náufrago de arena

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Nombre: Miguel

lunes, noviembre 30, 2009

y si vienes, no traigas nada… sólo tus sueños.
Si vienes, ven desnuda de equipaje,
trae tus lunares y tu cuerpo.
Si vienes, no digas nada,
sólo abrázame como si te estallara
una supernova dentro.
Si vienes… llévate la noche.


Los hermanos Calatrava

Sucede que la cosa política viene a ser algo así como los hermanos Calatrava. Por un lado, tenemos al feo y, por otro, tenemos al más feo todavía, esto es, al horroroso. Ocurre que, al lado del segundo –el que se da un aire a «Morritos» Jagger–, el primero puede pasar, con dos copitas de más y en un día bueno, por guapo. Y resulta que no, que es mentira; como la política; como el arte de engañar sin que se note; de prevaricar sin que se vea; de malversar en álgebra, que «comisión» rima con «campeón» y con «ladrón», por mis cojones que rima con «ladrón». «Dame un terrenito aquí, toma un dinerito allá y aquí paz y después gloria, Urbanización La Gloria», dijo el constructor al concejal.
Estos días se ha dejado sentir el temporal político. El Tribunal Constitucional, de entrada, ha dicho que nones, que la deuda histórica viene a ser lo que se contaba por las noches a los niños al dormir (ahora se pone un deuvedé de Disney): un cuento. Ocho años estuvo Chaves peleando con Aznar; y Aznar con Chaves; y Chaves con Arenas; y Arenas con Zarrías. Ocho años estirando un cuento, cual cuarteto Calatrava. Ocho años, al fin, de política Calatrava.
Estos días, en Sevilla, el edil de Presidencia, Alfonso Rodríguez Gómez de Celis y tiro porque me toca, ha recordado a IU aquello de «la parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la primera parte...» porque el Ayuntamiento recibe a la OTAN, por un lado, y, por otro, su socio de Gobierno monta un festival contra la Organización del Tratado del Atlántico Norte. ¿Esperando a Godot? No, esperando a los Calatrava brothers.
También en Sevilla, el candidato popular, Juan Ignacio Zoido, se ha dado un paseo por un barrio marginal. Casualmente, llevaba un pala y, por las cosas del azar o el destino, ha limpiado nueve toneladas de basura. Falta decir que estamos en época pre-electoral para entender el silogismo. Las malas lenguas ya dicen que Zoido va a fundar una empresa: Calatrava de Limpiezas y Contratas.
Hay quien defiende que tenemos los políticos que merecemos. ¿Y usted con quién se queda de los hermanos Calatrava, con el feo o con el todavía más feo?




que dios os pille confesados

Que se lo digan a la madre a la que se le muere un hijo. Que se lo digan a la hermana a quien se le muere un hermano. Que se lo digan, si quieren, a la santísima Macarena y al Cristo de las Tres Caídas o al de los gitanos. Que lo digan en verso o en prosa. Que lo digan cantando. Con un coro de eunucos detrás. Con ropa interior de encaje bajo la sotana, o a lo comando. Que lo digan mirándome a los ojos. Que lo defiendan en sus pregones de Semana Santa, con nazarenos y nardos. Que lo repitan y sigan blasfemando desde su púlpito de piedra y mármol.

La Conferencia Episcopal Española critica la selección de un embrión in vitro que ha permitido el nacimiento de un bebé libre de una grave enfermedad hereditaria y capaz de curar a su hermano enfermo mediante el cordón umbilical. El milagro pagano de la ciencia, en un hospital con nombre de virgen. El milagro de salvar a un niño que se muere y a otro que se va a morir.

Los obispos –dechados de generosidad, bondad y sabiduría; por no hablar de sus grandes sueldos, los coches oficiales y su séquito- defienden que “se ha silenciado el hecho dramático de la eliminación de embriones enfermos”. El hecho dramático… A tomar por culo los embriones y las células, y no los obispos con ellos, porque a más de uno le gustaría, pues son unos señores muy sacrificados.

Vaya por delante todo el respeto, que es ninguno, que me merecen estos señores –dechados de generosidad, bondad y sabiduría; por no hablar de sus grandes sueldos, los coches oficiales y su séquito-. Vaya por delante la pleitesía, que es ninguna, que promulgo para con unos señores que prefieren el sufrimiento a la dignidad, pero que suavizan la muerte de su santo papa polaco Wojtyla, en nombre del santísimo sacramento de “yo soy cascarón de huevo”. Vaya por delante toda la cortesía, que suma cero, que me merecen estos pocos señores que dicen defender la vida sobre todas las cosas, pero que a muchos condenan por el uso de preservativos entre sus fieles muertos de Sida. Vaya por delante mi admiración por unos señores que de austeros que son no piensan en vender una de las columnas de Bernini para acabar con el hambre así en la Tierra como en el cielo.

Leo al cardenal arzobispo de Sevilla, monseñor Carlos Amigo Vallejo, que se supone que es de lo más moderadito entre los purpurados con sotana, decir que “la Iglesia apoya a la ciencia, y mucho”. Lo que pasa es que “la ciencia toma el camino más corto”, que es “utilizar humanos para curar humanos”. “Perdónales, señor, porque no saben lo que hacen”, dicen que dijo Jesús en la cruz.

Escuchando a estos señores respetables -dechados de generosidad, bondad y sabiduría; por no hablar de sus grandes sueldos, los coches oficiales y su séquito-, sus palabras, que son la ley, me recuerdan a la declaración de dos jóvenes encarcelados junto a un tercero, menor de edad, por quemar viva, y matar, a una vagabunda que dormía en un cajero. “Sólo la estábamos asustando porque olía mal”. Un argumento tan racional y humano como el que utilizan estos señores respetables -dechados de generosidad, bondad y sabiduría; por no hablar de sus grandes sueldos, los coches oficiales y su séquito-.

Si de verdad existieran los milagros con los que se lucra la iglesia, modelo Virgen de Fátima, el Cristo de cada iglesia levantada en el mundo debe llorar de vergüenza y rabia, por esos señores con falda a los que besan los anillos, pero sin alma. Uno de los mandamientos de la Biblia sobre la que juran y perjuran dice “no matarás”. Estos obispos matan a diario, con sus palabras, porque, como bien defienden, el pecado puede ser por acción o por omisión. Ojalá, como su papa Ratzinger vuelve a sostener, exista un cielo y un infierno, y ojalá exista un purgatorio. Si es verdad, como decís, que el dolor purifica, ojalá tengáis una dulce y eterna purificación, eminencias, monseñores, excelencias. Algunos gritos del más allá, en ese caso, se van a oír aquí, en el reino de los que tenemos alma, hermanos, hijos, padres y madres y no queremos que se nos mueran o que nazcan muertos en vida.

