jerónimo y verás el salto que pega», advertía una señora– entre las calles Chicuelo y Bombita.

La Feria, después de la semiclausura por el tiempo, se doctoró en el arte de la bulla y la multiplicación del espacio de la caseta, el vino, los panes y el «pescaíto». Por fin, las únicas gabardinas las llevaban las gambas y el Real, todo el día, volvió a ser ese espectáculo vital intrascendente en el que trascienden las vivencias para que, en estos tiempos de ansiolíticos, antidepresivos y gente narcotizada, lo que tenga que doler, duela, y los ratos de alegría se recuerden todo el año.

domingo, abril 26, 2009

"Alumbrao" tardío

La Feria de Abril conoce «el principio de la espera», el mismo que aplicaba con esmero Norma Jean a la vida. A Marilyn le gustaba llegar tarde para sentirse querida y deseada. La fiesta este año ha comenzado, pero no ha llegado. Empezó a llegar ayer, con los primeros resquicios de luz entre las nubes y el paso de la alerta naranja a la alerta amarilla. Los colores de la portada del Costurero de la Reina. Y, por fin, llega hoy, con la disminución del porcentaje de probabilidades de precipitaciones a un 15 por ciento y la ausencia de avisos.

El epicentro efímero de Sevilla, el Real de Los Remedios, recibió ayer tarde a miles de personas expectantes y esperanzadas en relegar a un rincón sombrío al que hasta ahora ha sido el acompañante más repetido de los visitantes: el paraguas. El cochero de caballo con impermeable y la gitana resguardada con las enaguas en mano son las estampas más repetidas de la primera mitad de la celebración de 2008. Los percances en La Real Maestranza pugnaron con la climatología como tema principal de conversación.

Este fin de semana, final de fiesta, principio pragmático de Feria, se espera que el sol se cuele entre las calles con nombre de torero. Entonces, el chubasquero dejará paso a las gafas de sol y, después, la alegría exultante a la resaca y la melancolía, que son la misma cosa aplicada a lo físico y a lo psicológico, es decir, según la RAE, una «tristeza vaga, profunda, sosegada y permanente, nacida de causas físicas o morales, que hace que no encuentre quien la padece gusto ni diversión en nada». Menos en la certeza de que el año que viene hay otra Feria de Abril.

Entretanto, la diversión se guarda en las casetas, al tiempo que los feriantes se resguardan del mal tiempo en ellas. Dentro de los módulos -una vez salvado el barro contra el que los retenes de Emasesa y Lipasam trabajan de forma coordinada para evitar grandes acumulaciones de agua–, se mantiene el baile, las sevillanas, el vino fino, la manzanilla, el rebujito. Con los pies, en principio, algo mojados, pero igual. Y la gente se acerca al Real de forma intermitente, aprovechando las treguas que ofrecen los nubarrones entre chaparrón y chaparrón.

La reducción de la afluencia de público está repercutiendo también en el número de incidentes registrados. Según el director de Área de la Delegación de Fiestas Mayores, Carlos García Lara, las incidencias en el recinto ferial son «mínimas» pasado el meridiano de la celebración.

Los datos de la jornada del miércoles de Feria se resumen en un importante incremento en el número de carruajes por la leve mejora del tiempo; once detenidos, entre la Policía Local y el Cuerpo Nacional; y la intervención policial en 29 reyertas,
según la información facilitada por el Centro de Coordinación Operativa (Cecop).

La Guardia Civil de Tráfico, por otra parte, intervino en un accidente de un camión en la SE-30 a primera hora del día que tuvo como consecuencia un herido leve y retenciones en el tráfico. En el entorno de la Feria, se realizaron un total de 118 asistencias de la Benemérita.

