náufrago de arena

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Nombre: Miguel

viernes, octubre 30, 2009

Salvador

La mentira puede llevar al hombre muy lejos pero sin esperanzas de volver, que olvidar es como mentir al alma. Está manida la frase aquella de que “los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla”. Está gastada, pero es cierta.
Este país ha pasado del miedo a la vida al olvido de todo, a un casi nada importa, amnesia inducida. Y es cierto que la vida, a fin de cuentas, es lo único que importa. Pero la vida debe ser consciente. Lo contrario es una vida de mentira. Lo contrario es una mentira.
El asesinato de Salvador Puig Antich el 2 de marzo de 1974 en la cárcel Modelo de Barcelona revela el vero rostro del franquismo más allá de los seiscientos y retrata a un general que esa misma tarde –mientras el país y la comunidad internacional solicitaban un indulto- durmió la siesta como cada día.
Manuel Huerga lo cuenta en el filme “Salvador”. “Este país se ha olvidado muy pronto del franquismo y eso me da mucho miedo”, comenta; aunque, realmente, este país nunca ha llegado a recordar el franquismo, como si no hubiera existido. “Pocas veces en la vida tienes la sensación de contar una historia que debe ser contada”, decía, lúcida, sobrada de luz, Leonor Watling. Y pasa porque la verdad grita íntimamente en silencio y necesita ser contada. Por eso, la verdad nos hace libres y deja los pies fríos.
La Nueva Enciclopedia Escolar de Santiago Rodríguez para Iniciación Profesional, similar a la Enciclopedia Álvarez, con la que los niños hacían como que estudiaban en tiempos de la dictadura, define a Franco como un “militar glorioso”, un “estratega genial”, el “Caudillo que había de llevarnos felizmente a la total recuperación del territorio y del auténtico sentido de España”. Entre sus méritos, cuenta que creó “un Gobierno, ganó voluntades, fomentó entusiasmo, planteó batallas, dictó normas y creó vitales organismos”. Nada habla la Enciclopedia de muertes por garrote vil ni desaparecidos. Nada, por supuesto, de Salvador Puig Antich. Entre otras cosas porque Franco aún no lo había asesinado. Pero antes hubo otros “salvadores”, otros españoles que no se resignaron a vivir de rodillas, que se enajenaron del miedo, antes incluso del mismo Puig Antich. A casi todos los mataron. Y eso no sólo no se debe olvidar sino que conviene recordarlo sin revanchismo, porque perder, perdimos todos. De lo contrario, todos tendremos sangre en la manos y alzheimer en el alma.






eclipse

bajo la estirpe de la luna
************que mengua y crece
************que nace y muere
ahora nueva,
****************ahora llena
bajo el signo
de la constelación de Andrómeda.
************(pasajeros mortales de un momento eterno)
siento la fugacidad del tiempo
que me mata y me da la vida
(y me muere y me nace) y resucita
siento los rayos ponerse
y soy eclipse.


La discapacidad del alma

He contemplado más odios para toda la vida que amores eternos. He observado más eternidad en la rabia que en el cariño. He visto más pasión en la venganza que en la culminación del amor. Más veces llorar de pena que de alegría.

Me cuenta Marta Iglesias Márquez –experta en los entresijos de la psique humana y bendecida con una belleza que enloquece- que, en la mayoría de las ocasiones, estas actitudes responden a un único estímulo interior: el miedo. Miedo a querer. Miedo a entregarse. Miedo al desgarro. Miedo al abandono. Miedo, al fin, a la pasión, a la vida. Y me dice mi amigo Quintero –experto en el difícil arte de sonreír a la vida- que eso “es de tiesos”. Pero, claro, en las conversaciones con mi amigo suelen mediar varias copas de vino.

La mayoría de los que leemos estos renglones originalmente torcidos tenemos “casi de todo”: coche, vivienda, trabajo, familia… Al punto de avergonzarnos de no sentirnos plenamente felices. Y, sin embargo, tenemos una sensación de vacío, de ausencia de felicidad, de desgarro en el alma. Tenemos pero no somos, como eternos insatisfechos. Nos sentimos personas incompletas que andan faltitas de luz, ciegas de todo, discapacitadas de alma. En estas circunstancias, hay quien opta por arrancarse el corazón y “tirar pa’lante hasta que el corazón aguante”. Hay también quien cae en las aguas de la tristeza, como en “La Historia Interminable”. (Los últimos estudios dicen que la depresión afecta también a los bebés). Hay quien se ve obligado a tirar el corazón al mar para dejar de sufrir, que es dejar de sentir y, esto es, en el fondo, dejar de vivir. Y, entonces, se sobrevive.

Con todo, ahí seguimos: tristes, si estamos solos, faltos de abrazos, pequeños, desordenados… eternamente contradictorios. Y es que ansiamos eso que no tenemos y, al tiempo, dejamos a un lado cuanto se nos es dado. Somos, en cierto modo, condenados. Porque el que ansía algo más que el paraíso, vive en tormento, vive en el infierno. Entonces la vida recuerda a ese cuadro de Luca Signorelli (“El Juicio Final o Los condenados”) en el que se vislumbra a un bufón, entre las sombras, riéndose del llanto de aquellos que van a morir.

jueves, octubre 29, 2009

Ratones, gatos y peligros

“Enorme y triste parodia. Ni comedia ni bárbara”, apostilló Julio Cortázar -que nació el año de la I Guerra Mundial- al final del Águila de Blasón de ese genio bohemio con mirada de ratón espiguero que murió el año del inicio de la Guerra Civil y respondía al nombre de Ramón María del Valle-Inclán, residente arrendatario en la calle Melancolía, justo detrás del Callejón del Gato.