Por eso, que se lo digan a la madre a la que se le muere un hijo. Que se lo digan a la hermana a quien se le muere un hermano. Que se lo digan, si quieren, a la santísima Macarena y al Cristo de las Tres Caídas o al de los gitanos. Que lo digan en verso o en prosa. Que lo digan cantando. Con un coro de eunucos detrás. Con ropa interior de encaje bajo la sotana, o a lo comando. Que lo digan. Que lo repitan y sigan blasfemando desde su púlpito de piedra y mármol.

Pero, sobre todo, mientras se cumple su justicia divina, que lo digan ante un juez, porque, vosotros, justos señores con sotana, eminencias, excelencias, monseñores, ungidos por la gracia del Yahvé justiciero del antiguo testamento, que no tiene ni puta gracia, quemasteis a personas inocentes no hace tanto tiempo por mucho menos. Y que dios os pille confesados. Amén.

viernes, noviembre 27, 2009

Abismos

*******************************cuando se siente el abismo tan cerca,
*******************************uno siente la tentación de caer en él,
*******************************de poner fin a la espera,
*******************************de ser abismo.


I
Como cada día a la misma hora de cada día, abrió el diario, con el café en la misma taza de cada día, y comenzó a leer, como cada uno de sus días, por la página, gris aunque negra, de las esquelas de aquel día.
No hay testigos para saber si parpadeó una, dos, tres o cien veces. El hecho es que el tiempo pareció detenerse; la brisa pareció detenerse; el humo del café también pareció detenerse; y hasta se llevó una mano a la altura de donde dicen que está el corazón, por si al sístole no respondía un diástole y le había dado también por detenerse.
Eran las 9:37 de la mañana. Bajo una cruz –sencilla pero solemne-, una serie de letras estilo arial –sencillas, solemnes, serias y claras, a la vez- que una tras otra componían su nombre.
“Carajo”, se dijo.
La vida es una bofetada sin manos. Los ríos que van a dar a la mar, Manrique y esas cosas. Etcétera... “Una muerte tan escondida que no te sienta venir”. A esto debía referirse Santa Teresa, imaginó, aún con los primeros bostezos de la mañana e ignorando que los muertos leían la prensa y hasta podían bostezar.
La muerte, el anuncio a dos módulos de una esquela en el periódico.


II

Toc, toc, toc. Será Caronte, desdentado y barbado, pensó. Toc, toc, toc. No, Caronte no puede ser. Dónde iba a aparcar la barca. ¿En la zona azul? No, Caronte no puede ser, reflexionó.
Toc, toc, toc. Pues será el señor Scrooge, pensó. Se supone que estoy muerto, musitó. Lo dice el periódico, murmulló. Lo normal, así lo escribió Dickens, es que algún tipo de fantasma, más o menos perverso, más o menos siniestro, me lleve en viaje astral por los recovecos de mi conciencia, se dijo. Pero no era el señor Scrooge, lo que le hizo descartar –siempre se le dio bien la lógica deductiva, así lo reflejaba su esquela- que aquello fuera un cuento de navidad de Dickens. Al fin y al cabo, ya era noviembre y empezaba a hacer frío.
Toc, toc, toc. Volvieron a llamar. “Se que está ahí”, escuchó. Era mucho peor que un fantasma tenebroso. Era el señor Braun. Su casero, que no venía a redimir los pecados cometidos. Venía a recordarle que le debía varias mensualidades del alquiler de la buhardilla que habitaba y había visto en los papeles que era un hombre muerto. Como no me pagues monto un pollo en el entierro, le advirtió. A lo que el hombre (muerto) respondió con una serie de incontables parpadeos –el tiempo transcurre de otro modo en el otro mundo- y la cara pálida –al fin y al cabo, era un muerto, y no se recuerdan muertos morenos-.


III

Fue a su propio entierro. Recibió –con afecto y perplejidad- el pésame de sus allegados. Pensó en emular “El grito” de Munch, pero finalmente optó por ser como “El Silencio” en La Campana.
Te acompaño en el sentimiento, le decían algunos. Espero que hayas arreglado lo del alquiler, le sugerían otros. Hasta que llegó un momento en el que el soniquete le hizo abstraerse y pensar. Y pensar. Y pensar.
¿Existiría el limbo? ¿Iré al paraíso? ¿Hay un cielo para españoles y otro para franceses? ¿Estaremos todos mezclados y, si es así, cómo nos entenderemos? Qué más da, si estamos muertos. Se preguntaba y se respondía, mientras seguían llegando los pésames. Y recordó aquello de Roberto Bolaño: “Acercarse o alejarse del infierno. A eso se reduce todo”. Puede ser que el infierno sea habitable, igual que los testículos de cerdo son comestibles. Simple cuestión de gustos, reflexionó.
A las puertas del camposanto había una cabina de teléfono, en la que un allegado preguntaba por Pedro. “Coge las llaves, no las olvides, están encima de la mesa”, escuchó. Lo que interpretó como que uno de sus familiares tenía mano con San Pedro y trataba de ahorrarle tiempo de purgatorio, o de donde fuera, facilitándole al santo, conocido por su mala cabeza, el hallazgo de las llaves de allá adonde supuestamente iba a ir. A ninguna parte, de momento.
“Te acompaño en el sentimiento. Espero que hayas arreglado lo del alquiler”.


IV

No sólo acudió a su entierro. No sólo aguantó estoicamente la batería infinita de pésames y advertencias sobre la importancia de tener el alquiler al día antes de morirse. Además, el hombre (ahora muerto) acudió junto a sus amigos y allegados a emborracharse. Él se pidió un Martini. Pidió un canapé de lo que tuviera, por aquello de los 21 gramos que dicen que pesa el alma y se pierden al morir. Veintiún gramos arriba, veintiún gramos abajo, no se van a notar, se dijo. “Además, me temo que mi alma era flacucha. Ya me lo decía mi madre”. Poco importaba si al día siguiente tendría mal cuerpo. Un día es un día. Carpe diem, se dijo. A lo que un amigo de la infancia respondió: “Hakuna matata; don’t-worry-be-happy”. Para después añadir: “Perdona, es que estoy quedando con tu viuda novia. No te importa, ¿verdad?”.
Ante semejante panorama, decidió poner todos sus sentidos en lo que le decía otro amigo, tan afectado que, al parecer, comenzó la ronda in memoriam del fallecido con varios tragos de lo primero que tenía a mano. A saber, un frasco de Massimo Dutti. Sabía a rayos, pero olía fabuloso. A esa hora, tras el choque de ver la noticia en las esquelas del periódico, la parafernalia del tanatorio y el entierro, ya se había pasado a la ginebra con lima. El aliento, no obstante, seguía oliéndole a Massimo Dutti. “Bebe y olvida, pare”, le dijo al fallecido. “Pero si yo no tengo nada que olvidar, pare”, respondió el protagonista de la esquela, aunque en realidad toda su vida -y ahora, en toda su muerte- deseó tener la memoria de un pez.


