náufrago de arena

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jueves, mayo 28, 2009

Crónicas de la Liga: Barcelona, o la creación del fútbol (en tres tiempos)


I. Hefesto en el Olimpo

El día en que se marchó del Fútbol Club Barcelona, Ricardo y Nacho lo dibujaron en un barquito (de cáscara de nuez) dejando atrás una gran nave, llevándose el timón. Igual que Hefesto, tuvo que irse del Olimpo. Porque la lucidez duele.

Tiene el frío de los que han vivido mucho -que ya decía Avicena que las vidas se miden por su intensidad, no por su duración-, pero su mirada fija, penetrante, irradia esquirlas de oro robadas del mismo infierno. De infierno amable. Tiene los ojos de Vulcano en la fragua y perfil de navaja buena. Irradia la naturalidad y la calma con que los líderes se mueven en medio del caos. Y tiene los pies en el suelo, aunque su material genético descienda del mismo Apolo, el que robó la luz a los dioses. “Yo tengo la obligación de saber el porqué de las cosas", dijo un día a sus colaboradores. Como en el campo, el eje sobre el que todo gira.

"Cuando las órdenes son razonables, justas, sencillas, claras y consecuentes, existe una satisfacción recíproca entre el líder y el grupo". Esta sentencia atribuida a Sun Tzu en el El Arte de la Guerra condensa el respeto de los campeones de Europa hacia Guardiola, al que tratan como a un hermano mayor.
El mérito es de él, dicen. “El entrenador nos ha hecho triunfar y somos esclavos de su credibilidad”, asegura Messi. Y él se quita de en medio y se quita el sombrero y dice que nones, que se siente “un hombre afortunado”, consciente de que –como Toni Nadal aconseja a Rafa Nadal- creerse superior por ser bueno dándole patadas al balón –o a una pelota amarilla con una raqueta de tenis- es tan absurdo como creerse superior por ser bueno jugando al escondite. Y es por eso que son superiores: porque saben que no lo son.

“Tres títulos a la primera es sólo para los elegidos”, le dijo ZP a Guardiola en su primer “éxito” como pseudoministro de Deportes. “No sé si podré estar mucho tiempo”, respondió Pep. Capricornio, obsesivo, perfeccionista. Perfecto. Se dignifica y dignifica a los que le rodean. En la sala de prensa, a cada plumilla llama por su nombre. Quiere saber todo. Conocimiento y respeto. Porque sabe que todo gira sobre él. Elegante y seductor, como Humphrey Bogart en un banquillo dándole una calada al tiempo.

Guardiola convenció a sus jugadores de que podían ganar todo el primer día que entró en el vestuario, llegado de la Tercera División del fútbol español. "Si me creéis, ganamos todo". Y ganaron la Liga de calle, exhibición en el Bernabeu incluida. La Copa del Rey, sacando el balón jugado en cada saque de puerta desde las esquinas del área. Y la Liga de Campeones, contra el equipo que nunca había perdido una final, el que dirige el mismo entrenador –Alex Ferguson- que llegó a Old Trafford cuando él era un recogepelotas que abrazaba a Víctor Muñoz tras alcanzar la final de la Copa de Europa contra el Gotemborg en 1986. La triple corona (de laurel). Los títulos quedan en los museos y las hemerotecas. El fútbol queda en la memoria.

“Dedico esta Copa al fútbol italiano y especialmente a Paolo Maldini, que no se preocupe porque tiene la admiración de toda Europa", manifestó Guardiola tras la final de Roma, donde jugó medio año y donde sufrió a Capello. Los mediocres temen a los machos alfa de la manada. Su sola presencia les asusta porque para ganarse el respeto de los compañeros sólo necesitan ser ellos mismos. Nada más. Está hecho de hueso y talento. Y eso da miedo. En Roma, siempre cenaba donde cenó por última vez Pasolini, en el barrio de San Lorenzo, que así se llama el sol y, como la cabra tira al monte, Prometeo tira hacia la luz. Restaurante Pommidoro. Cuando llegó a Italia, le vinieron a decir: dónde vas, canijo. El Pep acabó como capitán del Brescia, un equipo menor de gladiadores. Un Numancia en el que jugaba un niñodios, Roberto Baggio, que reconoce que Pep era el entrenador en el campo de aquella escuadra. El equipo se mantuvo en la Serie A.