La ciencia ha descubierto que los ratones, algunos de ellos, han dejado de oler el peligro. Superratones sin dolor, sin conciencia en todo caso, “supermineralizados” y “supervitaminados”. “Basta desconectar unos receptores de la nariz para que el animal (…) se convierta en un valiente temerario”, dice la revista Nature. O en un cobarde, porque quien no siente miedo que superar no puede llamarse valiente ni puede aprender que nos caemos una vez y otra, y otra también, y una más, para aprender a levantarnos. “Natural”, dice el abuelo en estos casos.
No hace mucho tiempo, científicos de Cambridge descubrieron una mutación genética que evita sentir dolor a sus portadores. El descubrimiento podría ayudar, por lo visto, al desarrollo de analgésicos para el organismo y, en nada, en poco tiempo, iremos a la farmacia de guardia a que nos den un botecito de 250 mililitros de "Insensitive Siglo XXI" “pa’ tirar pa’lante hasta que el corazón aguante”. O mejor, vía anal, que, total, no duele.

Existen hombres en el mal llamado primer mundo que hace ya años que viven de espaldas a un sentido vital, a lo largo de los siglos, como el olfato. La insensibilidad general se ha impuesto, y ni lo terrible apesta ni lo hermoso emociona. Ni frío ni calor, cero grados, que decían en mi pueblo. En el pueblo de mi abuelo. Sucede que con cero grados hace frío y algo pasa cuando el mundo no tirita, cuando el ratón no huele el peligro y cuando el hombre no siente dolor. Algo pasa cuando ante estas cosas no huele a podrido.

Hay quien alberga semillas en el alma y hay quien guarda dinamita. En Finlandia, que debe caer más o menos como en el fin del mundo y en donde debe hacer una ‘jartá’ de frío, un joven de 18 años que había sufrido acoso escolar ha matado a ocho personas en un instituto –pum, pum, pum, pum, pum, pum, pum, pum, pum-, previo aviso por internet, ese mundo en el que se navega agarrado a la cola de un ratón (electrónico). Era buen estudiante, admiraba a Hitler y leía a Nietzsche. Probablemente, como sostiene Woody Allen, el muchacho se pondría a escuchar a Wagner y le entró un deseo irrefrenable de conquistar Polonia. Empezó por el instituto, armado como iba sin olfato para tener miedo ni sensibilidad para sentir dolor, y acabó con su vida.

En Sevilla, que según la poco viajada sensibilidad de algunos es el culo del mundo, una veintena de niños bien, hijos de abogados, toreros, artistas, se ensañaron con un chaval de 18 años que medió en una discusión. Lo dejaron tirado cerca de la Plaza de España, desangrándose. Era nadador, pero no volverá a nadar. Era una persona, pero la desconfianza y el miedo nunca se irán de su mirada. Se desconoce si los agresores conocían a Federico Nietzsche o a Richard Wagner o si escuchando a Siempre Así, el grupo por antonomasia de los sevillanitos, les entraban irreprimibles ganas de quemar Los Remedios.
El culo de laVenus del Espejo bien podría ser el culo del universo, analizando la mirada de los empleados del Museo del Prado, absortos mientras colocaban la obra procedente de la National Gallery de Londres. Y La Venus del Espejo de Diego Velázquez bien podría ser la vida misma pintada a retazos. Seductora y sensual. Enigmática e inquisidora. Traicionera. Sarcástica. Señora. Puta. Que sólo nos regala un reflejo y nos pierde entre sus curvas, haciéndonos sentir como pequeños ratones temerariamente sin miedo frente a un gato que, eternamente, nos acecha a través del espejo.

Cortázar, que tenía orejas de ratón y los ojos del gato de la Alicia de Lewis Carroll escapados del País de las Maravillas a través del agujero de conejo del espejo, lo apostilló al final del libro de Valle-Inclán. “Enorme y triste parodia. Ni comedia ni bárbara”. La vida.

miércoles, octubre 28, 2009

esta bofetada sin manos que es la vida;
este escalofrío en el desierto;
esta Babel llena de mudos;
este tirar pa’lante sin sentido;
este caer al suelo sin remedio;
esta soledad de uno mismo;
esta búsqueda de abrigo en cada cuerpo
(y tengo frío);
este veneno que no mata;
esta injusticia que asesina;
esta brújula sin norte;
este reloj de arena sin manecilla;
este silencio tan estruendoso;
este grito que no se escucha;
esta rima que no rima
(prosa en carne viva);
esta comisura que suspira
estos pulmones (bajo el agua) que no respiran;
estos ojos vacíos que te miran. *


Quiero conocerte, le dijo él a ella. Quiero conocerte y saber todo de ti y demostrarme que no eres un ángel para no enamorarme de ti, le dijo él a ella. Por qué, preguntó ella. Porque tengo miedo, contestó él. ¿Miedo?, interrogó ella. Miedo a quererte, a que no me quieras, a después olvidarte, a que me olvides… miedo a sufrir, respondieron sus ojos.
Entonces él la conoció y comprendió, poco a poco, que ella no era perfecta, que era humana, limitada.
Entonces, él se enamoró de su perfecta imperfección.

Y fue feliz.
**********Y sufrió.


martes, octubre 27, 2009

Caminos (Algún día tropezaré con ella)