V

“La muerte es ese color ultravioleta que no veo, ese ultrasonido que no escucho”. A esto debía referirse quien quiera que escribiera eso. “Aunque yo añadiría: la muerte es una esquela en el periódico”, apostilló. Se quitó las ropas de luto negro, al fin y al cabo, venía de su propio entierro. Él, que alguna vez imaginó morir como Lorca. No tanto fusilado, sino con un banderillero anarquista a cada lado y un maestro. No somos nadie, se dijo. “He venido aquí para morir, pero no para estar muerto”, le dijo su rostro ante el espejo, con la callada tristeza del silencio de fondo; el deseo contenido en el cerebro; los nervios a flor de piel; y un eco lleno de misterio. Y se fue a dormir, con la esperanza de que todo aquello fuera un sueño, un mal sueño de anticipado invierno negro. Y que al despertar y revisar las esquelas de aquel día, no estuviera su nombre entre el listado de recién reclutados por la pálida dama. Consiguió dar alguna cabezadita y permaneció un largo rato en duermevela, escuchando el camión de la basura debajo de su ventana. Era definitivo y no parecía que hubiera vuelta atrás. Quizás al tercer día. Pero es ahora y desde las 9:37 de aquel día de noviembre, se dijo, soy un muerto. Otro muerto entre no-vivos y vivos rutinarios. Uno más de tantos que hace años que dejaron de ser niños y cuya principal preocupación es pagar el alquiler. “Vivió pagando y murió debiendo”, se leía en su nicho.


jueves, noviembre 26, 2009

Tiene ojos de gata y, a veces, se pinta bigotes de Dalí. La conocí en mayo, junio, julio o agosto. No lo recuerdo. Recuerdo que era en la Alameda. Y que llegué tarde y ella se fue a por unos zapatos que, aunque un número menor, se llevó puestos. Paco Cifuentes me esperaba, cigarro en mano, en la barra de algún bar con un té, o algo parecido. Ella también llegó tarde. En un mundo donde al dios le llaman foco, ella porta encuadres de Polaroid y domina la alquimia de convertir al hombre antiadherente y esquivo en un hombre autoadhesivo y cercano. Y el arte de crear localizaciones imposibles sacadas de la chistera. Es una enorme artista, Petit Ruiseñor (sí, en parte por Joselito, “el niño pegado a una cabeza gigante”); con sus reminiscencias parisinas, su aire a Èdith Piaf y su universo trufado entre su niña Lía –que en realidad es ella misma-, La Naranja Mecánica, The Rocky Horror Picture Show, Jodorowsky, Peter Sellers, Silvio Fernández Melgarejo, el rockero, Pingu, Federico Fellini, Igor –cojones-, la bruja Avería, David Bowie, Madamme Tourbelle, Rayuela y un gato negro. Como los acróbatas del Circo del Sol que dibujan en el aire maniobras y formas imposibles, ella fotografía desnudos y retratos bajo el tamiz de unas medias de encajes. Sus ojos –la parte más evidente del cerebro- saben que la belleza es cruel. Y ella retrata la cruel belleza bajo la pátina de un tiempo eterno, un pasado que no ha llegado, un futuro que quedó atrás. El retrato de Dorian Gray. La cámara sacada del averno. Entrevista en el purgatorio o Kitchen art en la frontera entre la realidad y el deseo. Gasta formas rizadas color invierno y convierte a quien atrapa en un personaje sacado de La Melancólica Muerte de Chico Ostra de Burtom. Sí, es una enorme artista Petit Ruiseñor. Un misterio, Eli Ramos, con esquirlas de cielo, purgatorio e infierno tras sus pupilas. Pero de infierno amable. Cazadora de sueños. En una vida pasada o en una vida por venir fue o será gato. Gato negro. En ésta es fotógrafa. Pero, en realidad, no hace fotos; captura almas. En realidad, es mil y un seres y estares más. Esta semana me enseñó su último vídeo, para el grupo Bardo Amour. Le dije que a quien no le guste, es que no está vivo. Ante ella, la única pregunta posible es, a lo barroco: ¿Cuál será la siguiente vuelta de tuerca al absurdo compás metódico del mundo? O, mejor, como decimos por la Alameda de Hércules, cigarro en mano: ¿Y ahora qué, Eli?

miércoles, noviembre 25, 2009

Te doy mis ojos

Ignoro si es amor la razón o, mejor, el sentimiento que explica que una persona perdone a otra que ha intentado matarla. Ignoro las razones que dan derecho a matar a alguien, a nadie. Pero, eso sí, tengo la certeza de que quien muere, no vive más.
Desconozco las causas pero sé de algunas cifras estremecedoras: “Un total de 21 mujeres fallecieron durante el primer trimestre de 2006 a manos de su pareja o ex pareja”, es decir, a manos de alguien que, supuestamente, las quería. Primero les dieron los ojos; después el corazón y el alma; finalmente, la vida.
Esta semana también se ha conocido que la Audiencia Provincial de Jaén ha condenado a dos años de cárcel a un hombre que contrató a dos marroquíes para que asesinaran a su mujer porque creía que le era infiel. El encargo era “sencillo”: “pinchar” a la mujer, “quitarle el bolso y arrojarla a un contenedor de basura para simular un robo”. En 6.000 euros valoraba este hideputa la vida de su compañera. La víctima –porque es víctima aunque ella aún no lo sepa- ha solicitado el indulto porque su marido “se ha arrepentido mucho”. Es más, ella quiere seguir viviendo con él. Este no es un caso aislado. Es uno de muchos. Y van en aumento.
Ante tal complejidad de la naturaleza humana, ante la posibilidad de “querer”, de estar enganchado a algo o alguien que te quita la vida, que te mata, que te perjudica, a uno le atacan las dudas porque las certezas huyen ante la sinrazón de los sentimientos. ¿Se puede amar a quien, poco a poco, golpe a golpe, te mata? ¿Se puede temer a quien se ama?
Concibo el amor bajo la premisa de “llevar gentilmente al otro hacia lo que el otro es”. Al final de la partida, en los epitafios: sentencias como “la maté porque era mía” o “no puedo vivir ni contigo ni sin ti” –obviemos el catálogo previo de “voy a cambiar”, “yo te quiero”, “me daba motivos”…-. Por ello, no cabe más que pensar que esta barbarie del sentimiento, este te quiero pero no me quiero yo, esta hiperbólica anulación de la persona, responde a aquello que dice el abuelo de “dios los cría y ellos se juntan”. Y lo triste es que se juntan en un camino bajo el común denominador de la destrucción.