Más cifras
El Servicio de Emergencias Sanitarias 061 y la Cruz Roja protagonizaron un total de 114 intervenciones, el 40 por ciento por intoxicaciones etílicas. Emergencias 112 atendió, por su parte, otras 114 llamadas en el área del recinto ferial.
Lipasam recogió 131.480 kilogramos de residuos y 3.400 litros de aceite usado en el Real de Los Remedios. Tussam transportó a la Feria a 82.235 personas. Desde el «alumbrao», Transportes Urbanos de Sevilla ha contabilizado 204.723 viajeros.
La intervención del servicio de Bomberos impidió que los toldos de las estructuras metálicas de varias casetas se desprendieran. En síntesis, tan sólo un par de los módulos han sufrido daños «por el viento que sopla del Suroeste», que, visto así, con el balance de la Feria y tres corridas suspendidas en La Maestranza, parece cosa de la Bruja Mala del Este del Mago de Oz. Hoy el viento vendrá del Sur y del Noroeste. Mañana, del norte. Calma chicha.

Más allá de las coordenadas espaciales, la pasión siempre ha sido la brújula más sensata de los sevillanos, la que los orienta hasta el Real, independientemente del agua que cae del cielo. «Quien me frene, no me quiere», parece decir el personal a las inclemencias meteorológicas en esta Feria de Abril, bautizada ya por algunos como la de las ganas de... más Feria, pero sin paraguas y con más gitanas por las calles. Por eso, los feriantes repiten la letanía de «al mal tiempo, buena cara» y de «a partir del viernes, algo de sol». «Alumbrao» tardío.

viernes, abril 24, 2009

Seis noches para volver a empezar

En tanto la Feria se hace «Rayuela», en términos del maestro Correal, porque empieza y termina por todas partes, parece comenzar con las palabras que cantó Goethe en el Diván: «No sabrías terminar nunca y en eso consiste tu grandeza. No empiezas jamás y ello es tu suerte. Tu encanto gira sobre sí mismo, como la bóveda estrellada; el principio y el fin son siempre una misma cosa y lo que aparece en la mitad es evidentemente lo que está, también, con el fin y lo que estaba, también, en el comienzo». Ahí se mezcla el Diván de Goethe –alemán que pactó con el diablo en«Fausto»– con el Diván del Tamarit de Lorca –andaluz con la tinta de luz de Lucifer-, las calles de los toreros y la del Infierno en Sevilla.

En Alemania aún no estudian la organización de la Feria, como las universidades estudian el modelo de las hermandades. Pero es cuestión de tiempo, y de vista, que se institucionalice el «milagro sevillano» de, en números, dos de las más importantes industrias «efímeras» del mundo. Dos empresas, Semana Santa y Feria, que aparecen y desaparecen durante todo un año y que siempre están, creando cientos de trabajos y generando plusvalías. La psicología aplicada al trabajo: «Ningún trabajador rinde más que el empleado feliz, el que siente la empresa como propia». Ocio y negocio unidos. La Semana Santa generó este año unos ingresos de siete millones de euros sólo en ocupación hotelera y hostelería. Alrededor de 90.000 turistas visitan Sevilla en Feria. Ya lo dicen los gaditanos en su Carnaval: «El Nobel hay que dárselo al que juntó el fino y el refresco de lima, inventando el rebujito, y no al que separó los neutrones y los protones del átomo».
La Feria aún no ha comenzado pero va naciendo mientras nunca acaba, a la espera de que algún Antonio Burgos anónimo pregunte a los farolillos, a las casetas, a los volantes de las gitanas... si «estáis puestos». En el domingo de Los Remedios escasean los aparcamientos, para ser domingo en Los Remedios. Abundan las personas trabajando en Gitanillo de Triana, en Joselito el Gallo, en Antonio Bienvenida, Manolo Vázquez, El Gallo, Curro Romero... hasta llegar a Ignacio Sánchez Mejías. Y comienza, otra vez, el Diván del Tamarit. Gacela del amor imprevisto.