Cada día subía a esa línea sólo para verla. Daba igual la hora que fuera. Quería verla. Vestida de gitana en Feria, o de gala para una boda. La primera vez fue en la circular que despierta en San Lázaro –“levántate y anda”- y culmina en Heliópolis, ciudad del sol. En la línea 6, un número que las ciencias ocultas atribuyen a la armonía y la perfección, comienza esta historia, o quizás leyenda, casi circular, como las líneas de autobús, pero con una tendencia, una querencia, en espiral, como las calles que recorre. Porque cada línea resulta un eterno retorno que, al fin y al cabo, es lo que significa la espiral. Ese día llevaba la cara lavada, el pelo suelto rizado y un vestido de flores que a la altura de los pechos dejaba entrever algo así como un sortilegio hipnótico. Su cuerpo desprendía colores y un aroma que supuso procedente de alguna alquimia hecha perfume. Ella se subió en Virgen de Luján. Él ya estaba sentado. Ella, aunque había sitios libres y rezó para que se sentara a su lado, se quedó de pie junto a la puerta de salida, junto a una barra de agarre que, por aquel entonces, se había convertido en el instrumento de gimnasia sobre el que las bailarinas desafían el equilibrio natural del mundo, el origen de las especies de Darwin, la ley de la gravedad de Newton e, incluso, la relatividad de Einstein. A simple vista, era alguien dotada del alma ingrávida de las mariposas. Como una bailarina sobre un escenario de tartán de autobús, danzando ante sus ojos al compás que el medio de transporte brindaba. Ella se bajó en Reina Mercedes. Quizás fuera a la universidad. Quizás fuera a hacer transbordo y montarse en otro autobús rojo para que otro mortal la descubriera bailando sobre el escenario de la vida. Era inútil tratar de seguir su rastro de perfume de azahar. Porque, de entrada, paralizaba y detenía el tiempo bajo el síndrome de Stendhal. A veces sus comisuras dejaban escapar una sonrisa, mientras tarareaba una melodía que era de cuna, porque, unida al ir y venir del autobús rojo, acunaba y mecía. Volvió a pedir a todos los dioses de los que alguna vez oyó hablar –a Cristo, a Buda, a Atenea- que por favor no fuera a la Delegación de Tráfico para algún asunto relacionado con el carné de conducir. Ante ese miedo, comprendió que lo procedente era rezarle a Afrodita y a Venus. Y esperar. Esperar para algún día encontrarla de nuevo –como así fue- vestida de gitana para Feria, de gala para una boda, de mantilla y pena negra en Semana Santa. Un día de abril acertó a descifrar que los autobuses rojos eran algo así como la pastilla roja que Alicia tomó antes de entrar en el País de las Maravillas. Y acertó a descifrar que aquella mujer de azahar debió nacer de las entrañas mismas de Sevilla y hasta quizás se llamaba Sevilla; y comprendió que, como las mariposas, las libélulas y las hadas, más allá de la luz no seguía ningún camino prefijado, sino que todos los caminos la seguían a ella.

lunes, octubre 26, 2009

El horror

“El horror es frío y reflexivo. El horror está ahí, en el mundo”, escucho a Pérez Reverte. Así ha sido siempre. Así es todavía. Desde la Guerra de Troya que narró Homero hasta las Torres Gemelas. Frío y reflexivo podría equivaler a cruel e inhumano. Frío y reflexivo jamás podrá significar casual porque la reflexión implica, necesariamente, previsión.
El mismo día en que el Parlamento de Canarias reclamó al Gobierno que la Armada blinde las costas y que la UE establezca un fondo de emergencia para hacer frente a “crisis humanitarias derivadas de avalanchas inmigratorias”, arribó a las “islas afortunadas” un cayuco de nombre Titanic con 78 inmigrantes a bordo. El horror, en ocasiones, se viste de un triste humor negro que no hace gracia ni a su puta madre. Presidía la proa del cayuco una lápida de madera escrita en caracteres árabes, como una premonición del destino.
Irónicamente, la mayoría de estos desheredados de la Tierra, hermanos del hambre, concluyen su odisea en un puerto llamado “de los cristianos”. En este punto se conjugan de golpe los valores católicos. Occidente pone la caridad, cura las hipotermias y manda poco a poco, que para el horror también hay lista de espera, al inmigrante de vuelta a la pobreza, de vuelta al horror. La fe y la esperanza corren a cargo de África, que Occidente ya es tierra de poca fe y mucha mala hostia.
Lejos del Puerto de los Cristianos, Benedicto XVI advierte a los polacos del peligro del nuevo enemigo de la Iglesia: el relativismo. El hambre –primera causa mundial de muerte- no es tan prioritaria para el Vaticano. Relativamente lejos de Polonia, en Cádiz, con el último ascenso del equipo, apareció por las gradas una imagen de Ratzinger con una bufanda del equipo amarrillo donde se leía: “Ese Cai, oé”. Me cuentan en La Caleta que es habitual ver a “Bebetinto XVI” – que así le llaman- por el Carranza, adaptando el mayor clásico del cancionero gaditano. Así, de igual modo, su homólogo vaticano parece que también ha hecho suyo, en sus mensajes semidivinos y pasteurizados, el eslogan gaditano en versión adaptada, olvidando que el horror es frío y reflexivo y sigue aquí cada día. “Esto es el primer mundo y aquí hay que mamar”, parece decir, rozado como está por el dedo que insufló de vida a Adán en la Capilla Sixtina.


Desnudos

Esta semana les tocó a los vecinos del madrileño barrio de Hortaleza, pero antes ya se desnudaron los bomberos de Cádiz, la Policía de Sevilla, jugadores de rugby y hasta el candidato de Ciutadants a la Generalitat, Albert Rivera. También es común ver a modelos medio en bolas en defensa de los animales y a los de PETA ataviados únicamente con un pañuelito rojo por San Fermín. Quizás pronto veamos un calendario de presidentes de comunidades autónomas para recoger fondos o reivindicar un aumento de sueldo, dado que –Esperanza Aguirre dixit– «cuesta llegar a fin de mes» y se echan de menos «las pagas extraordinarias» o para que el consejero de Agricultura y Pesca, Isaías Pérez Saldaña, pueda comprarse otro BMW pero esta vez sin que pertenezca al parque móvil de la Junta de Andalucía, que estamos que lo tiramos, oiga, BMWs a 12.000 euritos, «be water, my friend, be water»!
Un presidente autonómico cobra al mes lo que un ministro, es decir, alrededor de 9.000 euros, dietas no incluidas. Un consejero tiene en nómina lo que un secretario de Estado. Aguirre asegura que las declaraciones que se le atribuyen «están fuera de contexto». Saldaña reconoce que se ha equivocado y mantiene que ha subsanado el error y que el perjudicado es él «por tener que devolver el coche». El propio Chaves dice que se trata de una acción «poco afortunada» y parece que como el consejero no ‘dé bien’ desnudo en el calendario tiene los días contados.
Pero hay otros desnudos. Hay gente que se expone más regalando el alma que mostrando el cuerpo. Y ahí está la transparencia de personas como Fernando Fernán Gómez, capaz de captar la atención en toda una película con la sencilla verdad de un hombre en una silla; o de Luis Eduardo Aute, que deja el alma en cueros con sus nuevos poemas eternos: «A día de hoy/ podría decir/ que la sombra que arrastro/ se me escapa./ A día de hoy/ podría decir/ que perdí los tesoros/ de los mapas./ A día de hoy/ sólo puedo decir/ que la nada fue el fin/ de cada etapa…». Pero, claro, para hacer del desnudo forma de vida hay que tener mucho que enseñar, poco que esconder, y mucha belleza que mostrar.