martes, noviembre 24, 2009

¿Está la Eta? Que se ponga

(Se abre el telón. Aparece un señor alto de ojos azules e inquietantes rasgos y movimientos; viste camisa roja abrochada hasta el cuello, pantalón negro y boina o chapela, que, al caso, es lo mismo. El señor alto está de pie y junto a él, una mesita camilla con un teléfono negro de esos antiguos que ya no se ven. El señor alto comienza a dar vueltas parsimoniosamente a la rueda de los números del aparato).
- Hola, buenos días. ¿Está la Eta? Que se ponga. Qué pasa, Patxi. Soy yo, José Luis. Oye, cómo está el tiempo por ahí por el País Vasco… digo por Euskadi, sí, sí, hombre, que siempre me confundo. No te enfades, hombre, que es la costumbre. Va mejorando, ah. Me alegro, hombre. Ya, ya sé que a ustedes cuatro gotas os da igual, que sois vascos y tenéis dos cojones. Cuadrados los tenéis, si yo lo sé. Era por preguntar, hombre. Que mira, Patxi, que quería yo decirte que me han dicho que dicen los franceses que les parece que han ‘perdío’ unas 350 pistolas, que era pa’ saber si sabes algo. Ah, que ha sido sin querer, ya. Sin querer evitarlo, dices, ¿no, mamón? Que las vais a devolver. Ya me quedo más tranquilo, hombre. Que están en Francia venga a llamar y llamar y yo “no saber mesié, no saber” y pa’ eso te llamaba mayormente. Pero, que me pregunto yo, Patxi, si las vais a devolver antes de usarlas o después. Que no sabes, que ya veréis. Qué cachondo que eres, Patxi, coño. Sonsoles siempre me dice que pareces andaluz. No, no, que es broma, que sois vascos, vascos, con RH negativo, sí, sí, sí. Bueno, Patxi, ya que te tengo al aparato aprovecho y te pregunto: ¿Cómo va el proceso de paz? Que ahí anda, ya. Si yo se lo digo a Mariano y sus amigos, que esto es lento, que acordarse cuando Josemari y el “movimiento de liberación vasco”… Si es lo que tiene, tanta prisa, tanta prisa. ¿Pero las pistolas son pa’ ná, entonces, no? Mira, Patxi, que no me gustaría tener que recurrir a las indirectas, eh. Que me conozco y empiezo a preguntar “¿alguien ha matado a alguien? ¿alguien es un asesino?” Y acabáis llorando, eh. No digas que no te aviso. Es que digo yo que si estamos “en paz”, que es un decir, pa’ qué quieres las pistolas, coño. La costumbre, claro. Si es lo que tiene. Si yo lo entiendo, pero a ver si te acostumbras a hacer croché o a levantar piedras, que trae más cuenta. Una última cosa, Patxi, por si Miguel Sebastián se lo piensa a última hora: ¿A ti no te interesará la Alcadía de Madrid, verdad?


jueves, noviembre 19, 2009

Milagros y sandeces

Ahora que el hormigón se ha apoderado hasta del alma y el ladrillo realiza opas hostiles al corazón, parece poco menos que un milagro que unos pajarracos puedan frenar la construcción de 1.600 viviendas y cuatro campos de golf en la Sierra de Guadarrama, en Ávila. Allí, la cigüeña negra y el águila imperial van a seguir anidando a sus anchas porque la Justicia las protege de los intereses de los magnates de la especulación. El Tribunal Superior de Castilla y León ha paralizado la obra por motivos ambientales, con dos cojones. Y el señor alcalde, Gerardo Pérez, va y dice que «el golf es bueno para el monte». «El golf es zona verde», asegura. Y las 1.600 viviendas si las pintamos de ese mismo color y le ponemos unas macetitas lo mismo cuelan como parque natural.
Ahora que vivimos en una sociedad laica o aconfesional parece un milagro que no aumente el número de españoles –once millones, según los estudios– que padecen trastornos mentales tras el anuncio del Papa de Roma de cerrar definitivamente las puertas del limbo. Desde ya, desde que ha dado la primicia, la persona que muera sin bautizar queda en manos «de la misericordia de Dios», sentencia el Vaticano. Habrá que ir buscándose al diablo de abogado. De momento, la Santa Sede no se ha pronunciado sobre si tener ácido bórico en casa –para el mal olor de pies, por ejemplo, o para hacer bombas, como dice El Mundo– es pecado, por lo que no serviría como cargo para ir al infierno, al limbo o donde se tercie.
Y, puestos a relacionar milagros y sandeces, uno se pregunta si habrá campos de golf en el limbo, si las cigüeñas negras creerán en dios, si Benedicto XVI usará ácido bórico, si el alcalde de Ávila estará bautizado y si algunas decisiones de los que dicen representarnos –el Papa de Roma o el alcalde de Ávila, por ejemplo– no estarán asesoradas por alguno de esos once millones de españoles que según los estudios padecemos trastornos mentales.

miércoles, noviembre 18, 2009

al calor del frío Ártico

Si no me quieres, huiré al Círculo Polar Ártico para olvidarte, que allí nunca es de noche. Y pasaré los días en vela, diecinueve mañanas eternas pero no quinientas noches enteras, como el maestro Sabina... Si no me quieres, me quedaré a vivir al calor del frío Ártico para no morir de frío a tu lado.


A veces, uno, que es pequeño, sueña con volar y despierta y cae, de golpe seco, con la cruda y triste realidad.
A veces, uno, que es pequeño, sueña que sueña y el propio sueño torna locura y al cabo del tiempo apenas sí se sabe qué soñar.
A veces, de cuando en cuando, uno, que es pequeño y tiene un pequeño corazón, sonríe y entonces, mientras los ojos brillan de felicidad, uno pequeño quisiera que todo acabara ya, ser grande, volar, que el sueño fuese realidad… que la sonrisa no tuviera por qué acabar.


martes, noviembre 17, 2009

cuando se siente el abismo tan cerca,
uno siente la tentación de caer en él,
************de poner fin a la espera,
de ser abismo.


lunes, noviembre 16, 2009

Adónde miran tus ojos cuando no miras a nadie? Dónde se dirige tu mirada mientras tu pupila está muerta, mientras tu corazón no late. Adónde los sueños, los líquidos intestinos de tu cuerpo, el aire? Adónde miran tus ojos cuando no miras a nadie?

geografía_ del_ cuerpo/ anatomía_ del_ alma

La asimetría de tus labios, el paraíso de tu cuerpo, tus pechos siempre recién nacidos, tu sendero de lunares que conduce al cielo; tus íntimos recovecos, la curva de tu axila, tus manos y su caricia, tus ojos que no dejan de brillar, los secretos de tu cuello; tus piernas que se estremecen y estremecen, tu corazón que palpita; la brisa de tus cabellos; tu alma de donde todo nace, tu sexo; tu cintura; el sabor salado y dulce de tu piel a un tiempo; y sonríes; tu ombligo; tu grito; tus oídos que escuchan hablando; el vello de punta; tu universo todo, escalera de caracol hacia lo más alto; tu alma, fueguito que alumbra; infinito susurro; y entonces, abrazo.

domingo, noviembre 15, 2009

Kingsley, vocación de «payaso»

Irradia la serenidad del que ha vivido mucho, al punto de que hay quien habla de misticismo, quizá porque meterse en el papel de Gandhi, hasta pasar a la historia del celuloide por esta interpretación, marca de por vida. Es un enorme actor, Kingsley. Lo dice, entre otros muchos, Isabel Coixet: «El mejor con quien he trabajado». Es un misterio, Ben, con su perfil etrusco en tercera persona. Ayer recogió en el Sevilla Festival de Cine Europeo el Giraldillo de Oro-Premio de Honor por su carrera y presentó «50 hombres muertos», su última cinta, que se estrena el viernes 13.