A Pep Guardiola le gusta llevar a sus hijos al colegio cada mañana. Tras ganar la Copa del Rey o, antes, tras el partido del Bernabeu, los niños se asomaron por la ventana y empezaron a aplaudir. "¿Por qué aplauden, papá?", preguntó Màrius. “Porque están felices, hijo”. Prometeo le robó la luz –la felicidad- a los dioses. Y los niños aplaudimos. Es un enorme ser, Guardiola. Un misterio, Pep. Por las cuestas de Roma, donde dicen que conducen todos los caminos de la tierra y el Olimpo, se le ve desaparecer con su barba de siete días, cabalgando sobre una sonrisa. Igual que Vulcano, tiene la mano de Afrodita. En la ciudad eterna, conquistó la gloria y la memoria. Morituri te salutant.



miércoles, mayo 27, 2009

El brillo de tus ojos, pequeño resplandor,
es la simiente del sentimiento y tu sonrisa,
causa y efecto
de mi vida.
El brillo de tus ojos, pequeño resplandor,
detiene el tiempo
y rompe espacios,
lunas y soles
con tus silencios
como el latido sostenido del acordeón.

lunes, mayo 25, 2009

Como los panes y los peces

Como los panes y los peces, te multiplicas y estás en todo. Tu cuerpo se vuelve alimento y tus labios agua. Como el pan y los peces. La diferencia es que tú sí eres milagro y yo, como los panes y los peces, soy todo fábula, cuento, literatura. Tú eres milagro y yo soy una falsa verdad. Como los panes y los peces. Sólo eso tenemos en común.
Esperaré el momento en el que una voz me exhorte “levántate y anda”, para completar, para hacer verdad mi mentira.


domingo, mayo 24, 2009

Siquiera la palabra me acompaña
tampoco la pena y la nostalgia
siquiera la melancolía
tampoco el dolor,
el pesar, la agonía…
hay en mí un vacío escéptico
un no sé dónde voy
un no mirar atrás
un no sé dónde ir
hacia dónde mirar…
Hay una ausencia de paz
que mantiene en guerra
a todo mi yo…
Hay una duda
no metódica
sino existencial
y hay un torpe alma
que apenas sí
alcanza para un torpe caminar.




jueves, mayo 21, 2009

...porque a veces el que la hace la paga. (Y arrieritos somos y en el camino nos encontraremos).

La "justicia igualitaria" del liberalismo exacerbado, se llama la película.

Las consecuencias inmediatas de la crisis o "al carajo la hucha":

martes, mayo 19, 2009

veintiúnGramosDeAlmaAlMorir

La muerte llega y no deja indiferente. La muerte llega y deja los pies fríos, el cuerpo helado y los ojos vacíos. La muerte llega dejando soledad y pena y llevándose esos veintiún gramos que parece ser pesa el alma. La muerte llega y cuando se siente cerca, la impresión se nos queda de que se nos roba algo más, de que se nos mata el alma.
************Y apenas queda de nosotros
************una triste mirada,
**y unos pies fríos.
************Y la cabeza baja


Te ha pasado alguna vez que tienes ganas de llorar y no puedes y no sabes qué cosa quiere que llores porque hay demasiadas cosas por las que llorar? Te ha pasado alguna vez que te odies por no saber llorar? Te ha pasado alguna vez que tienes ganas de echar a correr y correr y correr y no parar? Te ha pasado alguna vez que sientes que te faltan las fuerzas para volar? Te ha pasado alguna vez que podrías gritar pero ni fuerzas tienes para gritar? Te ha pasado querer emborracharte hasta que todo dé vueltas y siga igual, porque sientes que todo ya da vueltas y no sabes dónde vas? Te ha pasado alguna vez sentir la herida de la vida que sangra a bocajarro? Te ha pasado que quieras mandar todo lejos o acostarte y no levantarte hasta creer que todo fue un sueño y que vuelves a un día, ese día, en que el sol amanecía tranquilo? Te ha pasado alguna vez no querer estar tan vivo?