El misterio de la política

Hay quien compara la política con el misterio de la Santísima Trinidad. Ambas tienen bastantes puntos en común: se basan en la fe y son, valga la redundancia, un misterio, algo ‘cuasiinconcebible’.
Doctores tiene la iglesia y médicos e inspectores de Sanidad tiene la política. Tal es el caso de Alfredo Sánchez Monteseirín. Cual Platón en su día, cual teólogo o filósofo, el alcalde de Sevilla inauguró esta semana la Avenida de la Astronomía y acabó su discurso –previa confusión entre los términos “astronomía” y “astrología”- diciendo: “Nosotros, los astronautas…”. Hay quien cree que don Alfredo dio un paso más allá en su afán por ocupar el hueco dejado por Martes y 13 en el panorama humorístico español. Más bien, Monteseirín reveló su concepción del misterio de la política. El ‘homo politicus’ es, según el darwinismo mesiánico de Monteseirín, un ser llegado de las estrellas, un elegido, la inspiración de Sting en su “Walking on the moon”. De ahí que los ciudadanos de a pie no entiendan, por ejemplo, cómo se puede acoger y organizar una reunión de la OTAN, por un lado, y subvencionar las protestas contra ella, por otro. Cosas de las estrellas.
Cuando Felipe González -alias Isidoro- defendía aquello de “OTAN: de entrada, no”, defendía también “y de salida, tampoco”. El eslogan socialista formaba parte de una parábola política. Por eso, los españoles –hombres terrenales, en su mayoría, y no de las estrellas- no le entendieron. Tan paradójico es el misterio político, tantas vueltas da la noria, que Javier Solana –otrora adalid del no (de entrada) a la OTAN- acabó como secretario general de la Organización del Tratado Atlántico Norte. El hijo pródigo, versión profana.
En una de estas vueltas de tuerca de la cosa política, la misma OTAN ha venido a Andalucía a una “reunión informal”, que en lenguaje de la calle debe ser algo así como “vámonos pa’ Sevilla, que hace buen tiempo y hay jamón”. Las bodas de Caná, a lo institucional.
Cerca de las costas de Mauritania, naufraga un barco negrero con 400 inmigrantes a bordo. Nadie les acoge, nadie les quiere, abandonados a su suerte. ¿Qué hace la OTAN, las fuerzas del orden encargadas de establecer la justicia y la paz? Reuniones informales con jamón. En el misterio de la política, es el juicio final.

















viernes, octubre 23, 2009

Días de vino sin rosas

Ahora que la Sorbona estornuda con la protesta estudiantil contra el plan de empleo del Gobierno de Dominique de Villepin, en España los jóvenes andan resfriados y con resaca tras la celebración, a pesar del mal tiempo, de macrobotellones a lo largo y ancho de la geografía. En Francia, protestan contra la implantación del Contrato Primer Empleo, el cual permite al empresario despedir durante los dos primeros años a los menores de 26 años. Hablan de un nuevo Mayo del 68 y cuidado, que lo de estos días ha sido sólo un aviso, una prueba. En España, dicen unos señores muy listos que se dedican a analizar las conductas y los quehaceres sociales que la celebración de macrobotellones responde a un sentimiento generalizado de protesta de la juventud española contra los precios abusivos de las bebidas en bares y discotecas. El lema de esta “revolución” es “a ver qué ciudad reúne a más personas” en torno al tótem formado por la litrona, el calimocho y el tinto con limón. La triada capitolina de la España postmoderna, ahora que la fe anda perdida en busca de pruebas.

Esos señores tan listos y con tanta razón olvidaron mencionar que el fin último -o penúltimo- por el que los jóvenes se van de botellón es "pillar cacho". Y protestar, se protesta. Cuando se acaba el hielo, cuando no te dejan entrar en la discoteca, cuando se pone a llover. Ojalá esos señores tan listos tuvieran razon y de verdad se protestara por algo (aparte del hielo y lo demás). Un poner: la precariedad laboral, como en Francia, que ya quisiéramos tener la mitad de oportunidades que los franchutes, iluminados por la Ilustración. El último barómetro del Observatorio Económico de Andalucía revelaba que el empresariado anda preocupado por la falta de personal cualificado. Uno, que leyó la encuesta en cuestión, cree que lo que realmente quisieron decir los empresarios es que, efectivamente, en la España mejor preparada de la historia es complicado encontrar a profesionales cualificados que trabajen diez horas diarias por mil euros al mes. No parece mala causa para una protesta. Evidentemente, los empresarios tienen razón, es complicado encontrar Einsteins a todo a cien. Pero, claro, los jóvenes andan de botellón y aquí nadie hace nada, sindicatos incluidos.