Aparte del galardón, en la maleta, una muñeca vestida de gitana, por muy «kitsch» que resulte, «a los niños les encanta». Sevilla y olé. El encuentro, de hecho, se produce en las entrañas de la urbe, donde se levanta el Eme Catedral Hotel. Frente al seis veces milenario monumento, sobre unas termas romanas llenas de historia y ante un hombre cargado de historias que resume todas en su «vocación de payaso y cuentacuentos», aunque ya «calce» 65 púas.

Hay quien siente «vértigo» ante la vista. Cuenta Kingsley que, ante las grandes personas que convierte en personajes, la única opción posible es «no mirar hacia arriba ni hacia abajo, como quien está ante una montaña. Hay que seguir escalando, mirando al frente». Instrucciones de un especialista en personajes de valores rígidos y situaciones extremas que ponen ante el precipicio de la duda cuanto uno es o cree ser.

«Amo contar historias, ser un cuentacuentos, un payaso, en el sentido shakesperiano de provocar y hacer pensar sobre uno mismo a quien tienes delante», dice, concibiendo la interpretación como «un viaje en el que a veces se huye y se escapa y a veces se descubren cosas propias».

Ha sido Gandhi, pero en su nuevo filme el conflicto del IRA está de fondo. Se pone solemne al hablar del pacifismo y las armas. «Llevamos millones de años buscando la respuesta. Las dos soluciones están al lado una de la otra. Como decía Camus: “Hay que ser heroicamente pesimistas”. Algún día sabremos cuál es la mejor opción... o no. El pacifismo es necesario, pero no siempre funciona», resume.

Con 40 años actuando a sus espaldas ha llegado a la conclusión de que no es "nada especial. Tengo los mismos problemas, los mismos fracasos, desafíos y triunfos que millones de hombres". Del personaje de Coixet en «Elegy» descubrió que «el hombre tiene una incapacidad, un miedo primario, para sentir, amar y entregarse» y el propio personaje «con la experiencia con Penélope (Cruz) descubre que está incompleto sin el compromiso».

«Para eso tenemos el drama, para entendernos de una forma que afirma la vida», asegura Kingsley, que explica que, aunque lleve desde las 9:00 horas con una agenda repleta de actos, «conversar le resulta una oportunidad útil para llegar al público, porque en el cine no hay contacto directo». El cuentacuentos/payaso se descubre de nuevo. Ahora hace cine, pero lo suyo, en realidad, es "puro teatro".



Calcetines

Hay ricos ‘pobrísimos’ y pobres dignísimos. Siempre hubo clases. Lo dicen las madres y lo repiten las abuelas: «Niño, no te pongas eso, no te vaya a pasar algo». Y al presidente del Banco Mundial, Paul Wolfowitz, le pasó en su visita a Turquía, vaya si le pasó. Lo atestiguan los dedos gordos de su pie derecho e izquierdo, que sobresalían entre los agujeros de un viejo calcetín roído. Es lo que tienen los dirigentes mundiales, que en cuanto muestran lo que llevan dentro sacan a relucir sus vergüenzas, sus devaneos, sus excesos, sus agujeros en los zapatos, su escondida pobreza. Los turcos se han adelantado y le han enviado al mandatario de nombre impronunciable una docena de calcetines, para que no le falten. Lástima que no haya suficiente lana en el mundo para tapar las vergüenzas de Occidente.
Un poco más acá, en Andalucía, los políticos se dedican a vender ilusión y juegan a que la ciudadanía cuelgue las calcetas junto a la chimenea, a ver qué dejan los reyes, a ver qué deja el nuevo Estatuto. La maquinaria electoral ha arrancado y ya no parará hasta las próximas elecciones generales, referéndum y municipales en medio. Ya hay quien investiga cómo gasta los calcetines Chaves, Arenas y compañía para comprobar si nos dirigen políticos con ejecutivos o con medias de algodón, con calcetas de dibujitos o con motivos serios. En cualquier caso –dedos al aire o no–, los políticos, con su retórica de calcetín roto, la mayoría de las veces a los curritos de cada día nos dejan los pies fríos.
Los tres hermanos de siete y 15 meses que murieron esta semana por inhalación de humo en un incendio en Teruel también llevaban calcetines. Calcetines viejos pero zurcidos, como sus vidas. Otros cuatro hermanos resultaron heridos. Los bebés fallecidos eran hijos de Silvia, una ecuatoriana de 31 años, y de su marido, un sevillano con quien emigró al norte hará un año. Los niños heridos llegaron del Ecuador para reunirse con sus hermanos. El pasado 31 de diciembre el nuevo papá sevillano falleció en un accidente de tráfico.
Ya lo dice Guillermo Fesser, «cuando dios aprieta, ahoga pero bien». El destino, el demiurgo o el azar –poco importa el nombre– a unos le regala unos calcetines rotos y a otros, directamente, les brinda retales de una vida hecha jirones.


sábado, noviembre 07, 2009

Crónica de una muerte anunciada

La valkirias, los ángeles de la muerte, se posan sobre nuestras ventanas y hasta nos guiñan un ojo, pícaras y putas, mientras tecleamos nuestro teclado sin poder fumar. Primero fueron las olivettis, ahora os toca a vosotros; parecen decir a nuestro luto de pena negra. El canto de los pájaros suena estos días al más triste réquiem de Mozart. Hoy ha cerrado La Opinión de Granada, muriendo de la mano de Francisco Ayala. Pero mañana será Onda Giralda, la delegación de El Mundo en Huelva o La Voz de Cádiz. Las campanas repican y el sepulturero prepara la fosa. Esto no ha hecho más que empezar. La Caja de Pandora, con sus truenos y sus plagas, ha sido abierta.

Compañeros, grandes profesionales, como Paloma Jara, a estas horas, como ella dice, seguirán con la niebla metida en los huesos. Mi comadre Carmen Rengel estará haciendo fuerte de su inmensa vocación –la más grande que jamás veré- para tirar pa’lante. Mi Inmita Carretero, desde la claridad de su “lado oscuro”, cuenta las lunas que vivió ese periódico -2.182- y le dará vueltas a las mismas preguntas: “¿Qué estará pasando a esta hora en esa redacción? ¿Cómo se escribe el último editorial? ¿Cómo se entrega la última página en cierre? ¿Serán noticia de su periódico estos trabajadores despedidos?". Las mismas preguntas de los instantes finales de La Opinión de Granada, un cerrojazo con unas horas de preaviso. Los terroristas dan más tiempo cuando llaman para avisar de que han puesto una bomba asesina.