lunes, mayo 18, 2009

La muerte

El tiempo es un dragón que susurra al oído: tempus fugit. Y la muerte, ese ultrasonido que no se escucha, ese color ultravioleta que no se ve, pero que está presente igualándonos a todos en la última hora de la verdad cuando emprendemos, desnudos, el «viaje a ninguna parte».
Hay quien dice que somos la muerte que tenemos. «Ayer nada, hoy poco más, mañana menos», sentencia Gracián en un terrible laberinto de tres cláusulas. Ayer, antesdeayer, quizás el otro, qué importa ya el día, murió Paquito (Fernández Ochoa), el hombre que se bebía a grandes sorbos la vida, el hombre de la eterna sonrisa. Ayer, antesdeayer, quizás el otro, sólo a él le importa el día, condenamos a la horca a Sadam Husein, el hombre que se bebía las vidas, el hombre al que no se le conoce la sonrisa.
«He tenido la suerte de que el cáncer me haya tocado a mí. Si le toca a un hijo, a un hermano o a mi mujer...estaría peor», decía Paquito, el único campeón olímpico español en Juegos de Invierno cuando aún competía en la «carrera de obstáculos» de la existencia. «Para nosotros la vida y para los enemigos la muerte», gritaba Sadam al conocer la sentencia a asesinato y por asesinato a la que ha sido condenado. Tan distintos e iguales en la hora final; ambos saben lo que es mirar a los ojos a la pálida dama. El caso de Paquito –inmenso en su diminutivo– resulta paradigmático porque él le ha aguantado la mirada. Y los ojos de la parca son oscuros y duelen. Paquito no temía a la muerte, temía la ausencia y que le quitaran la risa: «Lo primero son tu familia y tu trabajo y cuando haya que reírse que no te gane nadie». La sabiduría de la buena gente.
Pero la muerte corre más que uno, aunque vaya sobre esquíes, aunque sea buena persona. La muerte llega y no deja indiferente. La muerte llega y deja los pies fríos, el cuerpo helado y los ojos vacíos. La muerte llega dejando soledad y pena y llevándose esos veintiún gramos que parece ser, según la ciencia, pesa el alma. La muerte llega y cuando se siente cerca, la impresión se nos queda de que se nos roba algo más, de que se nos mata el alma. La muerte, la igualadora como la llaman algunos, eternamente enfrentada a la vida, como el haz y el envés de una hoja que arrastra el viento. Sadam hace tiempo que está muerto aunque siga en pie. Por eso, al condenarlo nos condenamos todos. Paquito –nacer incesante– siempre va a estar vivo. La muerte nos iguala, sí, pero la vida nos difer
encia.

sábado, mayo 16, 2009

Esta esquizofrenia razonada del alma (de mi alma); esta tormenta que no cesa y no para; este sangrar continuo sin derramar lágrimas; este insomnio; los demonios en el soportal de la escalera; los reproches ante el espejo; las preguntas guardadas en las esquinas de la nada; este desierto infinito; las señales que no son y los truenos; la ausencia de calma; las madrugadas que no acaban; esta locura que siento al mirar el abismo; el dolor inmenso de tu alegría vacía…
y el dolor profundo en los ojos de mi cara.*


jueves, mayo 14, 2009

Paco Cifuentes avanza hacia "La vida aparte"

El sadismo natural del ser humano, el humo negro del tabaco, una falda por encima de las rodillas que pasea por un rincón cualquiera de "esta Sevilla que ata y mata", que dice el poeta. Un fósforo en la madrugada. Paco Cifuentes, sevillano de polígonos, de donde la vida se consume con voracidad de calle, canta a las cosas de «esta raza de intemperies que es el hombre». «La vida» con notas canallas. Esta noche actúa en Malandar, a las 21:30, junto a Pepe Pulido, Jesús Lavilla y Milián Oneto. En la calle Torneo se bate el cobre con los temas de su disco «Adicto» -un álbum que crea adicción y cuyas letras cuentan con la caricia de Lara Moreno- y pinceladas del ya parido, de la mano de Joaquín Calderón, pero aún por nacer (a la venta en septiembre) «La vida aparte».