Farolillos por poner, esquivando la tradición que marca que nada más puestos comienza a llover; accesos vallados en las calles del Real, esperando liberarse y llenarse de bullicio; padres que empiezan a peinar más calvas que canas, con sus niños de la mano camino de la caseta; pequeños en patinetes viviendo el instante, que no matando las horas, pacientes ante el trabajo de los mayores; chavales pegados a un balón; guardas con barba de pocos días y ojeras de varias noches, llevando y trayendo provisiones; vigilantes al sol; familias camino de su calle, que «aquí no hay ‘tutía’ y vamos todos juntos», palabra de padre previa a la liturgia de los panes con carne «mechá» y el «pescaíto frito», dan vida al Real antes de la fiesta.
En la caseta de «Los fenómenos», en Pascual Márquez lindando casi con Bombita, ponen farolillos color oro... En Pepe Luis Vázquez, una abuela y una chica morena gitana de ojos negros, canastera, hacen farolillos, la una igual que la otra, con manos de distinto tiempo... En «La Ventilá», en Bombita con Belmonte, grandes y chicos saltan a la comba, hasta que el arroz coja el punto, como en el Prado saltaban a la comba en los retratos en blanco y negro y saltarán en el Charco de la Pava en los marcos digitales, que hay cosas que por mucho que cambien permanecen inalterables a la comba del tiempo...

Es la estampa del domingo anterior al domingo de preferia en el Real. La del trabajo, los ajustes, la familia y la comida. La estampa de siempre acompasada por una leve brisa marinera, de las que parecen llevar mensajes en el viento, hacia una playa que no es de arena y pena sino de alegría y albero. Sólo faltan seis noches para volver a volver a empezar.


domingo, abril 19, 2009

El tiempo es un dragón que susurra a mi oído: tempus fugit.

jueves, abril 16, 2009

Un catarro invernal y 116 primaveras

María Díaz Cortés hace tiempo que no lleva los años, sino que los años la llevan a ella. Cuando nació en Granada el 4 de enero de 1892 no existían las cámaras que ahora la filman y la sacan en la televisión. Filipinas y Cuba ondeaban bandera española. «Más se perdió en Cuba», que el número diez de la calle A del asentamiento chabolista más antiguo de España –una casa prefabricada sin agua caliente – no tiene pérdida, aunque la administración no halle salida.

La Asociación Pro Derechos Humanos denunció ayer la «enorme insensibilidad» y la «falta de humanidad» del Consistorio ante la «grave situación de violación de los derechos fundamentales» de la familia de María, vecina del Vacie desde hace casi cuatro décadas. Entonces, llegó de Triana, entonando el himno oficioso de la raza calé, el Gelem Gelem: «Anduve, anduve por largos caminos. Encontré afortunados romaní. Ay, ¿de dónde venís con las tiendas y los niños hambrientos?».

La solución que Bienestar Social ofrece a la mujer más vieja del país –en otros tiempos gitanita «cestera», según reza su DNI; ahora, abuela, bisabuela y tatarabuela, con 300 euros de paga para sobrevivir– es el asilo, una opción considerada por la etnia gitana como poco menos que un sacrilegio. «El asilo es la muerte de la abuela», argumenta Dolores Martín Díaz, de 72 años, la quinta y última hija, que solicita «una vivienda digna» para el final de los días de María.

«Las casas del Vacie son como frigoríficos», cuenta Ángel Montoya, portavoz del asentamiento. Según Montoya, en el barrio habitan, al menos, cuatro o cinco personas que rondan los 100 años. «Cocoon» en el sur del sur de España. El secreto de la vida eterna en el poblado más pobre del octavo país más rico del mundo. Como si ese cúmulo de alternativas casuísticas al que algunos llaman destino otorgase a los más viejos del lugar el derecho a pedirle excedencia a la muerte, por vivir en un submundo escondido detrás de las paredes del cementerio de San Fernando. «En verano, el calor es insoportable. En invierno, el frío se mete en los huesos», narra Dolores. «Mona, Mona, tápame», dice María a Dolores cada noche. Así anda, resfriada.