Ahora que Pedro Almodóvar dice que pagaría por poder creer y tener fe en cualquier tipo de dios, nosotros, los curritos de a pie, que no somos genios, nos conformamos con una excusa para poder creer en las gentes de este país más allá de la litrona; porque un pueblo que no lucha, que practica la filosofía del rebaño, que vive días de vino sin rosas, es evidente que no puede llegar - que no llega- más allá que a ninguna parte.



jueves, octubre 22, 2009

Las verdades del barquero

De niño enseñan a no mentir, a decir siempre la verdad. Pero es mentira, y sucede que uno va creciendo y se da cuenta de que la nariz crecer, lo que es crecer, sólo le crece a Pinocho. Entonces, se abre la veda y todo vale. «Mentira la mentira, mentira la verdad, mentira lo que cuece bajo la oscuridad», cantaba Manu Chao en su Clandestino.

Sólo hay que atender a los bonitos mensajes y balances de final de año. El personal vende una mimética sucesión de falacias y medias verdades desfilando tras una sonrisa, también falsa, por supuesto. El presidente de turno dice, conciliador: «Todo va estupendo». Y el político opositor, rostro serio, cejas juntas: «Todo es un despropósito; se ha perdido el tiempo; viene el fin del mundo».

Alguna vez, para variar, estaría bien escuchar un balance real, sincero, profundo. Escuchar decir «hemos hecho esto y esto, pero –cago en la mar salada– hemos fallado en esto y esto, y podemos mejorar e intentar equivocarnos menos este año». Y el opositor, con la mano tendida: «Presidente, no se preocupe. Ánimo, que aquí estamos pa’ lo que haga falta y todos juntos ya verá cómo tiramos ‘pa’lante’. Lo importante es seguir adelante». Aunque, claro, estos discursos corresponderían al mundo al revés o al revés del mundo, que no es lo mismo, pero es igual.

Lo vemos también ahora con la campaña por el Estatuto de marras. Unos dicen «sólo pedimos que se vote». Y otros, «la campaña es ilegal porque se pide el sí» con un lema que reza «Muy nuestro». Y argumentan: ¿Cómo no votar sí a un texto que es muy tuyo, muy de uno? Si el barquero, con sus verdades, fuera publicista y la mentira y lo políticamente correcto no cotizaran al alza en bolsa el eslogan habría sido: «Maricón el que no vote».

El otro gran poder de nuestros tiempos –de todos los tiempos–, la banca, deja ejemplos diarios: «Una sentencia declara nulo un préstamo bancario por publicidad engañosa». «Mentira la mentira, mentira la verdad...». Tan instalados estamos en el engaño que si nosotros mismos fuéramos sinceros de verdad jamás no iríamos de una sucursal diciendo «gracias» después de hipotecar y dejarnos robar el resto de nuestras vidas. Ya lo dice Caronte: «Maricón el que no mienta».


Todos a la cárcel

El aumento de cárceles implica necesariamente el fracaso de un sistema que, según se dice, se basa en la reinserción de la persona. No obstante, habrá quien defienda que el aumento de centros penitenciarios lleva consigo la afirmación implícita de que fue cierta la máxima de Hobbes de “el hombre es un lobo para el hombre”. Algo parecido podrá, pues, deducirse de los reformatorios, que también van en aumento y ahora son, en su mayoría, privados.

Los centros de internamiento de menores –las cárceles de los jóvenes de 14 a 17 años- están gestionados por asociaciones privadas en un 73 por ciento de los casos. En Madrid, el porcentaje se eleva al 83 por ciento. En Andalucía, asociaciones y fundaciones llevan el 94 por ciento de los reformatorios. Hasta 2001 todos los centros eran públicos. Entonces entró en vigor la Ley del Menor. La norma permite a las comunidades encargar la gestión de los reformatorios a asociaciones, esto es, fundaciones que suelen ser la cabeza de iceberg de una amalgama de empresas. La libertad gestionada por intereses particulares.

Cuenta el vocal del Consejo General del Poder Judicial Félix Pantoja que, cuando era Fiscal Coordinador de Menores de Madrid, leyó un anuncio en prensa en el que solicitaban educadores “para empresa en expansión”. La Fiscalía averiguó que se trataba de una asociación que gestionaba reformatorios. A este paso, habrá hombres que tendrán que ser catalogados como carroñeros junto a los buitres.

En España nunca se ha planteado privatizar las cárceles o eso se cree. Si bien, al ritmo vertiginoso de la economía de mercado no tardarán en aparecer trullos como centros comerciales, que el negocio está en innovar y delincuentes hay desde el principio de los tiempos, que a Cristo lo crucificaron con un ladrón a cada lado. Visión empresarial ante todo y competitividad, que son los valores que venimos mamando desde niños para pasar la semana trabajando de forma obsesiva y los fines de semana en los templos del Occidente moderno: los grandes centros comerciales a los que nos encomendamos en busca de la felicidad y regresamos con un televisor de plasma, un cine en casa, una playstation o un móvil de última generación. Un círculo vicioso que si uno no completa corre el riesgo de sentirse excluido, anómico, triste, solo, raro… un recluso, al fin, de este “sistema del desvínculo” que, como dice Edudardo Galeano, a muchos condena al hambre de pan y a muchos más condena al hambre de abrazos.

martes, octubre 20, 2009


Al final del desierto… estaba la noche.


*****Por los desiertos del alma se siente frío.
*****Por los desiertos del alma se oyen gritos
***que son cantos de sirena;
por los desiertos del alma por más que caminas,

como decía don Antonio,
**********************no hay camino.
Sin llaves, aire soy. Con los pies descalzos.
************Ay, aire soy al aire!
Y sopla el viento en el desierto negro bajo un sol
********gris de invierno que azota
un camino de hojas secas caídas de otoño.
*************************************Y sopla el viento
y caen las hojas.
*********************A mi pasar
caen las hojas de otoño
que eran de mayo.

