Si vienes, ven desnuda de equipaje,
trae tus lunares y tu cuerpo.
Si vienes, no digas nada,
sólo abrázame como si te estallara
una supernova dentro.
Si vienes… llévate la noche.
Sucede que la cosa política viene a ser algo así como los hermanos Calatrava. Por un lado, tenemos al feo y, por otro, tenemos al más feo todavía, esto es, al horroroso. Ocurre que, al lado del segundo –el que se da un aire a «Morritos» Jagger–, el primero puede pasar, con dos copitas de más y en un día bueno, por guapo. Y resulta que no, que es mentira; como la política; como el arte de engañar sin que se note; de prevaricar sin que se vea; de malversar en álgebra, que «comisión» rima con «campeón» y con «ladrón», por mis cojones que rima con «ladrón». «Dame un terrenito aquí, toma un dinerito allá y aquí paz y después gloria, Urbanización La Gloria», dijo el constructor al concejal. 

Que se lo digan a la madre a la que se le muere un hijo. Que se lo digan a la hermana a quien se le muere un hermano. Que se lo digan, si quieren, a la santísima Macarena y al Cristo de las Tres Caídas o al de los gitanos. Que lo digan en verso o en prosa. Que lo digan cantando. Con un coro de eunucos detrás. Con ropa interior de encaje bajo la sotana, o a lo comando. Que lo digan mirándome a los ojos. Que lo defiendan en sus pregones de Semana Santa, con nazarenos y nardos. Que lo repitan y sigan blasfemando desde su púlpito de piedra y mármol.
Tiene ojos de gata y, a veces, se pinta bigotes de Dalí. La conocí en mayo, junio, julio o agosto. No lo recuerdo. Recuerdo que era en la Alameda. Y que llegué tarde y ella se fue a por unos zapatos que, aunque un número menor, se llevó puestos. Paco Cifuentes me esperaba, cigarro en mano, en la barra de algún bar con un té, o algo parecido. Ella también llegó tarde. En un mundo donde al dios le llaman foco, ella porta encuadres de Polaroid y domina la alquimia de convertir al hombre antiadherente y esquivo en un hombre autoadhesivo y cercano. Y el arte de crear localizaciones imposibles sacadas de la chistera. Es una enorme artista, Petit Ruiseñor (sí, en parte por Joselito, “el niño pegado a una cabeza gigante”); con sus reminiscencias parisinas, su aire a Èdith Piaf y su universo trufado entre su niña Lía –que en realidad es ella misma-, La Naranja Mecánica, The Rocky Horror Picture Show, Jodorowsky, Peter Sellers, Silvio Fernández Melgarejo, el rockero, Pingu, Federico Fellini, Igor –cojones-, la bruja Avería, David Bowie, Madamme Tourbelle, Rayuela y un gato negro. Como los acróbatas del Circo del Sol que dibujan en el aire maniobras y formas imposibles, ella fotografía desnudos y retratos bajo el tamiz de unas medias de encajes. Sus ojos –la parte más evidente del cerebro- saben que la belleza es cruel. Y ella retrata la cruel belleza bajo la pátina de un tiempo eterno, un pasado que no ha llegado, un futuro que quedó atrás. El retrato de Dorian Gray. La cámara sacada del averno. Entrevista en el purgatorio o Kitchen art en la frontera entre la realidad y el deseo. Gasta formas rizadas color invierno y convierte a quien atrapa en un personaje sacado de La Melancólica Muerte de Chico Ostra de Burtom. Sí, es una enorme artista Petit Ruiseñor. Un misterio, Eli Ramos, con esquirlas de cielo, purgatorio e infierno tras sus pupilas. Pero de infierno amable. Cazadora de sueños. En una vida pasada o en una vida por venir fue o será gato. Gato negro. En ésta es fotógrafa. Pero, en realidad, no hace fotos; captura almas. En realidad, es mil y un seres y estares más. Esta semana me enseñó su último vídeo, para el grupo Bardo Amour. Le dije que a quien no le guste, es que no está vivo. Ante ella, la única pregunta posible es, a lo barroco: ¿Cuál será la siguiente vuelta de tuerca al absurdo compás metódico del mundo? O, mejor, como decimos por la Alameda de Hércules, cigarro en mano: ¿Y ahora qué, Eli?
Si no me quieres, huiré al Círculo Polar Ártico para olvidarte, que allí nunca es de noche. Y pasaré los días en vela, diecinueve mañanas eternas pero no quinientas noches enteras, como el maestro Sabina... Si no me quieres, me quedaré a vivir al calor del frío Ártico para no morir de frío a tu lado.
Irradia la serenidad del que ha vivido mucho, al punto de que hay quien habla de misticismo, quizá porque meterse en el papel de Gandhi, hasta pasar a la historia del celuloide por esta interpretación, marca de por vida. Es un enorme actor, Kingsley. Lo dice, entre otros muchos, Isabel Coixet: «El mejor con quien he trabajado». Es un misterio, Ben, con su perfil etrusco en tercera persona. Ayer recogió en el Sevilla Festival de Cine Europeo el Giraldillo de Oro-Premio de Honor por su carrera y presentó «50 hombres muertos», su última cinta, que se estrena el viernes 13.
Hay ricos ‘pobrísimos’ y pobres dignísimos. Siempre hubo clases. Lo dicen las madres y lo repiten las abuelas: «Niño, no te pongas eso, no te vaya a pasar algo». Y al presidente del Banco Mundial, Paul Wolfowitz, le pasó en su visita a Turquía, vaya si le pasó. Lo atestiguan los dedos gordos de su pie derecho e izquierdo, que sobresalían entre los agujeros de un viejo calcetín roído. Es lo que tienen los dirigentes mundiales, que en cuanto muestran lo que llevan dentro sacan a relucir sus vergüenzas, sus devaneos, sus excesos, sus agujeros en los zapatos, su escondida pobreza. Los turcos se han adelantado y le han enviado al mandatario de nombre impronunciable una docena de calcetines, para que no le falten. Lástima que no haya suficiente lana en el mundo para tapar las vergüenzas de Occidente.
Espinete en paro, Caponata jubilada y el Conde Draco con caries y en horas bajas en Barrio Sésamo. Sólo los curris –esos muñecotes que no paraban de trabajar en la construcción en la “barriada vecina” de los Fraggel- hacen su agosto de la mano de tanta especulación inmobiliaria. El monstruo de las galletas, con su pelaje azul y sus desordenados ojos, ha tenido que hacer de tripas corazón -nunca mejor dicho- y pasarse a las zanahorias, la remolacha y la lechuga para poder seguir trabajando. “Tenemos miles como tú esperando una oportunidad”, le dijeron. El Monstruo de las Galletas –con su carrera y sus oposiciones terminadas- trabaja ahora como Monstruo de las Verduras, en virtud del poder de lo políticamente correcto y de la puta hipoteca a 40 años y un día, como las condenas pero sin revisiones por huelga de hambre.”El pago anual de la hipoteca sube 700 euros en tres meses·, dice la prensa. A comer verduras, así te salga urticaria.
Faltan siete meses para el Mundial. Entonces, el mundo todo cierra por fútbol, el mundo todo grita gol. En la Amazonía, en el desierto del Sáhara, en el país de sol naciente, en las playas vírgenes de Bolonia junto a las ruinas de Baello Claudia, en las Islas Feroe, en Cuba, en Alemania, en Sudáfrica, en todos los rincones del planeta.