El cuarto de la anciana tiene una grieta por donde entra el frío de la calle y la estancia apenas suma cuatro metros cuadrados. Desde la ventana, el único horizonte es la pobreza. Escasez en la calle A. Miseria en la B. Delincuencia y droga dos calles más allá. Y niños que creen que los Reyes vienen «de la basura», porque de ahí recogen los juguetes.

María Díaz Cortés celebró su centésimo decimosexto cumpleaños en compañía de María, Magdalena, Dolores, Juan y Diego. Su hija, dos nietas y dos bisnietos. Sus apóstoles cotidianos. Desayunó doble ración de galletas, aunque le trajeron dos tartas, además de la que motivaba la convocatoria-protesta de Pro Derechos.

La oposición del Ayuntamiento le trajo un juego de sábanas y un edredón. La delegada de Bienestar Social, Ana Gómez, dejó un mensaje a Efe: «A finales de noviembre, los técnicos presentaron un informe ante Otainsa para poder otorgar una vivienda». Stop. «La anciana tiene la posibilidad de acceder a una residencia, pero la familia se niega». Stop. «Las casas no se otorgan con una varita». Stop. «La familia llegó al Vacie en 1996, y se ha beneficiado de muchas ayudas».

Ajena a la política, María descansa en su cama. Comenta a su nieta que «claro», que se acuerda de las niñas de Amparo y riñe a Manolo Olmedo, el fotógrafo que apunta con un aparato que jamás imaginó de niña a unos ojos que han visto, con el de hoy, 42.370 soles y que parecen comprender por qué el reloj de la estancia que hace de comedor anda parado a las 15:40 horas y por qué sus zapatillas chocan contra una de sus cuatro paredes, como mostrando el «largo camino» al que ir «con las tiendas y los niños hambrientos» en busca de un lugar mejor, donde, al menos, haya agua caliente.

miércoles, abril 15, 2009

...y no voy a quejarme. No diré, no preguntaré por qué. Como una roca en la tempestad. Como un héroe. Como Don Quijote. Como Robinson, no gritaré porque nadie podrá oírme, porque nadie podrá entenderme, porque estoy solo. Porque puede ser peor. Como una roca
...hasta que tropiece con alguien a quien llamar Viernes.



lunes, abril 13, 2009

La tele "sin papeles"

Muy contentos no andan los profesionales de la información del Ayuntamiento con los derroteros que ha tomado la nueva televisión municipal. La idea de «los que saben» era crear un proyecto «en condiciones». Del dicho al hecho, según van demostrando los acontecimientos, e intervención política mediante, dista algo más que un trecho. La primera emisión «en pruebas» de Giralda Televisión Digital –el canal del Ayuntamiento o, según critican desde la oposición,«telemonteseirín»– coincidió "casualmente" con la apertura del metropolitano.

La televisión nace «para mayor gloria» del regidor hispalense, que queda retratado para la posteridad inaugurando «la colosal obra del metro de Sevilla», "un obrón", en el argot del consejero de Obras Públicas. También retrata la política municipal el hecho de que hasta septiembre de 2009 el Consistorio no
habrá realizado todos los trámites precisos para poner en marcha una televisión digital que, curiosamente, emite en analógico. La cadena carece de estatutos y consejeros y tampoco se ha comunicado nada a la dirección autonómica. Y nada se ha debatido en el Pleno municipal.

Quien parece que será su máximo responsable, Manuel Marchena, el presidente de la Agrupación de Interés Económico, obtuvo la mayor cuota de pantalla de la cadena en su emisión en pruebas, con la continua repetición de sus comentarios, con anuncios de Lipasam de por medio. La Semana Santa del pasado año también acaparó la programación. Metro, Marchena y Pasión fue la triada capitolina catódica del primer día de «telemonteseirín», plataforma que será presentada oficialmente hoy a las 21:00 horas. Tal es la vocación de informar al ciudadano, que el ente se vuelca en ello sin inaugurarse siquiera.