*********************A mi pesar.
Por mi camino,
por el camino.
*****************Ay, aire soy al aire!



lunes, octubre 19, 2009

La luna es mía, porque siempre está conmigo.




domingo, octubre 18, 2009

frutoDelDeseoHijoDeMásAlláDeTuVientre

Que no hay belleza,
sin exceso.
ni poema y versos,
**********sin dolor, sin sufrimiento.
que no hay vigilia
**********si no hay sueño;
ni tampoco ojos
**********que te miren sin deseo.

Inocente corazón
********el que te mira y no siente.
mi alma es presa
********de los pecados capitales.
Inocente mi vida
y culpable mis sueños:
el fruto del deseo
hijo de más allá de tu vientre
******deseo
************deseo
*******************deseo.


viernes, octubre 16, 2009

Del abuelo o el milagro de la cafeína

El abuelo camina camino de los noventa años. Ochenta y ocho, creo que tiene. Quizás ochenta y nueve. Se enfrenta a los días con la certeza de que cualquiera de ellos se le puede acabar la vida; con la certeza del fin de los días; sabiendo que el momento ya, más que amigo, es traicionero. Pero no tiene miedo. Es natural, dice. Sólo le teme a una cosa, dicen sus ojos bañados en lágrimas. (Él, que nunca ha llorado). Que se le muera la abuela.
Últimamente, las madrugadas traen al abuelo pesadillas reales. Se despierta y los miedos le traicionan. A él, que no teme a la muerte, que ya le vio la cara en la guerra y la imaginó con el hambre de después del 39. La querencia o la conciencia de que cada minuto es otro epílogo -porque el libro ya está escrito hace tiempo- le hace pensar que la abuela, dormida, está muerta. La última noche, con el susto en el cuerpo, corrió a por un vaso de cocacola para que la abuela despertara de la muerte en que dormía. Milagrosa cafeína.
A la mañana siguiente me lo contó llorando. “Creía que se me moría”. Alguno de los dos tiene que ser el primero, le cuentan sus hijos, que son mis tíos. Y, otra vez, el hombre más fuerte del mundo demuestra que, en realidad, todo este tiempo no ha sido sino el más frágil del universo. Con los ojos bañados por el rocío de la madrugada, contesta: “Y qué voy a hacer yo sin ella?”.

PD: el abuelo tiene ochenta y nueve años, algunos meses menos que la abuela. Llevan juntos desde que tenían poco más de veinte y el siglo XX no más nacía.


esa luz de ese faro que sin saberlo estaba;
*******************esa morada/refugio

*******************sin puertas cerradas;
******************ese estoicismo eterno

cuando vienen mal dadas
(cuando la tempestad mata la calma);
******esa mirada tranquila

******de quien ha visto la nada;
esa palabra precisa,

ese aliento de confianza;
**************ese respeto a la vida marcado

**************con la luna azul en la cara;
esos conjuros al tiempo;

esa fe en las hadas;
**************…esta falta que me haces,
todavía (toda/la/vida), cada mañana.




miércoles, octubre 14, 2009

Humanista en Harvard, Ricote en Sevilla

Ya calza 78 púas y se marchó «obligado» hace medio siglo, pero conserva intacto el olfato de «hereje». Catedrático en Harvard y candidato al Príncipe de Asturias; humano, humanista e hispanista; discípulo de Américo Castro, maestro sin afán de crear escuela; fronterizo Hijo Predilecto de Andalucía; Francisco Márquez Villanueva pisa estos días el lugar en que nació, con motivo del Congreso de Directores de Bachillerato Internacional. De paso, de su boca surgen historias con iluminación de entierro que alumbran los pasajes más ocultos del pasado y un puñado de reflexiones de la educación que suenan a verdades como puños.

«El problema de la enseñanza es similar en todo el mundo». «El sistema es caótico». «La causa es el miedo horrendo de los políticos. «No hay que esperar a que vengan con recetas milagrosas». «Hay que enseñar a pensar por uno mismo». «Las máquinas de enseñar no funcionan jamás». «Hay que hacer una autocrítica profunda, caiga quien caiga, ‘a calzón quitao’» "La escuela ahora es un cuento de hadas comparada con la de hace 40 años". "Sí. Harvard ha sido una cuna de líderes, y también de algún hijo de puta". «Es algo obsesivo: vivimos en la sociedad más rica de la historia, con posibilidades para acabar con el hambre, la ignorancia y la enfermedad; y construimos miseria y más desigualdad». Palabra de Márquez Villanueva. Rebelión ante el «todo es accidental». Y un salmo pagano: «Creo en la labor del profesor y el alumno en el aula».

Y aunque las verdades parezcan patrimonio del barquero, Márquez Villanueva habla sobre la enseñanza con la autoridad de quien lleva toda la vida ligado a ella. «Me crié en un aula, como hijo único de una maestra». Después pasó por regional –Primaria, Secundaria–; preferente –la universidad–; y la Champions –Harvard, donde llegó tras ser «obligado» a salir de Sevilla en plena dictadura–. Igual que Ricote tuvo que dejar «la tierra que ama», como el personaje de El Quijote al que ha dedicado cientos de páginas y que representa la injusticia de la expulsión morisca en 1609. A Ricote, Sancho lo recibe con un abrazo, símbolo de la convivencia pacífica entre cristianos, mulsumanes y judíos. A Márquez Villanueva, la Hispalense siquiera le ha nombrado aún Honoris Causa. No es que no sea profeta en su tierra. No es docente en patria chica.