Mi hermano en la trinchera, José Antonio Sola, tendrá pesadillas. Sube la escalera azul de la redacción de La Opinión –como hizo durante años- y no hay puerta por la que entrar. Sólo vacío. La pesadilla es que no es un sueño. La pesadilla es que es real.Ha cerrado un periódico y tiene menos repercusión que si cierra una panadería, me dice, me cuenta, respetando la gran importancia del pan y la harina en el engranaje democrático, en la consolidación de los valores que hacen del mundo un lugar un poco menos inhóspito que en la Edad Media. Cuando cierra una de estas importantísimas panaderías, ahí está un periodista para denunciarlo, para criticarlo, para que se sepa. Cierra un periódico y apenas se cuenta nada. Extraoficialmente, que la empresa tenía 22 millones de euros de beneficios, pero que esa “sucursal” daba pérdidas y estamos en crisis, oiga.

Todos estamos de acuerdo. “Será una sociedad más pobre, por poco que pueda llegar a enriquecerla en determinados momentos un periódico pequeño y herido por la falta de recursos”, explica Lacárreter. Con su diapasón sobrado de bondad, apuntaba a la sociedad, a la falta de interés por la crítica, la reflexión y las ideas. Jorge Javier Vázquez es premio Ondas y Belén Esteban una líder mediática.

A modo de macabra moraleja, Pedro Ingelmo –uno que dignificaría los premios Ondas- entrevista al único periodista español que ha ganado un Pulitzer. “Cada vez somos más los periodistas que pensamos que tenemos que reconquistar nuestro oficio porque los medios han perdido el norte”, explica Javier Bauluz. “Informar ha pasado a un segundo plano. Soy de los que pienso que la información es un servicio público, como la sanidad o la educación, y que no debe someterse a intereses ajenos". “Ahora hay más posibilidades que nunca de acceder a la información”, comenta Ingelmo. “No es cierto, de hecho creo que hay menos posibilidades que nunca. El 90% de los contenidos de los medios convencionales vienen de las mismas fuentes. Son las mismas historias y eso no explica lo que sucede en el mundo. Los medios no cuentan qué sucede”, responde Bauluz. El 90% de los contenidos, las mismas fuentes. Los medios no cuentan lo que sucede. El 90% de los contenidos, las mismas fuentes. Los medios no cuentan lo que sucede. Conviene repetirlo y memorizarlo, porque es parte del diagnóstico.

“En Internet está todo”, señala Pedro Ingelmo. “Internet es la gran biblioteca de Alejandría y el usuario muchas veces busca sin saber siquiera lo que está buscando, se pierde entre miles de estanterías. Y en la mayor parte de esas estanterías no hay información alguna y están elaboradas sin seguir criterio periodístico alguno”, asegura Javier Bauluz. “Hay quien piensa que estamos en una edad de oro de la información”, dice sin creérselo Ingelmo. “Yo sé que la crisis está expulsando a la calle a algunos de los periodistas de mayor calidad de este país. Fíjese lo que ha pasado en TVE. Podría poner muchos más ejemplos”, responde Bauluz. “¿Y cómo son los que se quedan?”. “Pues no lo puedo saber porque la mayoría de los periodistas están secuestrados en las redacciones. Estoy convencido de que el concepto que tiene la sociedad que demanda información es que los periodistas son esclavos al servicio de intereses que no pueden controlar”. Ahí lo llevas, ración y media de verdades del barquero. Marchando, que es gerundio. Como muriendo.

Decía Concepción Arenal, ya en el siglo XIX, que “el que generaliza, absuelve”. Todos tenemos culpa, pero no la misma culpa. Todos, pero a mí no me comparen con las grandes industrias ni con los jefes ni con los cómplices que callan y no denuncian. Muchos, siguiendo con los muertos, estamos como López Vázquez en La Cabina, gritando presos sin que nadie quiera o pueda escuchar. Decir que la sociedad es responsable de esta defunción es decir que nadie es responsable. Y los hay, y suelen ir de chaqueta y corbata y esos no están en paro.

¿Y por qué? ¿Cuál es el móvil de este asesinato con premeditación y alevosía? ¿Por qué prolifera el “canutazo” y se intentan imponer comparecencias sin preguntas? ¿Por qué no hay profesionales dedicados a investigar la corrupción de los altos y los bajos cargos? ¿Por qué no se dice e investiga que se ha pagado como mínimo 210.000 euros a Bill Clinton para que venga a Sevilla a decir que las energías renovables son una cosa mu’ bonita? ¿Para eso hay dinero y para montar empresas o prestar dinero a los autónomos no? ¿Por qué no se explica que se levantan aceras y se vuelven a levantar con fondos del Plan 8.000 -8.000 millones de euros- en un ejercicio hipócrita por parte del que da y el que recibe de “dame pan y no me llames parado”? ¿Por qué no se cuenta, por ejemplo, que Cajasol pide fondos de la ayuda estatal que pagamos todos a las entidades financieras, porque sus números no cuadran? ¿Por qué, entonces, por seguir con el mismo ejemplo, no se dice que esos fondos van a parar a un rascacielos absurdo sin ningún fin social, que es la base y el fin primero y último de las cajas de ahorro? Porque el banco es el poder y su hermano siamés es el poder político, y ahí está Rodrigo Rato al frente de CajaMadrid. Porque la soga que nos ahoga es la correa con que tienen amarrado al perro del periodismo, en otros tiempos dóberman, ahora chiguagua. Porque el periodismo de agenda conviene al que paga, que, en la mayoría de ocasiones, suele ser el que roba.

Dice Pedro J. Calvorota que “en unos años habrá un nuevo periodismo”, como el que anuncia la llegada del mesías. Cebrián hablaba hace unos meses de una gran convergencia en poco tiempo y no daba más de tres o cinco años a los actuales periódicos de papel.

El nuevo periodismo, según parece, es un periodismo sin periodistas ni denuncias, con ineptos en las jefaturas de redacción que lo mismo te preguntan en qué juzgado hay un juicio para mandar al fotógrafo –mire usté, da igual en el que sea, porque el fotero no puede pasar de la entrada- o que te piden el sumario del caso Marta del Castillo como si lo vendiesen por tomos en el estanco del Prado. El nuevo periodismo es un periodismo con redacciones de cuatro, cinco o seis personas, que no piensen por sí mismos, preferiblemente. En el nuevo periodismo, por el mismo salario, o menos, el periodista escribe la noticia, hace la foto, la mete en la web, maqueta, pone el café y, si se tercia, toca las palmas y canta fandangos. El nuevo periodismo regala vajillas y películas baratitas con el diario. El nuevo periodismo, un día de estos, abrirá en portada con el horóscopo, firmado por el brujo que lesionó a Cristiano Ronaldo. El resultado es que el periódico cada día se parece más al Hola! y que el verdadero lector lo lee como si estuviera escrito en nushu, el lenguaje secreto de las mujeres chinas.