La televisión local, no obstante, nace especializada en el misterio, y no sólo por la Semana Santa. Nada se sabe de su director general, de su consejo de administración, del presupuesto o de la cuantía por la cesión del canal 54. Según un expediente –que salió a concurso en el Boletín Oficial de la Provincia, dice Montaño; en ninguna parte, asegura el PP– resuelto este lunes a favor de TCM ,el coste de esta cesión televisiva alcanza los 59.950 euros.

Las preguntas que están en la calle a esta hora son: ¿para cuándo un «Barrio Sésamo» municipal? ¿Monteseirín se atreverá a explicar en un «Bricomanía» local cómo se hacen las setas de la Encarnación a escala y en plazo? Y ¿acaso las ruedas de prensa de la portavoz Montaño o de Mir sustituirán las libinidosas emisiones nocturnas? El tiempo, y las audiencias, todo lo pondrán en su sitio. La portavoz asegura que «será la cadena más legal de Andalucía». Al parecer, el humor será otro de los pilares de las emisiones.

jueves, abril 09, 2009

Villanueva o la victoria de los vencidos

La victoria de los vencidos siempre es más hermosa. En la vida, en ocasiones, pasan trenes que se cogen si estás en el sitio adecuado a la hora adecuada. En otras ocasiones, en la vida, si estás en un determinado lugar a una determinada hora, el tren del destino te puede llevar por delante. La historia de Javier Villanueva –y de quienes le rodean– es la de una persona arrastrada «al infierno» y «rescatada». Porque el infierno, o algo similar, «existe» y tiene localización física en el mundo: la prisión de Palmasola, Bolivia. Coordenadas: allí donde no hay presunción de inocencia, donde «hay que demostrar que no eres culpable y no al revés». Y donde la corrupción alcanza cotas insospechadas, «inimaginables» en un auténtico país democrático y «desarrollado».

La historia contada por Inma Portalo en «Javier Villanueva. La verdadera historia» es un ajuste de cuentas con la verdad y la justicia. La periodista recoge las vivencias del sevillano arrestado en Bolivia tras el asesinato, con un coche bomba, de la fiscal Mónica Von Borries en 2004. En ningún caso, se habló de «presunta implicación». Villanueva fue condenado en el momento mismo en que fue «secuestrado» por agentes de paisano. La tortura, tras la que confesó el crimen, y la muerte de Manolete si hubiera hecho falta, y el posterior proceso fueron un mero «trámite». Pero se cruzó «un padre coraje», cargado de razones y fe en su hijo. Y con él, toda la sociedad sevillana y española. «El libro es también una forma de agradecimiento a personas que se comprometieron», desde el rey a Baltasar Garzón, Bernardino León, Moratinos, Zapatero, su familia, los amigos...

En Bolivia, la ilegalidad se casó con el fraude, como si formara parte de una viñeta de El Roto. El libro sobre Javier Villanueva es «la crónica de tres viajes de ida y vuelta a Bolivia». El suyo, «el de un jovencísimo empresario que deja su Sevilla natal para hacer las Américas». El de su padre, «un cirujano que viaja para sacar a su hijo de una cárcel en la que le espera una muerte segura». «Y el de una periodista que acude a cubrir el caso» desde «el escepticismo» y la duda razonable, pasando por la fe – «El padre de Javier hacía creer en él»– hasta llegar «a la verdad», refutada con pruebas. «Mi primera preocupación era perder la objetividad», cuenta. «Una vez que tuve la pruebas de su inocencia, había que defender su libertad como una causa», concluye la periodista.

El primer año en libertad de Javier Villanueva ha estado dedicado «en parte a la demanda internacional interpuesta y al libro», a «contar lo que realmente pasó, con documentos, reforzado». Y a «rehacer mi vida y disfrutar de la libertad», cuya «ausencia» es «inimaginable», si no se ha vivido «cautivo».

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