Entre sonrisas, tira de la manta de la historia: «Boabdil era tan español como Isabel, la católica». «Felipe II no ordenó la expulsión por miedo al fuego eterno». "Santiago es un mito". «Cervantes, un converso» que «dice sin decir», con «toreo de capa», una profunda crítica «contra la campaña propagandística del Duque de Lerma» que «ha regido la enseñanza» de la historia hasta ahora. Cánovas dijo en 1878: "Si no lo hubiera hecho el gran Duque, lo habría hecho yo". «Con los Reyes Católicos se impone Maquiavelo» y quedan fueran «españoles» que eran «ministros, artesanos, artistas, científicos, agricultores» y quedan mendigos, nobles, curas, que no dejan de multiplicarse. «El origen del retraso español» nace hace 517 años, cuando esta tierra, entonces de María Santísima, Alá y Yahvé, era el centro del mundo. Del conocido y del que estaba por conocer. «Con Maquiavelo se fulminan los derechos humanos». Hasta Rousseau y Montesquieu. Pero avisa: «La historia aún no ha escrito un capítulo de España sobre los Derechos Humanos». Molière murió sobre el escenario. Márquez Villanueva, fijo, morirá sobre la palestra. Por las alfombras de un hotel se le oye desaparecer, cual rocín flaco, en lo alto de una risa.

martes, octubre 13, 2009

Maradona y las estrellas; los mitos y las farsas

Cuenta ese hombre pegado a la melancolía que es Calamaro que Maradona «no es una persona cualquiera, es un hombre pegado a una pelota de cuero», lo cual no deja de ser una perfecta descripción física del «Pelusa». Escuché alguna vez a ese rapsoda del fútbol que es Jorge Alberto Valdano, con su eterna prosa poética, algo así como que «ser Maradona nunca ha debido ser algo fácil». Una noche de vino y rosas, preludio de cánticos y aleluyas por la senda de la Puerta de la Carne, me lo corroboraba ese pequeño mágico catálogo de seres y estares que responde al nombre de Lucas Haurie. Maradona es dios, decía, ante la perplejidad de los Reyeros, Murieles, Maldonados y demás periodistas de la vida presentes, todos ellos ateos en el difícil arte de la fe porteña. Y con todo, yo, que no creo en dios pero creo en hombres, respondí que Diego, más que deidad con cimientos de barro, es héroe clásico, cual Aquiles, con zurda mística e inmortal. Mitad divino, mitad humano. Como el de los pies ligeros, Maradona nació con el don de conquistar el cielo y cuantas copas del mundo hubiera querido ganar él solo, regateando cuanto inglés saliera a su paso, que aún podría estar regateando si quisiera, y con la tara de, a fin de cuentas, ser humano. De ahí la tragedia de la que hablaba Valdano: ser dios siendo hombre; asimilar desde que no eres más que un niño que has sido elegido para la eternidad; comprender que personas de la Argentina toda recorren el país en procesión sólo para contemplar al que dicen es el salvador del país; ser una persona normal sabiendo que todo el planeta te venera – «te quiero más que a mi hijos», le gritaban en Nápoles–; aceptar que allí por donde pasas, se instalan altares en tu honor … como si fueras Aquiles, como si fueras Maradona. Dice Eduardo Galeano en su «Bocas del tiempo» que «doña Tota llegó a un hospital del barrio de Lanús», con un niño en la barriga. «En el umbral encontró una estrella, en forma de prendedor». De una parte, mechero, de otra, astro. «De un lado de plata, de otro de lata». La estrella acompañó a doña Tota en el parto. El recién nacido se llamó Diego Armando Maradona. El mito murió con el último pitido del árbitro, cuando Diego dejó de ser un hombre pegado a una pelota. Ahora, el dios, el diez, la tragedia vestida de pensamiento mágico, deviene triste farsa catódica y mediática.



domingo, octubre 11, 2009

Explícame la noche

Explícame la noche,
***las estrellas, la luna, el silencio.
Cuéntame la noche.
***Dime qué cosa es. (Y me dirás qué /quién soy)
Explícame qué es la noche;
***su oscuridad, su luz ; su armonía, su paz.
Cuéntame la noche,
***la luna, las estrellas.
Descríbeme la anatomía del cielo.
Explícame la noche,
***las estrellas, el sol, la luna
**********************y el silencio.


La cárcel, entre "el cementerio de vivos" y "el camino sin retorno"

Igual que la mitología es la historia de mujeres maltratadas, la reincidencia, generalmente, es la historia de hombres sin recursos. El atracador fallecido en Nervión era un mecánico en paro y con problemas para pasar la pensión a su ex mujer. «La cárcel es un cementerio de hombres vivos». La frase es de Francisco Hag Petrovich, una de esas personas «institucionalizadas», en términos del filme «Cadena perpetua», que tuvo unos minutos de libertad catódica en el capítulo piloto de la segunda temporada de «El coro de la cárcel», esa serie que echan en el primer canal estatal.

El Defensor del Pueblo, José Chamizo, avisa de «la influencia del consumo de drogas en la actitud delictiva y pide más medios para mejorar los sistemas de rehabilitación y el seguimiento».

Las gentes que componen la fotografía de los centros penitenciarios de Sevilla son, en su mayoría, como en la serie, personas que «eligieron la opción equivocada». «O que no tuvieron otra opción», cuenta Virtudes García Acosta, delegada de Derechos Humanos de la APDH; «la hermana de Diamantino», que con sus cifras da sentido a las palabras de J. M. Coetzee. «Lo normal es la desgracia; y lo accidental, la chispa, el optimismo y la sonrisa permanente». El libro se llama «Desgracia».

Las estadísticas son frías como una cara de póker tratada con bótox: el 90% de los presos es pobre; el 75% es drogodependiente; el 60% tiene enfermedades como la hepatitis o el sida; el 40% padece trastornos de personalidad; y muchos son analfabetos. «La cárcel no reinserta. Es un camino sin retorno», defiende APDH. A la pregunta «¿endurecer el Código Penal?», inquiere: «¿Más todavía? Vender en el top-manta son dos años de cárcel». «El preso se reinserta, pero en su entorno del Vacie o las Tres Mil, con una pensión de 300 euros que no llega hasta que pasan dos o tres meses», recuerda Virtudes García.