Dicen que, una vez, un japonés logró hibernar. Quizás esta muerte sea sólo hibernación, sueño para regresar con sol. La triste realidad es que, aunque ésa sea la opción menos mala, cuando más falta hacemos es cuando llueve y hace frío. El nuevo periodismo es el fin del invento. Y, mientras pasa, nosotros, los periodistas estamos tecleando el teclado, con el réquiem funerario de Mozart de fondo, y mirando cómo nos guiña el ojo una valkiria, puta y pícara, que se posa en la ventana.

jueves, noviembre 05, 2009

ojos que no miran;
latir que no palpita;
oídos que no escuchan
miradas que no se reconocen
****en la luz
miradas que no se reconocen
****en la sombra
**************ojos que no miran
oídos que no escuchan
****latir que no palpita
final que no comienza
*****************(aún)*

Crónicas de la Liga: lágrimas y aplausos en la Catedral

Era enero y era invierno. El Betis llegaba a San Mamés, la Catedral del fútbol español, con Clemente en el banquillo; Ureña y Ayala como pareja de centrales; Merino y Otero en los laterales, aunque con el primero pendiente de Julen Guerrero, que todavía jugaba como Peter Pan en Nuncajamás; Fernando, Ito, Filipescu y Benjamín Zarandona tejiendo una maraña en el eje central; y las botas blancas de Alfonso más Oli en el ataque. Ese día de invierno, el jugador más caro del mundo, Denilson de Oliveira, se quedó en el banquillo. Igual que Toni Prats, portero titular indiscutible. Sin discusión, el mallorquín se sentó en el banco, con su rictus serio de kurós. Era el día y la oportunidad de Valerio, eterno suplente, calvo y gordito, y, quizás, de amarillo. Era el día de Valerio, pero era invierno. La Catedral es sabia y sabía que Valerio había jugado poco o nada y, probablemente, iba a seguir jugando poco, nada o menos. Aquel día de invierno sacó varios balones imposibles bajo los palos, en alguno de ellos, jugándose el tipo contra los palos. Reflejos imposibles de quien sale a porta gayola a por la gloria o la nada. Valerio jugó 26 minutos. En una de las paradas, aquel portero calvo y gordito y, quizás, de amarillo se rompió. Y rompió a llorar. Aquella lesión fue en el alma. En ocasiones, la vida deviene tren inalcanzable y, aunque tengamos el billete, las maletas preparadas, y el reloj en hora, el ferrocarril pasa de largo y te deja llorando. El futuro es un tren sin retorno. Mientras Valerio lloraba de rabia e impotencia acumulada, de puro fracaso, de pura derrota, San Mamés, con sus 40.000 almas centenarias de fútbol y vida, con sus colores, sus ideologías, sus boinas, sus bufandas, sus ikurriñas, y su frío de invierno del norte que cala los huesos, se puso en pie y empezó a aplaudir como si fuera un único cuerpo. Los vellos se pusieron de punta al más recio de los vascos y de los andaluces; y no era el frío. Más de 40.000 almas sosteniendo la derrota del rival en la batalla. En pie. Aplaudiendo. Con la única música presente del silencio. Valerio salió llorando, como el niño que pierde un sueño. Para recordar el resultado final (0-0) o algo más, hay que acudir a las hemerotecas. Las pequeñas cosas grandes permanecen y no se olvidan. Por eso, San Mamés es la Catedral. Porque en la derrota de un derrotado, porque cuando la vida o ese cúmulo de alternativas casuísticas al que llaman destino te escupe a la cara, las gentes nobles del pueblo vasco aplauden y se ponen en pie, con la conciencia íntima de que "la victoria de los derrotados es la más bella" y que en esta ocasión, en aquella ocasión de frío invierno, una vez más, no pudo ser.

miércoles, noviembre 04, 2009

El Monstruo de las Galletas

Espinete en paro, Caponata jubilada y el Conde Draco con caries y en horas bajas en Barrio Sésamo. Sólo los curris –esos muñecotes que no paraban de trabajar en la construcción en la “barriada vecina” de los Fraggel- hacen su agosto de la mano de tanta especulación inmobiliaria. El monstruo de las galletas, con su pelaje azul y sus desordenados ojos, ha tenido que hacer de tripas corazón -nunca mejor dicho- y pasarse a las zanahorias, la remolacha y la lechuga para poder seguir trabajando. “Tenemos miles como tú esperando una oportunidad”, le dijeron. El Monstruo de las Galletas –con su carrera y sus oposiciones terminadas- trabaja ahora como Monstruo de las Verduras, en virtud del poder de lo políticamente correcto y de la puta hipoteca a 40 años y un día, como las condenas pero sin revisiones por huelga de hambre.”El pago anual de la hipoteca sube 700 euros en tres meses·, dice la prensa. A comer verduras, así te salga urticaria.
La juventud de la clase media española del siglo XXI –la más preparada y desencantada de la historia- lejos de costearse viajes a la luna o al centro de la tierra, como en las novelas de Julio Verne, se aferra, por un lado, al “ora et labora” monástico y, por otro, al una hora y otra hora y me deben varios días extras de las empresas modernas, las que aplican los métodos abusivos de toda la vida. Por poner un ejemplo, el salario del 40% de los sevillanos no sobrepasa los 1.000 euros al mes. Esta situación se intensifica entre las mujeres (55,6 por ciento), las personas con estudios primarios o inferiores (46 por ciento), los extranjeros (63,6 por ciento) y, principalmente, los menores de 25 años (74 por ciento). El mercado laboral obliga a trabajar de bandolero, de mercenario, de filibustero… Los hijos del santo matrimonio Arnolfini, prostituidos. Toda la vida preparándote para comer con tenedor y, a la hora de la verdad, lo importante es saber comer con las manos y guardar el cubierto como arma de defensa. Competente, no gracias. Competitivo. Compañero, no gracias. Productivo. Estos son los parámetros de los tiempos modernos, en sepia ya de tanto repetidos.
Esta semana, guardaba cola en uno de esos templos del consumo a los que acudimos en busca de felicidad rebajada, pan, patatas y espuma para el pelo. En el carro de delante: baguettes, tinte y jamón cocido. La mujer calzaba unos zapatos plateados, como de bailarina, con un pequeño lazo. Comparé nuestros carros y pensé: ¿Qué tendremos en común? A un lado del carro, había un par de botas de montaña. “Para pisar fuerte”, bromeó ella. Eso tenemos en común, me dije. Eso, y los apenas mil euros que ganamos. Yo compré galletas.