Dice Eusebio Poncela que «es muy saludable que un artista no sea aceptado inmediatamente». Quienes siguen a Paco Cifuentes por Madrid o Barcelona son legión. Cifuentes, que formó parte de los Cinco Tristes Tigres, es una institución del Libertad 8. «Nadie es profeta en su tierra», dice, sin prisas ni «hambre de éxito de masas», en lucha contra «la cultura del pelotazo». El todo vale. La comida basura. Los contratos basura. Los valores tirados a la basura. Paco Cifuentes prende su cigarro de liar de una calada y el humo surca la charla con formas tenues color primavera clara. Se acaba de pelar, porque su madre le dijo: «Niño, dónde vas con esos pelos y esa barba». Y donde va es a presentar sus temas, «la evolución natural» de un músico imprescindible y «ecléctico».


El juego de los ricos y los pobres

Me pregunto si hace 110 millones de años, que es el tiempo que tiene la tela de araña más antigua del mundo, ya había ricos y pobres. El número de “nuevos ricos” españoles dicen que aumenta. Y digo “dicen” porque jamás me encontré con alguno. Sin embargo, personas con agujeros en los bolsillos de los que nada puede caerse y con precipicios en el alma desde donde todo se ha caído encuentro a diario, empezando por el bufón canalla dormilón abajo firmante.
El guardián de Miraflores, que así le llamamos en la redacción, podría llevar perfectamente 110 millones de años aguardando el futuro. El guardián ayuda a aparcar los coches. Fue él, que es un pobre que está a la vista –o, mejor, su radio-, quien, involuntariamente, me dio a conocer el aumento de ricos en el país.
Las ganancias de esa lotería de mentirijilla que es la Bolsa o la revalorización de la vivienda están –supuestamente- detrás de este aumento de ricos que no se ven. Ahora que estamos ilusionados con el Mundial, resulta que nos metemos sin darnos cuenta entre los diez países con mayor número de grandes fortunas. También somos el país en el que circulan más billetes de 500 euros. Siete, creo, por habitante. Según lo cual, hay algún “listo” con 3.500 euros que me corresponden. Al parecer, hace también alguna semana, un banco de cuyo nombre no quiero acordarme “perdonó” gran parte de su deuda a un partido político cuyas siglas comienzan por P, acaban en E y tienen, entremedio, una S y una O. He pensado en pasarme por esta entidad financiera, a ver si me condona la hipoteca, por eso de que todos somos iguales. Igual de tontos, quiero decir.
Se acepta como normal que una serie de personas acumulen ingentes cantidades de dinero. También se acepta como normal que la mayoría de las personas apenas lleguen a fin de mes. La dinámica del sistema marca que si te toca ser rico disfrutas y si te toca ser pobre, te jodes. Y se acepta y se vive y así pasan los años. Unos juegan con las fichas de “listos” y otros jugamos con las de “tontos”. Hasta que un día, el bufón canalla dormilón del espejo te aguanta la mirada y te pregunta: ¿Por qué? Entonces se acaba el juego.




martes, mayo 12, 2009

tristeza vagabunda del alma
alegría taciturna de niño-dios
suspiro que se ahoga en el olvido
recuerdo de los días por/venir
nihil novum sub sole
nada nuevo bajo el sol
salvo una esperanza y un susurro
y una brisa y un latir de corazón

lunes, mayo 11, 2009

Diego y la mujer con vocación de ángel

Diego era, en palabras de la linda mujer con vocación de ángel, un ‘escribidor’.
Diego iba a tomar dulce café con leche a ese lugar cada día, a pesar de que todo había cambiado por una palabra: deseo.
Y la mujer con vocación de ángel dejó de mirar a los ojos del ‘escribidor’. Y Diego apenó hasta el punto de enfermar por la decepción y la tristeza. Enfermó de incomprensión.
A pesar de todo, Diego siempre que puede regresa a tomar café al rincón de la mujer con vocación de ángel. Aunque ahora Diego toma amargo café solo.


viernes, mayo 08, 2009

En amargo recuerdo

Empezó a tocar y, sin embargo, no sabía nada de piano. No sé si lo que tocó fue o no la nada. Mas sonaba como un te quiero. Despierta, gritaba. Despierta, que sin pintura no hay vida, decía. Que la ciudad se ahoga sin mar, cantaba. Quién lo va a pintar, quién lo va a firmar... Y el piano continuaba sonando. Y el alma cantando. No mueren así tus héroes, decías. Despierta, gritabas. Que no es hora de dormir, y menos por dentro, repetías. Y el piano, que no sabías tocar, también cantaba. Y yo ... yo lloraba.

sábado, mayo 02, 2009

El Real se hace mito borgiano (o Vitruvio en la Feria de Abril y Mayo)

El presente es tan poderoso en el recinto ferial que el pasado se ha perdido y, a veces, hasta se prende en una hoguera con las reputaciones. «La hoguera de las vanidades» reinventada. La portada de la Feria encendida.