De zonas conflictivas algo sabe Jesús Maeztu, el Comisionado para el Polígono Sur, que receta «apoyo familiar y cambiar de entorno». Maeztu resalta la labor de asociaciones como Saqueo y de las parroquias. «El convicto tiene que tener cariño. Y ayuda colectiva», dice. Como en las series de la televisión.

miércoles, octubre 07, 2009

Las lágrimas de Boabdil

“Iba solo y despacio Boabdil en Granada,/ en un silencio triste, muy despacio he dicho,/dando vuelta atrás con la vista,/ haciéndose lejos, hacia las grandes dunas”, escribe Juan José Téllez. Y cuenta la leyenda cristiana que, ante las lágrimas vertidas por el último rey nazarí de Granada, su madre, Fátima, le dijo airada: “Llora como mujer lo que no supiste defender como hombre”.
La historia y las leyendas las cuentan los que ganan, esto es, los que más matan. Lo más absurdo y triste de este macabro juego es que, históricamente, organizan las guerras y cuentan las victorias los mismos, mientras también morimos los mismos y acabamos siempre llorando los mismos, los nadie. Juegan los reyes y morimos los peones. Los blancos y los negros. Así, cuando se habla de Reconquista en vez de Conquista también muere la memoria, igual que cuando se habla de evangelización o colonización de las Américas en lugar de, simple y llanamente, ocupación.
En la capital del imperio norteamericano, José María Aznar reniega del pasado y pregunta por qué los musulmanes no se disculpan por haber ocupado España ocho siglos, utilizando la poderosa arma de la desmemoria. Aznar sabe que los romanos estuvieron en la península unos cinco siglos y los visigodos tres. Aznar tira de olvido como si España sólo fuera heredera de estos pueblos, avergonzándose de la herencia musulmana que nos convierte en el eslabón perdido entre Oriente y Occidente, en el necesario punto de encuentro entre Norte y Sur. Y éste es el mismo Aznar que presumía con Clinton tiempo atrás de los atardeceres en la Alhambra.
Los musulmanes, los moros, estuvieron en la península ocho siglos, convirtiendo Al-Andalus en la cima de la cultura europea. Y ocho siglos no son tres días para hablar de ocupación y de pedir perdón. Cuando una cultura pasa ocho siglos en un lugar, la tierra y el hombre se confunden y son la misma cosa.
A orillas del río Guadalquivir, metáfora de la riqueza cultural y la vida de esta tierra, cerca del puente de Triana, hay una escultura de Chillida que rememora los siglos de convivencia en la península entre cristianos, musulmanes y judíos. Quien hace uso de la desmemoria, mancha sus manos y su conciencia con sangre. Y como decía un sabio cristiano viejo, don Miguel de Unamuno, “vencerán pero no convencerán”. Así, podrán contar que Boabdil lloró como mujer lo que no supo defender como hombre, pero, íntimamente, todos sabemos que el último rey nazarí simplemente lloraba por verse obligado a partir de casa.






sábado, octubre 03, 2009

El pez golfar

Las vacas se vuelven locas; los pollos se resfrían; y los mismos peces que en navidad beben y beben y vuelven a beber, resulta que en verano muerden en el agua. Que me cuenten cómo le explico a mis sobrinas que Nemo sigue siendo bueno, que no es el responsable de que una niña esté ingresada por el ataque de un pez golfar, palabra que debe ser al lenguaje de los peces lo que el adjetivo “postmoderno” al hombre actual. Esto es, o muerdes o te comen.

Las vacas se vuelven locas; los pollos se resfrían; los peces muerden; y el hombre arriesga y extermina miles de vidas para buscar “armas de destrucción masiva” que resulta no existen o no se encuentran o, en otros casos, para derrocar a tiranos dictadores que nosotros mismos colocamos no hace demasiado tiempo, que la memoria a veces dura lo que la erección a un eyaculador precoz. Muy poquito. No, que a mi no me pasa. No, que eso es mentira. No, que no fue por las armas, que fue por dinero. Ah, pues dilo, coño, que lo sabemos todos. Es que o muerdes o te comen.

Las vacas se vuelven locas; los pollos se resfrían; los peces muerden; el hombre invade países y mata por dinero; y los presidentes de Gobierno –léase Ansar, escríbase Aznar- trabajan para multinacionales de la comunicación, en unos casos, o juegan al Risk y a firmar la paz con asesinos terroristas, en otros –léase Rodríguez, escríbase Zapatero-.

Por si todo esto es poco, Superman está muerto y acabó tetrapléjico, por más que se empeñen en resucitarlo los de la Warner; los payasos de la tele –mitos de nuestra infancia- reconocen en programas de corazón –de corazones destrozados, quiero decir- que son alcohólicos y que se boicotean entre ellos al punto que ahora al cómo están ustedes responden “jodidos y jodiendo”; y Zinedine Zidane, insigne caballero del balón en los pies, vip vaporups (¡viva!) en el pecho y lúcida calva, resulta que es humano y si le mentas a la madre y a la hermana le sale el animal depredador, el pez golfar, que hasta los hombres con mayor proporción de cromosomas divinos llevan dentro. O metes cabezazos en el pecho o te matan, creo que le dijo a Materazzi.

Así, se nos van cayendo los mitos uno a uno y se nos queda el alma como cuando contemplábamos a Indurain desahuciado y sin fuerzas en su último Tour, que igual que los ricos también lloran, los héroes también caen y con ellos nuestros sueños e ilusiones de que ellos son lo que nosotros no hemos podidos ser. La decepción llega al comprender que son como nosotros. Muy poquito, como la erección del eyaculador precoz.Y podría ser peor, podría dejarte la mujer a la que amas. O podría haberte dejado ya. Lo dicho, como el pez golfar, o muerdes o la vida te come.




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