Malditos/ Benditos

miércoles, abril 27, 2011

Malditos sean los Eres que apuñalan a la libertad y a la prensa, el silencio de los medios, la ausencia de nobleza. Malditos los gestores que arruinan a El Correo, los directores y subdirectores súbditos, que no se mojan en la batalla, ni se bajan un euro el sueldo. Malditos los capitanes de barco, que cuando entra agua en la nave, huyen sin mirar atrás los primeros. Malditos los que agachan la cabeza, los que hacen las páginas desde casa y los que no hacen huelga. Malditos los que no aportan nada y cobran todo, las falsas estrellas. Malditos los que no aplauden a las seis; los que callan y otorgan, los que matan los sueños y arrebatan el pan nuestro de cada día a los curritos que escriben las crónicas, la cartelera y las esquelas. Malditos los recortes, la extorsión y la excusa de la puta crisis; los chatarreros que compran periódicos sin tener ni puta idea, para meter tuberías por Doñana, para pagar futuros favores que no llegan a políticos que son la mafia. Malditos los que vendieron y malditos los que compraron. Malditos los que no se ponen en pie y no se quitan el sombrero ante el ejemplo de una plantilla unida hasta el final de los días. Malditos todos ellos y, más que nadie, malditos los que no quieren que se escriba la última noticia.*

Bendita sea mi comadre Rengel, el Acedo, el Cabello... las trece rosas arrancadas de El Correo. Bendito sea Canal Sur, Sevilla Actualidad y Radio Nacional, que nos cuentan los conflictos laborales en los medios. Bendito el apoyo de los pueblos, de Ismael Serrano... Lazos de papel en los plenos del Ayuntamiento. Benditos los aplausos a la seis a las puertas de la redacción, en Lisboa, en la boda de Inma Izquierdo. Bendito el apoyo de los compañeros. Bendito sea Espartaco y bendito Braveheart, porque como grita William Wallace, la plantilla de El Correo es El Correo y nos podrán quitar el empleo y recortar los sueldos, pero jamás nos quitarán la dignidad, la libertad y, mucho menos, los sueños.*


4 botellas de náufrago:

Herblay dijo...

Hermano, no sé ya cómo decirte que te quiero, que no puedo pagarte tanto abrigo en estos días, que gracias a gente como tú he constatado la altura del oficio y del hombre. Sabes que, desde la distancia, te seguiré admirando cada día. Porque eres grande, enorme, y a los buenos siempre les llega la hora. Ahí estaremos cerca para verlo. Gracias gracias gracias...

Anónimo dijo...

"Se los despide de la empresa, y paralelamnte, se exige a los otros, a los que sí son aptos para el combate, un rendimiento cada vez mayor en materia de productividad, disponibilidad, disciplina y entrega de sí. No sobreviviremos -nos dicen- si no nos superamos y no logramos ser aún más eficientes que nuestros competidores. Esta guerra se practica sin recursos armados, pero implica necesariamente sacrificios personales que se aceptan de forma individual y sacrificios colectivos decididos desde las altas esferas, en nombre de la razón económica".
Christophe Dejours. "Trabajo y sufrimiento. Cuando la injusticia se hace banal". Editorial Modus Laborandi.
La referencia a este libro estuvo colgada durante mucho tiempo en el tablón de anuncios del comité de empresa del Diario de Sevilla en días aciagos. Alguna mano, aviesa, ruin y torpe debió quitarla, no fuera que los trabajadores a tomar nota de tan "peligroso" libro. Pero, ya ves, no tuvo éxito.
Salud a los compañeros de El Correo. Y recordad: la chatarra es escoria vieja y sucia, puro material de desecho. Vosotros sois jóvenes, aun los más veteranos lo sois. Eso no tiene nada que ver con la edad. Os lo dice un pureta al filo de los cincuenta. Ánimo.

Miguel dijo...

qué ganas de echar un copazo con vos, compañero. Un abrazo.*

Miguel dijo...

un año después, la sangría continúa.*