Recorrer y sobrepasar el ecuador de la fiesta es hablar de excesos, del millón de visitantes, de calles con nombre de torero señero repletas de gente y casetas desbordadas de personas. El jueves de Feria -este año más aún por la celebración adelantada-se encuentran el que va y el que viene. El sevillano y el de fuera. Feriantes todos que hoy celebran su particular resaca en «la festividad del paro» -la jornada en rojo «robada» al calendario- y se toman «el trabajo» de volver al Real el 1º de Mayo, «que es fiesta».

El Ayuntamiento habla de que se están superando todas las cifras desde hace nueve años. Estas jornadas, el Real de Los Remedios se confunde con «el Aleph», el mito borgiano donde todos los acontecimientos del universo suceden en el mismo punto. Una Feria con atributos divinos, unicidad y omnipresencia, porque está presente en toda la ciudad. El centro está vacío. En Santo Domingo de la Calzada, no hay «señoras de la noche». Y no cabe más gente en las bocas del metro, que vomitan volantes cada cuatro minutos mal contados. Hay, incluso, quien habla del «mediometro», porque «el cacharrito no da la talla». O «del paraíto», no porque sea una infraestructura tímida, sino porque no hay semana que no eche «un ratito estropeado». El metro y «el gañote», figuras indiscutibles de la Feria de la crisis, en la que por olvido de la histeria de la Memoria Histórica, «El Bombita», con nombre tan bélico, aún conserva su calle en el Real. Rezan los taurinos para que ningún Bardem se haga torero.

Una caseta necesita 300 metros de estructura tubular y 250.000 acopladores para fijar los elementos. Aparte están otros tantos «acopladores». En este caso, los que cantan copla, que en la Feria se llaman sevillanas y tienen cuatro partes. La efímera sinfonía de la que sólo queda el eco de unas palmas, la guitarras, el taconeo. Cruce y vuelta. El vuelo de los volantes. Unos ojos negros. Porque es más sensual un escote de lunares que el semidesnudo de la samba brasileña. «Pero también me vale», que diría Silvio, el rockero. (Y el articulista, amén).

El origen de la salida de las cofradías está en Milán, en 1576. Una peste hizo al Papa sacar los santos a la calle. El génesis de la Feria de Abril está en 1847, en la feria del ganado. Con la peste de estos días, la nueva gripe, andan en el mexicano de Asunción «pelín mosca» y, con tanta bulla, al que ambienta no le sale la voz para su habitual cantar de Rolando, que así se llama el hombre.

En Pascual Márquez, 109, se arranca José Manuel Soto, náufrago de la Feria, mientras Sara, con su traje de flamenca rosa, se echa un rebujito entre el bullicio de la caseta de «Los del 907», disimuladamente. La pantera rosa por sevillanas. Igual que los zahoríes saben encontrar el agua, el feriante sabe encontrar el fino.

En Sánchez Mejías, 50, en «Los Palillos», Patricia estrena traje con el afán de sorprender a Juanito, aficionado a, «en llegando a cierto punto de la noche», hacerse con algún artilugio de ésos -flores o espadas luminiscentes- que venden los chinos, inventores de la brújula, la pólvora y la imprenta.

En la caseta de la Asociación de la Prensa, heredera de Gutemberg y «el chinaje», se hunde el tablao mientras bailan sevillanas. Metáfora de «la que está cayendo» en el sector y en el país y «lo que te rondaré morena».

En el Renacimiento, hoy sería la fiesta del «tripalium», que así se llamaba el trabajo y también un instrumento de tortura. El sevillano, que sabe latín, en Feria muta en hombre vitruviano, capaz de la cuadratura del círculo; de multiplicar el tiempo y las fuerzas para la fiesta y el trabajo. Ocio y negocio (nec-otium) unidos. El Renacimiento en Los Remedios. El feriante no acaba de morir y renace de los alberos de la Feria. Hoy y mañana y pasado sigue la fiesta. Renacer ferial. El domingo, fuegos. Y cenizas.



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