La religión del balón

Faltan siete meses para el Mundial. Entonces, el mundo todo cierra por fútbol, el mundo todo grita gol. En la Amazonía, en el desierto del Sáhara, en el país de sol naciente, en las playas vírgenes de Bolonia junto a las ruinas de Baello Claudia, en las Islas Feroe, en Cuba, en Alemania, en Sudáfrica, en todos los rincones del planeta.
El fútbol, que viene a ser a la vida moderna lo que el espíritu santo al cristianismo, se apodera más que nunca de los tiempos y los espacios y todo lo llena y lo acapara. Generalmente, es lo que más nos importa, al común de los mortales. Ese mes, el fútbol es lo único que importa. Redunda Fernando León de Aranoa en “Los lunes al sol” en una idea clave y que, de golpe, cambia toda perspectiva humana. La cuestión no es si el hombre cree o deja de creer en dios. La cuestión es si realmente dios cree en el hombre, porque “si dios no cree en el hombre, entonces estamos jodidos”.
El fútbol se parece a dios en la fe que le profesan millones de creyentes y en la poca confianza que le tienen intelectuales tanto de izquierda como de derecha. Unos hablan de opio del pueblo y de “pan y circo”; otros de superstición e idolatría. También de mercantilismo y simple negocio. Hay, incluso, quien compara este juego con guerras y batallas. Otros con la belleza y el arte. Para unos, los futbolistas son héroes mitológicos; para otros, simples mercenarios. De una u otra forma, al final, la mayoría de ellos acaba como juguetes rotos sin saber qué hacer ni dónde ir una vez acaba el juego.
El fútbol, como las religiones, tiene sus propios ritos. Los partidos se convierten en comuniones humanas. Las personas –siempre solas- se unen por una causa común y hasta los desconocidos se abrazan y se odian o quieren durante 90 minutos, que odiar y amar son el mismo sentimiento a través del espejo. A veces, se da prórroga a la pasión. Y los futbolistas, al saltar al terreno de juego, se santiguan, se abrazan, se encomiendan a la suerte o al destino, que, como en la vida, el fútbol tiene mucho de azar.
De todo hay, pero quien ha jugado entiende que aún hay más, que el fútbol es una incesante metáfora de la vida y que se sabe cómo es una persona por cómo siente, por cómo besa, por cómo folla, por cómo mira y por cómo juega. Quienes creen en el balón y que la tierra es redonda porque se parece a una pelota, ellos- nosotros- saben –sabemos- que todo, a fin de cuentas, se reduce a la verdad última del juego. Y esa verdad es que, en el fútbol, el éxtasis unido al orgasmo se llama y se grita gol.




lunes, noviembre 02, 2009

quimera hacia la que
****************camino
y doy un paso
pero tú, quimera,
das un paso más.
quimera que eres
***************mi guía
mi luz en la noche
y también mi agonía.
quimera hacia la que
****************camino
Y que me huye
que a cada paso que doy
se me va
********porque tú, quimera,
aunque yo dé un paso
siempre tú das un paso más.


***Aunque tú no lo sepas
**********sigo echándote de menos.
***Yo también me he inventado tu nombre... y el mío ...
y el del mundo. Porque no sé morirme,

*********************como tampoco sé llorar.
*****Aunque tú no lo sepas. Aunque ni me recuerdes,
*****ni veas, ni escuches, ni sueñes, ni sientas...
*************Aunque sepa que el sentido del mundo
es el sinsentido, aunque tantas cosas.
Todos los momentos murieron conmigo.

Aunque tú no lo sepas.
Aunque yo muera.
*****************Sólo soy entropía y caos.
*************************Fracaso y sinsentido
***************y una lágrima que
**************-aunque nadie lo sepa-
**********************************no lloro.


aunque tú no lo sepas, de Quique González

Aunque tú no lo sepas
me he inventado tu nombre
me drogué con promesas
y he dormido en los coches.
Aunque tú no lo entiendas
nunca escribo el remite en el sobre
por no dejar mis huellas.
Aunque tú no lo sepas
me he acostado a tu espalda
y mi cama se queja
fría cuando te marchas.
He blindado mi puerta
y al llegar la mañana
no me di ni cuenta
de que ya nunca estabas.
Aunque tú no lo sepas
nos decíamos tanto
con las manos tan llenas
cada día más flacos.
Inventamos mareas,
tripulábamos barcos,
encendía con besos
el mar de tus labios.
Y toda tu escalera.

aunque tú no lo sepas, de Luis García Montero

Aunque tú no lo sepas:
Como la luz de un sueño,
que no raya en el mundo pero existe,
así he vivido yo,
iluminando
esa parte de ti que no conoces,
la vida que has llevado junto a mis pensamientos.
Y aunque no lo sepas, yo te he visto
cruzar la puerta sin decir que no,
pedirme un cenicero, curiosear libros,
responder al deseo de mis labios
con tus labios de whisky,
seguir mis pasos hasta el dormitorio.
También hemos hablado
en la cama, sin prisa, muchas tardes,
esta cama de amor que no conoces,
la misma que se queda
fría cuando te marchas.
Aunque tú no lo sepas, te inventaba conmigo,
hicimos mil proyectos, paseamos
por todas las ciudades que te gustan,
recordamos canciones, elegimos renuncias,
aprendiendo los dos a convivir
entre la realidad y el pensamiento.
Espiada a la sombra de tu horario
o en la noche de un bar por sorpresa.
Así he vivido yo,
como la luz del sueño
que no recuerdas cuando te despiertas.


domingo, noviembre 01, 2009



A esa hora en que te morías, yo me iba a dormir, a soñar. Como tú hacías, Carlos Cano, como tú hacías. Y es que me enseñaste tantas cosas... me enseñaste a ser andaluz, un andaluz de donde pisa; me reflejé en ti porque parecías, y pareces, un ángel de oriente, Carlos, un ángel que cantaba, que me enseñó a cantar copla, a ser andaluz, a llamar pan al pan... Tú te vas y nos dejas una voz y un recuerdo. Aquí se queda la portuguesa María, se quedan las sevillanas de chamberí, se quedan los negritos de Cádiz y La Habana, bamboleándose queda la goleta. Nos quedan tantas cosas tuyas… Y sin embargo ya no estás, Carlos. Ya te has ido. Ya eres sueño; a la maldita hora en que yo moría, tú te ibas. Te has muerto, Carlos Cano, y todos los que nos sentíamos como tú hemos muerto contigo.
Y quién va a cantar a los currelantes ahora, Carlos? ¿Quién? Quién va a llorarle a la bandera, verde y blanca, de Andalucía. Quién va a gritar Andalucía?! Contigo también se va un poco Lorca, porque tú eres nuestro Lorca. Y como él, como tú decías, sigues vivo! Como él, que cada día escribe mejor, Carlos, tú, cada día, cada día vas a cantar mejor!


Ay, Carlos, te oigo
y una lágrima.
Ay, Carlos, cantando
tú y la guitarra
verde y blanca, dices
verde, verde…
**********y blanca.
Ay, Carlos
dónde te buscamos,
dónde Carlos?




Iba a romper a llorar,
***********Carlos,
ya caía una lágrima
y de pronto sonreí.
Porque te recordé
*********siempre luchando
*********siempre cantando
*********siempre feliz
-siempre queriendo vivir-.
Por eso no puedo llorar
y tengo que sonreír Carlos,
porque si entre lágrimas
puede nacer mi sonrisa,
de la nada, también,
puede renacer la vida.


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